Lo mejor está por venir | DISCÍPULOS



LO MEJOR ESTÁ POR VENIR

El año pasado estrenaron una película francesa que se titulaba “Lo mejor está por venir”. Se nos cuenta la historia de Arthur y César, dos amigos de la infancia que se habían separado por varios años, pero a causa de la mala administración de César, por su vida de excesos, decide visitar a Arthur quien, a diferencia de César, tiene una vida muy ordenada y hasta monótona. Por una confusión, Arthur recibe la noticia de la salud de su amigo, en la que le notifican que solo le quedan tres meses de vida. Él trata de darle la noticia a su amigo César, pero, debido a su mala comunicación, surge un malentendido y le hace creer que el enfermo es él mismo. Así, César, creyendo que es Arthur el que se muere, decide sacar a Arthur de su zona de confort y decide aprovechar los últimos meses que cree le quedan para que viva y conozca todo lo que se ha perdido en su vida. De esta manera comienza un viaje en el que ellos descubrirán el valor de la amistad, del perdón y a atesorar cada minuto de la vida.

El argumento de esta película me recordó algunas de las cosas que marcan el paso del ser humano por esta tierra. En primer lugar, me recordó que los seres humanos vivimos cada día como si tuviéramos la certeza de que llegaremos a ser ancianos o incluso vivimos de manera que nunca vamos a morir. César creyendo que a su amigo Arthur le quedaban sólo tres meses de vida, según los médicos, intenta hacer que esos tres meses que le quedan a su amigo, sean los mejores de su vida, y yo pregunto: ¿y quién le garantiza a César que él fuera a vivir esos tres meses?...

El ser humano no es consciente de su fragilidad, no es consciente de que en cualquier momento puede dejar de respirar, de que no está en sus manos el que un día llegue a ser anciano.

De repente, te diagnostican una enfermedad terminal, o sufres un accidente de tráfico, o hay un terremoto o desastre natural en tu ciudad que arrasa con todo, o un virus invisible acaba con tu vida, como el coronavirus… o un día te resbalas en la ducha y te golpeas en la cabeza y ahí te quedas… o un día simplemente tu corazón decide dejar de latir.

Dice la Escritura en Job 12:9-10: Pues todos ellos saben que mi desgracia ha venido de la mano del Señor, ya que la vida de todo ser viviente está en sus manos, así como el aliento de todo ser humano…. El ser humano no es consciente y aún nosotros, sus hijos, sus discípulos, nos olvidamos que es Dios el que tiene el control de nuestros días, que es él el que ha determinado el número de nuestros días y que un día, cuando menos lo pensemos, nos llegará la muerte, y vendrá por cualquier causa que te puedas imaginar, como las que acabo de mencionar, cualquiera de ellas será el instrumento que Dios permita para poner fin a tus días aquí en la Tierra. No en vano Jesús mismo dijo en Lucas 12:25 ¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida? (LBLA)

Una segunda cosa que me hizo pensar el argumento de esta película es ¿cómo viviríamos si nos dieran la noticia de que nos quedan apenas tres meses de vida?... Una persona que no conoce a Dios seguramente haría como estos dos amigos, es decir, vivir la vida intensamente disfrutando quizá de cosas que nunca hicieron, ¿por qué? Porque el ser humano piensa que esto es todo lo que hay… Pero, tú y yo, hijos de Dios, discípulos de Jesús, ¿qué haríamos?

Yo creo que nos pondríamos a cuentas con el Señor, que santificaríamos nuestras vidas, que dejaríamos de hacer muchas cosas que sabemos que no le agradan al Señor, y posiblemente haríamos todo aquello que sabemos que sí le agrada y que es su voluntad, y cumpliríamos con todas las responsabilidades que sabemos que Dios demanda de sus hijos, como el predicar el evangelio a los perdidos, por mencionar la tarea más importante que tenemos como discípulos…. Al fin y al cabo, ¿no es eso lo que estamos haciendo ahora?... Esta pandemia que estamos viviendo, nos está trayendo la sensación de que nos queda poco tiempo en esta tierra…es como si el médico nos dijera, Juan, Pepe, Paco, María, te quedan tres meses de vida. Hay temor a ser contagiado, y también está la sensación de que estamos prontos a vivir el fin de los tiempos, la venida del Señor, el arrebatamiento, la manifestación del anticristo… todos los cristianos andan viendo ahora videos apocalípticos por YouTube… Como se dice coloquialmente, le hemos visto las orejas al lobo.

Por un lado, doy gracias a Dios, que todo esto que está pasando nos ha hecho reflexionar y reordenar nuestras prioridades, nuestro corazón, nuestros pasos… gloria a Dios por ello porque lo necesitábamos… Personalmente yo necesitaba reflexionar acerca de unas cuántas cosas en mi vida… le agradezco mucho a Dios por esto, Él sabe que lo necesitábamos. Pero… por otro lado, me da tristeza pensar que a veces sólo reaccionamos cuando nos dan la noticia de que nos quedan tres meses de vida, ¿cómo se sentirá Dios? ¿por qué no vivimos con esa sensación siempre? ¿por qué se nos olvida de que tú y yo somos frágiles y que estamos aquí de paso y que nuestra vida es como la niebla? Dice en Santiago 4:13-14 en la NVI “Ahora escuchen esto, ustedes que dicen: «Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad, pasaremos allí un año, haremos negocios y ganaremos dinero». ¡Y eso que ni siquiera saben qué sucederá mañana! ¿Qué es su vida? Ustedes son como la niebla, que aparece por un momento y luego se desvanece.”

Billy Graham, uno de los mayores evangelistas de la historia de la humanidad, que ya está en la presencia del Señor, dijo en una ocasión: «Mi hogar está en el cielo. Solo estoy viajando por este mundo».


Billy estaba enfocado, sabía que era frágil, y sabía también que su paso por esta tierra era breve, se veía como un viajero en esta vida terrenal. Qué importante es que recordemos que tú y yo somos extranjeros y peregrinos en este mundo, que nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo. Sabes… un peregrino es alguien que anda o viaja por tierras extrañas que presentan dificultades. Y esto me lleva a mi tercera y última reflexión basada en el argumento de la película.

Arthur y César, harían como cualquier ser humano haría en esta vida ante la noticia de que le quedaban tan sólo tres meses de vida, buscaron disfrutar al máximo, sin problemas, sin preocupaciones, experimentar la diversión, la felicidad y la paz, lo máximo posible. Y yo pienso… ¿no es esto lo que de alguna manera hacemos a veces nosotros los hijos de Dios también? Déjame que me explique…

Como discípulos de Cristo nuestra esperanza está en la vida eterna, nuestras creencias y nuestra fe en el Señor Jesús tiene como cumplimiento el hecho de que un día estaremos en el cielo con Él por la eternidad. Pero a pesar de que la vida eterna es nuestra esperanza, que el hogar celestial es lo que nos espera… tengo la sensación de que muchas veces vivimos como si nuestro hogar temporal, el Planeta Tierra, donde pisan nuestros pies ahora mismo, fuera lo único que existe, o pensáramos que fuera mejor que el cielo… quizá no lo decimos, pero a efectos prácticos vivimos así. Puede que sea porque le tenemos algo de miedo a lo desconocido… o puede que sea porque amamos este mundo… Esta sensación quizá se hace mayor cuando no experimentamos demasiados problemas y nuestra vida es realmente cómoda y tranquila, y creo que nuestra generación actual ha vivido por mucho tiempo muy cómoda y muy tranquila.

Pero cuando experimentamos el sufrimiento en nuestras propias carnes, o en la de nuestros seres queridos… nuestros corazones se quebrantan y llenan de lágrimas, lágrimas de dolor que anhelan algo mejor. A veces vivimos situaciones dolorosas que se prolongan en el tiempo. Cuando le vemos las orejas al lobo…quizá nos acordamos que este mundo caído no es el paraíso, que no es mejor que el cielo. Pero déjame ir un poco más allá…aún en estas situaciones de dolor y sufrimiento, me da la sensación de que muchas veces no vivimos en consecuencia de lo que realmente creemos y profesamos. Sabemos que Dios ha prometido un cielo nuevo y una tierra nueva, pero tendemos a vivir con la ansiedad y preocupación que distingue a los que creen que lo que vemos es todo lo que existe.

Hace varios días leí esta frase: Si no mantienes los ojos de tu corazón enfocados en el paraíso venidero, tratarás de convertir a este mundo caído en un paraíso que jamás será.”


Creo que todos los seres humanos anhelamos vivir en un lugar mejor, un lugar lleno de paz, donde podamos ser felices las 24 horas del día… y eso es lo que intentamos hacer con este planeta Tierra. Gastamos dinero en casas lo más cómodas posibles, en los mejores lugares posibles, donde nos sintamos seguros. Ahorramos para darnos las mejores vacaciones posibles y visitar los lugares más bonitos del mundo, lugares en los cuales a veces nos gustaría quedarnos a vivir porque son más bellos y mejores que el lugar de nuestra residencia habitual. ¿Quién no ha pensado alguna vez… cuánto me gustaría vivir en este país o en esta ciudad? Lo cierto es que en el corazón del ser humano hay un anhelo por el paraíso, un deseo por vivir en un lugar mejor, lleno de paz. Todos tenemos ese anhelo, aun cuando no lo percibimos, ya que nos fue dado por nuestro Creador. Pero no nos equivoquemos, ese paraíso nunca será esta tierra.

Jesús no nos dio falsas esperanzas, no nos dijo que no íbamos a sufrir o sentir el dolor en nuestras vidas. Sus palabras son tan claras en el evangelio de Juan 16:33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. Y su victoria fue en la cruz, dándonos vida eterna. En otras palabras, nos estaba diciendo que, aunque nuestra estancia en esta tierra no fuera un paraíso, Él nos daría su paz, y nos recordaría de que esto era temporal, porque Él ya ha provisto un lugar mejor para nosotros, el verdadero paraíso. En Apocalipsis 20:4 dice que en ese paraíso: Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y en Isaías 11:6-9 dice: “Cuando llegue ese día, el lobo y el cordero se llevarán bien, el tigre y el cabrito descansarán juntos, el ternero y el león crecerán uno junto al otro y se dejarán guiar por un niño pequeño. La vaca y la osa serán amigas, sus crías descansarán juntas, y el león y el buey comerán pasto juntos. El niño jugará con la serpiente y meterá la mano en su nido. En la Jerusalén de aquel día no habrá nadie que haga daño, porque todos conocerán a Dios, y ese conocimiento llenará todo el país, así como el agua llena el mar.”

¿No te parece mágico este lugar? ¿no te parece el verdadero paraíso? Ese es realmente el verdadero paraíso, y cuando olvidamos esto es cuando intentamos convertir este mundo en el paraíso que nunca será. Tu vida en esta tierra nunca será un paraíso. Tu matrimonio no será un paraíso, tu trabajo no será un paraíso, tu familia y amistades nunca serán el paraíso que tu corazón anhela, el mundo a tu alrededor no será un paraíso, tus hijos no serán un paraíso, incluso tu iglesia no cumple con los estándares del paraíso. En todo hay imperfección, en todo hay algo de dolor, nada será perfecto sino hasta que lleguemos al verdadero paraíso.

Como hijo de Dios, el paraíso ha sido garantizado para ti, pero no aquí, no ahora. Todas las cosas que nos decepcionan sirven para recordarnos que este mundo no es todo lo que hay y sirven para causar que anhelemos el paraíso venidero, si no fuera así ¿quién desearía ese lugar celestial?... El pecado que nos asedia debe recordarnos que este no es el paraíso. Las enfermedades que nos infectan sirven para recordarnos que este no es el paraíso, esta pandemia que estamos viviendo, sirve para recordarnos que este no es el paraíso… así que no esperemos el cielo en la tierra. Pero como dice el Señor Jesús en Juan 14:1-2 “No se turbe vuestro corazón…en la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros.” Ten esperanza, ya que el paraíso vendrá, y mientras tanto, deja de pedirle a este mundo caído que sea el paraíso que nunca podrá ser, y hagamos como Abraham, en Hebreos 11 dice que esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

En Mateo 6:19-21 dice: No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón… ¿dónde está tu corazón? ¿aquí en la tierra o en el cielo? Y en Colosenses 3:1-4 dice: “Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste, entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria.”

Recuerda esto: “Si no mantienes los ojos de tu corazón enfocados en el paraíso venidero, tratarás de convertir a este mundo caído en un paraíso que jamás será.” Hermanos no vivamos de forma vana y reaccionemos cuando le veamos las orejas al lobo… vivamos como decía el apóstol Pablo, “porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia… teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor.”

Honestamente, no sé si moriré o no de Coronavirus, algo por dentro me dice que no, pero sé que moriré de algo algún día y no sé cuándo será. Tampoco sé si nos queda poco tiempo aquí en la tierra o no, aunque tengo la plena sensación de que estamos viviendo los últimos tiempos. Sea de la manera que sea, piensa en esto:


“Lo mejor está por venir”, pero no aquí en la tierra, por supuesto, sino después, el cielo es lo mejor que nos puede pasar queridos hermanos.

Un día Billy Graham, en uno de sus últimos cumpleaños dijo: “Algún día leerás o escucharás que Billy Graham está muerto. No creas ni una palabra de eso. Estaré más vivo de lo que estoy ahora. Solo que habré cambiado mi dirección. Estaré en la presencia de Dios”. ¡Regocíjate! porque llegara el día en que retornaremos a nuestro hogar. Y como el mismo Billy dijo: «He leído la última página de la Biblia. Todo saldrá bien»… Recuerda: “Lo mejor está por venir”.

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© 2018 por JOSUÉ SÁNCHEZ CONESA

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