Pureza y persecución



1 Pedro 4.1-5


1 Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado,

2 para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios.

3 Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías.

4 A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan;

5 pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos.


¿Cuál es la relación  entre el sufrimiento y la pureza para el cristiano? Estos no son términos que solemos considerar juntos, pero el apóstol Pedro dice que aquellos que sufren físicamente dejan de pecar y ya no viven para las pasiones humanas. En cambio, viven para hacer la voluntad de Dios. Eso no quiere decir que alcanzaremos la  perfección, sino que el poder del pecado en nuestras vidas será roto.


De acuerdo con el pasaje de hoy, estamos involucrados en una batalla, y Pedro dice que debemos armarnos con la misma actitud que Cristo tuvo en su sufrimiento. Así como se sometió a la voluntad del Padre y fue a la cruz, también nosotros debemos aceptar que el sufrimiento forma parte de la voluntad de Dios para nuestra vida. Es una de las maneras que tiene para purificar y romper cualquier apego a nuestros deseos pecaminosos.


Como creyentes, somos llamados a vivir de manera diferente a la del mundo que nos rodea. Esto no significa que debamos ser antagónicos, pero nuestro estilo de vida debe ser un ejemplo de pureza. Los demás pueden encontrar esto ofensivo porque deja ver su pecado, y entonces pueden responder difamándonos para tratar de sentirse mejores.


Aunque queremos que el mundo sea atraído a Cristo por medio de nuestra vida transformada, podemos hacer que otros se sientan incómodos o aun se vuelvan antagónicos. Esta es la razón por la cual tantos cristianos en todo el mundo están siendo perseguidos e incluso asesinados por su fe. Pero cada vez que la Iglesia ha enfrentado persecución, también ha sido purificada y fortalecida. Dios nunca tiene la intención de que el sufrimiento nos derrote. Más bien, su propósito es que nos haga testigos santos y efectivos para Cristo.

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© 2018 por JOSUÉ SÁNCHEZ CONESA

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