Lección 9 El concilio de Jerusalén | Hechos




En la última clase nos quedamos al final del capítulo 14 de Hechos, después del primer viaje misionero de Pablo y Bernabé, comisionados por la iglesia de Antioquía. Leamos los últimos versículos que narran su regreso de ese viaje:


Hechos 14:23 y 26-28 (NTV):

23 Pablo y Bernabé también nombraron ancianos en cada iglesia. Con oración y ayuno, encomendaron a los ancianos al cuidado del Señor, en quien habían puesto su confianza. 26 Por último, regresaron en barco a Antioquía de Siria, donde habían iniciado su viaje. Los creyentes de allí los habían encomendado a la gracia de Dios para que hicieran el trabajo que ahora habían terminado. 27 Una vez que llegaron a Antioquía, reunieron a la iglesia y le informaron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo él también había abierto la puerta de la fe a los gentiles. 28 Y se quedaron allí con los creyentes por mucho tiempo.


Vamos a destacar algunas cosas acá:


v. 23 dice: nombraron ancianos en cada iglesia.


Aquí puede surgir la pregunta de cómo pueden nombrarse ancianos después de tan poco tiempo, el viaje fue “relativamente corto”, no sabemos si meses o algún par de años, pero no tanto como para nombrar a nuestro entender, ancianos responsables de cada iglesia.

Aquí que nosotros tenemos que entender es que las iglesias nacientes necesitaban de algún tipo de organización y que los ancianos tenían que ver con hombres que estuvieran dispuestos a vivir en una dependencia completa del Señor y que hayan reconocido en el corto tiempo una vida consagrada a Él, una búsqueda del Señor, un alejamiento de una vida de pecado y una disposición a buscar y a conocer más al Señor, entonces eso es lo que Pablo y Bernabé están haciendo, les designan ancianos en cada iglesia, pero esto no es una decisión a la ligera, porque aquí está el dato determinante, porque dice la segunda parte del verso 23: “Habiendo orado con ayunos los encomendaron al Señor en quien habían creído”, entonces vemos que fue el Señor el que designó a esos ancianos, ellos no lo escogieron a dedo, sino que fueron guiados por Dios para escoger a las personas que aunque en ese momento quizá eran “novatas” en el evangelio, tenían el llamado de Dios a ese ministerio tan complicado. Esto debe de ser una lección para nosotros, ya que el que determina el ministerio, el llamado a cada uno de nosotros, nuestra función dentro del cuerpo de Cristo, independientemente de nuestros años o madurez, es el Señor, que es el que definitivamente es soberano sobre su iglesia y es el que hace la obra. Por eso es que el pasaje termina diciendo, los encomendaron al Señor en quien habían creído, ¿qué puedo hacer yo?, yo estoy de paso, ¿a quién te voy a encomendar?, ¿me voy a quedar aquí por siempre?, no es la voluntad de Dios, entonces los encomiendan al Señor presente, o sea, ellos creen que el Señor está presente, ellos creen que el Señor los ha tomado y los ha elegido y los ha puesto en la iglesia, al Señor en quien ellos habían creído.


v.23 dice: encomendaron a los ancianos al cuidado del Señor, en quien habían puesto su confianza.


En esto último aprendemos algo más, y es que las personas no pueden depender todo el tiempo de otras, sino que debemos dejarlas en las manos del Señor que es el que da crecimiento a cada uno. A veces hay cristianos dependientes de otros, no saben vivir ni su cristianismo ni su ministerio sin el amparo de personas que estén encima todo el tiempo empujándoles y animándolos a madurar y crecer y desarrollarse, esto es espiritualmente insano. Al igual que a un niño se le enseña a dar sus primeros pasos, luego hay que dejarlo que él practique y se caiga y se levante hasta que sepa no sólo andar sino correr. Esto no significa que no necesitamos ánimos puntuales y consejos y demás, por supuesto que lo necesitamos, pero no necesitamos ser dependientes todo el tiempo de que otros estén encima nuestra, si ocurriese esto es porque no ha habido un fiel compromiso en nosotros.


v. 26 dice: Los creyentes de allí los habían encomendado a la gracia de Dios para que hicieran el trabajo que ahora habían terminado.


Esto que hicieron Pablo y Bernabé fue lo mismo que hicieron con ellos la iglesia de Antioquía.


v. 28 dice: Y se quedaron allí con los creyentes por mucho tiempo.


Finalmente, el verso 28 nos dice que ellos recargaron baterías y se quedaron mucho tiempo con los discípulos en la iglesia de Antioquía. El ministerio conlleva desgaste y ellos necesitaban no solamente descansar físicamente, sino anímica y espiritualmente, y ser fortalecidos para la siguiente misión.


Ahora vamos a pasar al capítulo 15 que se titula “El concilio de Jerusalén”.


Para entender un poco lo que vamos a leer vamos a ver el contexto histórico y en ese tiempo, Pablo se entera de que un grupo de judíos creyentes, celosos de la ley, visitan a los nuevos creyentes en Galacia del sur que es la iglesia que él acababa de fundar y empezaron a alterar sus enseñanzas, en respuesta Pablo escribiría su primera carta, la Epístola a los Gálatas, esto es para ubicarnos históricamente porque este problema va a suscitar el concilio de Jerusalén que aparece completamente en el capítulo 15.


En el Concilio de Jerusalén se pone en peligro la unidad de la iglesia, nosotros hemos visto como hasta el momento el Señor de una manera delicada ha promovido la unidad de la iglesia en todo momento, en primer lugar, los discípulos de Jesucristo con la religión judía, los discípulos de Jesucristo con los Samaritanos, los discípulos de Jesucristo con los Gentiles, la iglesia de Antioquía en relación con la iglesia de Jerusalén, de una manera u otra la unidad había sido preservada.


Vayamos a Hechos 15:1-2 (NTV)

1 Cuando Pablo y Bernabé estaban en Antioquía de Siria, llegaron unos hombres de Judea y comenzaron a enseñarles a los creyentes: «A menos que se circunciden como exige la ley de Moisés, no podrán ser salvos». 2 Pablo y Bernabé no estaban de acuerdo con ellos y discutieron con vehemencia. Finalmente, la iglesia decidió enviar a Pablo y a Bernabé a Jerusalén, junto con algunos creyentes del lugar, para que hablaran con los apóstoles y con los ancianos sobre esta cuestión.


En el versículo 5 observamos que estos judíos eran de la secta de los fariseos, veámoslo:

5 Pero después algunos creyentes que pertenecían a la secta de los fariseos se pusieron de pie e insistieron: «Los convertidos gentiles deben ser circuncidados y hay que exigirles que sigan la ley de Moisés».


¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué había empezado a aparecer en medio de la iglesia? algunos hermanos judíos, probablemente ex fariseos y celosos todavía por guardar las demandas rituales del judaísmo, viajaron a Antioquía y otras regiones en una expedición privada para enseñar su doctrina que era precisamente una herejía.


Aquí vemos lo que le cuesta al ser humano desarraigarse de las estructuras mentales de pensamiento y también vemos a Satanás en su incansable trabajo por hacernos retroceder en nuestra fe. Satanás conoce cuál es nuestro punto más débil para atacarnos y en el caso de estos hombres era su pasado apego a las leyes como forma de creerse justos ante Dios.





Sigamos leyendo Hechos 15:3-6 (NTV):

3 La iglesia envió a los delegados a Jerusalén, quienes de camino se detuvieron en Fenicia y Samaria para visitar a los creyentes. Les contaron —para alegría de todos— que los gentiles[b] también se convertían. 4 Cuando llegaron a Jerusalén, toda la iglesia —incluidos los apóstoles y los ancianos— dio la bienvenida a Pablo y a Bernabé, quienes les informaron acerca de todo lo que Dios había hecho por medio de ellos. 5 Pero después algunos creyentes que pertenecían a la secta de los fariseos se pusieron de pie e insistieron: «Los convertidos gentiles deben ser circuncidados y hay que exigirles que sigan la ley de Moisés». 6 Así que los apóstoles y los ancianos se reunieron para resolver este asunto.


En el capítulo 15, el verso 24, nosotros vamos a encontrar en el discurso de Jacobo al final del concilio dice: “Puesto que hemos oído que algunos de entre nosotros a quienes no autorizamos, os han inquietado con sus palabras perturbando vuestras almas”. Algunos judíos cristianos habían tomado la iniciativa de ir a Antioquia y seguramente a través de Antioquia enterarse de las iglesias recién creadas y viajar a esas regiones anunciando y educando a los creyentes gentiles acerca de la necesidad de la circuncisión para salvación.


¿Cuál era la lógica de un judaizante? que era el término con que se iba a conocer a estas personas, la lógica de los judaizantes es la siguiente: los nuevos creyentes gentiles así como fue con los prosélitos judíos debían circuncidarse y someterse a la ley de Moisés para salvación, eso es justamente lo que dice la segunda parte del verso 1 del capítulo 15: “Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés no podéis ser salvos”; o sea, ¿qué estaban diciendo ellos? bueno señores hay muchos prosélitos que vienen de diferentes partes del mundo que se incorporaban a la fe Judía y creían, y ellos luego han creído en la salvación por Jesucristo pero ellos ya habían sido circuncidados, entonces lo que toca ahora es que los nuevos creyentes de todos los lugares del mundo también sean circuncidados porque si no se circuncidan conforme al rito de Moisés no pueden ser salvos, o sea, esa es la idea principal que viene acompañada de muchas cosas más que nosotros vamos a encontrar muy bien evidenciadas en diferentes cartas de Pablo en donde el discute esta realidad.


Quizás la mejor forma de ilustrar el sentimiento, la atmósfera de esta circunstancia la podemos encontrar en Gálatas 2, recuerden que Gálatas fue escrito en este periodo y Pablo habla de acontecimientos que justamente ilustran este sentimiento, en Gálatas capítulo 2, a partir del verso 11 al 19, Pablo va a contar de una experiencia que él tuvo con Pedro y aun con el mismo Bernabé, dice a partir del verso 11 de Gálatas:


Gálatas 2:11-19 (NTV):

11 Pero cuando Pedro llegó a Antioquía, tuve que enfrentarlo cara a cara, porque él estaba muy equivocado en lo que hacía. 12 Cuando llegó por primera vez, Pedro comía con los creyentes gentiles, quienes no estaban circuncidados; pero después, cuando llegaron algunos amigos de Santiago, Pedro no quiso comer más con esos gentiles. Tenía miedo a la crítica de los que insistían en la necesidad de la circuncisión. 13 Como resultado, otros creyentes judíos imitaron la hipocresía de Pedro, e incluso Bernabé se dejó llevar por esa hipocresía. 14 Cuando vi que ellos no seguían la verdad del mensaje del evangelio, le dije a Pedro delante de todos los demás: «Si tú, que eres judío de nacimiento, dejaste a un lado las leyes judías y vives como un gentil, ¿por qué ahora tratas de obligar a estos gentiles a seguir las tradiciones judías? 15 Tú y yo somos judíos de nacimiento, no somos “pecadores” como los gentiles. 16 Sin embargo, sabemos que una persona es declarada justa ante Dios por la fe en Jesucristo y no por la obediencia a la ley. Y nosotros hemos creído en Cristo Jesús para poder ser declarados justos ante Dios por causa de nuestra fe en Cristo y no porque hayamos obedecido la ley. Pues nadie jamás será declarado justo ante Dios mediante la obediencia a la ley». 17 Pero supongamos que intentamos ser declarados justos ante Dios por medio de la fe en Cristo y luego se nos declara culpables por haber abandonado la ley. ¿Acaso esto quiere decir que Cristo nos ha llevado al pecado? ¡Por supuesto que no! 18 Más bien, soy un pecador si vuelvo a construir el viejo sistema de la ley que ya eché abajo. 19 Pues, cuando intenté obedecer la ley, la ley misma me condenó. Así que morí a la ley —es decir, dejé de intentar cumplir todas sus exigencias— a fin de vivir para Dios.


Ustedes ven la fuerza del momento, la tensión que había, la hipocresía que se estaba manifestando, estos judíos cristianos piadosos con sus ideas muy claras, los gentiles actuando de manera diferente, Pedro y Bernabé retrayéndose y actuando de manera hipócrita, Pablo llamándoles la atención seriamente; por supuesto que esto generaba gran disensión y debate por eso es que la iglesia de Antioquia teniendo todos estos antecedentes decidió apelar a las autoridades en Jerusalén para que solucionen el problema.



Sigamos leyendo Hechos 15:6-11 (NTV):

6 Así que los apóstoles y los ancianos se reunieron para resolver este asunto. 7 En la reunión, después de una larga discusión, Pedro se puso de pie y se dirigió a ellos de la siguiente manera: «Hermanos, todos ustedes saben que hace tiempo Dios me eligió de entre ustedes para que predicara a los gentiles a fin de que pudieran oír la Buena Noticia y creer. 8 Dios conoce el corazón humano y él confirmó que acepta a los gentiles al darles el Espíritu Santo, tal como lo hizo con nosotros. 9 Él no hizo ninguna distinción entre nosotros y ellos, pues les limpió el corazón por medio de la fe. 10 Entonces, ¿por qué ahora desafían a Dios al poner cargas sobre los creyentes gentiles con un yugo que ni nosotros ni nuestros antepasados pudimos llevar? 11 Nosotros creemos que todos somos salvos de la misma manera, por la gracia no merecida que proviene del Señor Jesús».


Dice el v.12 en LBLA:

12 Toda la multitud hizo silencio, y escuchaban a Bernabé y a Pablo, que relataban las señales y prodigios que Dios había hecho entre los gentiles por medio de ellos.

Estaban los apóstoles y los ancianos probablemente en un estrado, pero estaba toda la iglesia de Jerusalén participando activamente en esta reunión.

Ahora Lucas no nos cuenta la naturaleza del debate, no nos cuenta los detalles, Lucas siempre nos lleva a los momentos importantes y para él, el momento más importante fue la intervención de Pedro, dice el verso 7: “Y después de mucho debate Pedro se levanto y les dijo”.


O sea, hay una cosa importante que nosotros debemos notar en este caso, si el acontecimiento narrado por Pablo en Gálatas 2 es anterior al concilio de Jerusalén, cosa que yo creo, hay autores que consideran que Gálatas 2 es un acontecimiento posterior al concilio de Jerusalén, lo cual yo considero equivocado porque sino Pedro sería un grandísimo hipócrita y Bernabé y todos los demás. Y más aún porque en Gálatas, ya que Pablo está tocando este tema, lo mejor hubiera sido señalar la carta del concilio en Jerusalén para decir, oigan señores, recuerden lo que se dijo en el concilio de Jerusalén y punto, pero no ve que se hace esa distinción, por eso es que para mí Gálatas 2 es anterior al concilio en Jerusalén.


Entonces si el acontecimiento narrado por Pablo en Gálatas 2 es anterior al concilio de Jerusalén entonces es evidente que Pedro había aprendido la lección y estaba listo a dejar en claro que nunca más actuaría con debilidad con respeto a la exclusividad de la gracia en la salvación del ser humano, o sea, eso es lo que Pedro pone en evidencia.

Pedro presenta su apreciación de las cosas desde su experiencia en casa de Cornelio, ¿cómo es que se levanta Pedro? Pedro se levanta como un testigo, o sea, Pedro es un testigo nuevamente pero ya no es un testigo frente al mundo sino que es un testigo frente a la iglesia como lo fue en Hechos 11, lo vuelve a hacer en Hechos 15, él dice que es el primer testigo al mundo gentil, dice: “Hermanos vosotros sabéis (verso 7) que en los primeros días, Dios escogió de entre vosotros que por mi boca los gentiles oyeran la palabra del evangelio y creyeran”. Esa es la primera afirmación.


Eso es lo mismo que dice Jacobo en su discurso en el verso 14: “Simón ha relatado como Dios al principio tuvo a bien tomar de entre los gentiles un pueblo para su nombre”. Pedro se reconoce como el primer testigo al mundo gentil, él dice que los gentiles reciben la misma bendición y no hay diferencia ya entre judíos y gentiles él había aprendido la lección.


Pedro dice en el verso 11: “Creemos más bien que somos salvos por la gracia del Señor Jesús de la misma manera que ellos también lo son”. ¿Que resalta? Creemos que somos salvos por la gracia del Señor, ellos y nosotros.


Las últimas palabras de Pedro en Hechos de los Apóstoles, su último discurso, no vuelve a hablar más, no vuelve a aparecer en la historia más, él mantiene la afirmación que él mismo debería considerar en su propia vida, reconociendo su origen, reconociendo quién fue, reconociendo lo que el Señor ha hecho en su vida, reconociendo que casi la embarra en Antioquía, él aprende la lección y dice nunca más vamos a ponerle estorbo a la salvación, nunca más vamos a pensar que la salvación tiene otros requerimientos que no sean solamente la gracia de Dios en la obra de nuestro Señor Jesucristo.


Entonces, con esta gran afirmación de Pedro, miren lo que sucede, el debate se silencia y entonces Bernabé y Pablo testifican de la obra de Dios entre los gentiles, el verso 12 dice "toda la multitud hizo silencio y escuchaban a Bernabé y a Pablo que relataban las señales y prodigios que Dios había hecho entre los gentiles por medio de ellos".


Nuevamente la unidad entre los gentiles y los judíos vuelve a ser una, no hay diferencias entre nosotros, no hay que darles más cosas, no es que somos superiores, todos somos iguales a través de la gracia de nuestro Señor Jesucristo, es allí entonces que Jacobo, el anciano, el hermano del Señor se levanta y el afirma que es la voluntad soberana de Dios que los gentiles se hayan unido al pueblo elegido que está bajo el gobierno del mesías, eso es lo que él cuenta en los primeros versículos. Entonces él dice en los versículos 19-21: 19 Y mi opinión entonces es que no debemos ponerles obstáculos a los gentiles que se convierten a Dios. 20 Al contrario, deberíamos escribirles y decirles que se abstengan de comer alimentos ofrecidos a ídolos, de inmoralidad sexual, de comer carne de animales estrangulados y de consumir sangre. 21 Pues esas leyes de Moisés se han predicado todos los días de descanso en las sinagogas judías de cada ciudad durante muchas generaciones».


Los gentiles creyentes no tenían que someterse a la Ley judía de la circuncisión, en cambio el concilio les pidió apartarse de la idolatría, de fornicación (parte común de la adoración idólatra) y de comer carne de animales sin desangrar (reflejando la enseñanza bíblica de que la vida está en la sangre; Lev 17:14). Si los cristianos gentiles se hubieran abstenido de estas tres prácticas, habrían complacido a Dios y habrían logrado una mejor relación con los cristianos judíos. Es cierto que también hubo otras actitudes indebidas en los creyentes, pero los judíos estaban especialmente preocupados por estas tres. Este compromiso ayudó a la iglesia a crecer con libertad entre las diferencias culturales de judíos y gentiles.


Por el bien de la unidad es necesario a veces ceder en ciertas cosas, siempre y cuando no sean cosas contrarias a la voluntad de Dios o que contradigan la fe.


¿Qué sucede más adelante? se escribe una carta en donde se muestra la unanimidad en cuanto al tema y para eso se envían cuatro representantes, Pablo y Bernabé que son representantes de la iglesia gentil de Antioquia, acompañados de Judas y Silas que son representantes de la Iglesia judía de Jerusalén para qué testifiquen juntos acerca del acuerdo y las conclusiones del concilio. Interesantemente, se prepara a este documento y se envían a estas cuatro personas para que manifiesten en la unidad de la Iglesia y la unidad del testimonio.


Una cosa interesante es lo que dice el verso 28, el 15:28, que es un pasaje que nosotros debemos nuevamente resaltar porque habla del gobierno de Dios sobre su iglesia "porque pareció bien al espíritu Santo y a nosotros", o sea esta afirmación es radical también, nuevamente nosotros encontramos la presencia de Dios latente dirigiendo su Iglesia a lo largo de todo el libro de los Hechos, y en medio de este debate nuevamente el Señor se manifiesta y Jacobo con el resto de ancianos dice, "le pareció bien el Espíritu Santo y también a nosotros", o sea fue el Espíritu Santo el que dirigió esta situación y nosotros creemos que este acuerdo lo hemos hecho en acuerdo con el Señor. No solamente basta la unanimidad de los hermanos, sino también la conformidad principal del Espíritu Santo quien sigue liderando soberanamente todas las decisiones de la iglesia, Pablo, Bernabé, Judas y Silas viajaron a Antioquia e inmediatamente reunieron a la iglesia para darle las buenas nuevas. Los debates y las disensiones amargas del pasado se convirtieron en tiempo de bendición y unidad.


Versos 30 al 32 dicen "así que ellos después de ser despedidos descendieron a Antioquia y reuniendo a la congregación entregaron la carta y cuando la leyeron se regocijaron por el consuelo que se les impartía”, nuevamente la palabra consuelo es también la palabra aliento, por lo tanto es el aliento que se las impartía, no solamente eso sino que dice el verso 32 "siendo Judas y Silas también profetas, exhortaron y confortaron a los hermanos con un largo mensaje".


Ahora, cuál es nuestra conclusión para nosotros y nuestro tiempo con respecto al concilio de Jerusalén, lo más importante hermanos que yo veo es que nosotros no tenemos por qué hacer una división entre la unidad de la Iglesia y la unidad en nuestros conocimientos de la palabra de Dios, lo que el concilio de Jerusalén me enseña es que puede haber gran disensión, puede haber gran debate con respecto a una verdad del Señor que es necesario que se confronte y se discuta, pero que eso no tiene por qué traer siempre el rompimiento de la Iglesia.


El concilio de Jerusalén nos demuestra que, a pesar de ese debate intenso, a pesar de esas manifestaciones intensas la unidad de la Iglesia se mantuvo, o sea hubo debate, hubo disensión, hubo discusión, pero también hubo la manifestación del espíritu y la disposición a oírse mutuamente.


Nosotros en nuestro tiempo encontramos que muchos fieles a la palabra, la verdad evangélica simplemente se dividen para crear una isla en donde miren con recelo y rechazo a los que se quedaron afuera, eso no nos enseña el libro de los Hechos, el libro de los Hechos nos enseña que hubo un esfuerzo intensísimo por mantener y preservar la unidad del Iglesia y la unidad de la verdad del Evangelio y se logró en el poder del Espíritu Santo aunque luego hubieron muchas luchas intensivas más. Finalmente, la religión judía se separa de la iglesia cristiana, sin embargo, en este momento de la historia el Señor nos demuestra que la fe y la unidad de la Iglesia “se preservaron en unidad”, y yo creo que eso es algo que nosotros debemos pensar y debemos luchar porque muchas veces nosotros nos damos por vencidos muy fácilmente cuando nos damos cuenta que tenemos diferencias doctrinales y rápidamente creamos nuestro propio grupo, nuestra propia secta, nuestra propia organización y nos sentimos ya como los que hemos sobresalido y ahora estamos mejor que los demás.


El concilio de Jerusalén nos da una clara muestra de cómo es que el debate, la disensión, la presión no pueden terminar rompiendo la unidad de la Iglesia, y lo segundo que el concilio de Jerusalén me deja es el criterio básico de que la salvación es única sólo a través de Jesucristo, y eso es algo que nosotros también debemos mantener, a veces el ritualismo, el legalismo, a veces el fanatismo generan circunstancias y generan presiones sobre los creyentes innecesarias con respecto a la salvación.

9 vistas

© 2018 por JOSUÉ SÁNCHEZ CONESA

  • Facebook Clean
  • Twitter limpio
  • YouTube Clean