Lección 6 Sirviendo a Dios en la iglesia local 2 Parte | Siervos de Dios


Hoy vamos a continuar desarrollando la primera forma y como dijimos, la más importante de servir en nuestra iglesia local que era siendo un buen miembro de nuestra iglesia, con una actitud que marque la diferencia.


La semana pasada nos quedamos viendo cómo es que se lleva el amor ágape a la práctica, el cual era una de las 3 responsabilidades de cada miembro de una iglesia local, vamos a continuar pues desarrollando lo que nos falta al respecto:


En primer lugar, para reforzar uno de los puntos que vimos la semana pasada, referente a cómo debemos actuar cuando un hermano está equivocado y cómo debemos de recibir la corrección, quiero que veamos una historia que se encuentra en Hechos 18:24-28.


Allí vemos como Apolos es corregido por Priscila y Aquila, ambos se acercan con el amor del Señor y le dicen que el mensaje de Apolos es incompleto. El texto hace referencia a que Apolos era un hombre poderoso en palabra, pero la revelación de su mensaje sólo llegaba hasta el bautismo de Juan. Quiero destacar que Priscila y Aquila lo cogen aparte, es decir, no lo corrigieron delante de nadie. A veces, corregimos al hermano/a con amor, pero lo hacemos delante de las personas, y eso trae vergüenza y desprestigio a la persona, por lo tanto, tenemos que ser sabios y nuestra corrección además de ser hecha en amor, tiene que ser hecha con sabiduría y prudencia sino traerá perjuicio. Al final de la historia entendemos que Apolos recibe la amonestación con buena disposición de Espíritu y ahora su mensaje era completo y lleno de poder. Gloria a Dios cuando una persona en humildad, a pesar de sus dones y de su sabiduría es sencillo para dejarse aleccionar y corregir por otros.


Quiero hacer también un apunte especial referente a otra de las cosas que estuvimos viendo la semana pasada, referente a que no debe de haber juicio entre nosotros. Muchas veces tenemos una vara de medir para los demás que es muy diferente que la que usamos para nosotros mismos, por tanto, de alguna manera estamos siendo faltos de misericordia e hipócritas. Tengamos cuidado con esto. Pero lo más peligroso del espíritu de juicio, es que casi siempre va acompañado de crítica, la crítica y el juicio van de la mano y no hay nada más perjudicial en una iglesia que la crítica, es como un virus que enferma a la congregación y la deja tambaleándose. Dios detesta la crítica y la murmuración, veamos esto en algunos versículos:


Santiago 4.11-12 (NTV):

Amados hermanos, no hablen mal los unos de los otros. Si se critican y se juzgan entre ustedes, entonces critican y juzgan la ley de Dios. En cambio, les corresponde obedecer la ley, no hacer la función de jueces. Solo Dios, quien ha dado la ley, es el Juez. Solamente él tiene el poder para salvar o destruir. Entonces, ¿qué derecho tienes tú para juzgar a tu prójimo?


Proverbios 6:16-19 (NTV):

16 Hay seis cosas que el Señor odia, no, son siete las que detesta: 17 los ojos arrogantes, la lengua mentirosa, las manos que matan al inocente, 18 el corazón que trama el mal, los pies que corren a hacer lo malo, 19 el testigo falso que respira mentiras y el que siembra discordia en una familia. (En la RV60 dice “entre hermanos”)


Gálatas 5:13-18 (NTV):

Pues ustedes, mis hermanos, han sido llamados a vivir en libertad; pero no usen esa libertad para satisfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa. Al contrario, usen la libertad para servirse unos a otros por amor. Pues toda la ley puede resumirse en un solo mandato: «Ama a tu prójimo como a ti mismo», pero si están siempre mordiéndose y devorándose unos a otros, ¡tengan cuidado! Corren peligro de destruirse unos a otros.


Cuando como padres incurrimos en crítica hacia la iglesia o el liderazgo de la iglesia, no somos conscientes del daño tan perjudicial que estamos provocando en nuestros hijos, esto puede producir que se alejen de la iglesia y no quieran asistir, o que pierdan la credibilidad de lo que significa la iglesia y su liderazgo.

En la clase anterior vimos 4 aspectos del amor ágape llevado a la práctica: Aceptación, ausencia de juicio, amonestación en amor, motivarnos y animarnos.


Vamos ahora al 5º punto de cómo el amor Ágape es llevado a la práctica:


LA PACIENCIA:


En 1ª Corintios 13 cuando empieza a hacer esa magistral descripción del amor ágape, la primera característica de ese amor es la paciencia.


Dice en 1ª Tesalonicenses 5:14 (LBLA)

Y os exhortamos, hermanos, a que amonestéis a los indisciplinados, animéis a los desalentados, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos.


Y en Colosenses 3:12-14 (PDT) dice:

Dado que Dios los eligió para que sean su pueblo santo y amado por él, ustedes tienen que vestirse de tierna compasión, bondad, humildad, gentileza y paciencia. Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros. Sobre todo, vístanse de amor, lo cual nos une a todos en perfecta armonía.


Tener paciencia es ser comprensivo con las faltas de los demás, es ser consciente que mi hermano es una persona que va a cometer errores, que aún Dios está trabajando en áreas de su vida donde tiene que madurar (así como cada uno de nosotros), tener paciencia también es no dar por hecho de que todos piensan igual que yo o ven las cosas de la misma manera o tienen el mismo nivel de madurez en cierta área. Cuando yo entiendo esto, soy capaz de tomar las cosas de una buena manera con respecto a mi hermano, con mayor comprensión hacia él. Tener paciencia es perdonar antes de que me ofendan, es decir, ser consciente de que en algún momento fulanito me va a ofender, pero yo estar preparado para perdonarle antes de que eso ocurra, mi corazón ya lo tiene que haber perdonado antes de… porque ya está enseñado en paciencia y en amor.


Es importante tener en cuenta que los años y la edad no garantizan madurez, por eso debemos ser pacientes CON TODOS, quizá esa persona es más madura que tú en un área, pero sea inmadura en otra área en la que tú ya maduraste; ante esto, paciencia, él contigo y tú con él.


Una 6ª característica del amor ágape en la práctica es PROCURAR SIEMPRE LO BUENO.


Dice en 1ª Tesalonicenses 5:15 (LBLA):

Mirad que ninguno devuelva a otro mal por mal, sino procurad siempre lo bueno los unos para con los otros, y para con todos.


En griego, esa palabra “procurad” es “dioco” que significa: perseguir algo con determinación y entusiasmo aún en medio de un ambiente hostil.


En Gálatas 6:8-10 (NTV) dice:

Los que viven solo para satisfacer los deseos de su propia naturaleza pecaminosa cosecharán, de esa naturaleza, destrucción y muerte; pero los que viven para agradar al Espíritu, del Espíritu, cosecharán vida eterna. Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos. Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos el bien a todos, en especial a los de la familia de la fe.


Tenemos que tomar la iniciativa hermanos, aunque nosotros no seamos culpables, aunque haya sido el otro el que nos haya ofendido, vayamos nosotros en busca de esa reconciliación con todas nuestras fuerzas, o mejor dicho con las fuerzas que Dios nos va a dar para esa misión de amor a favor de la unidad de su iglesia.


La 7ª característica y última del amor ágape en la práctica es el SERVICIO:


En Gálatas 5:13 dice “servíos por amor los unos a los otros”.


Debemos de buscar constantemente la manera de servir a nuestros hermanos, aún en cosas sencillas, tiene que haber un interés constante por servirlo y no de forma selectiva, por ejemplo, cantando sí porque me gusta cantar… pero barriendo no porque barrer es demasiada poca cosa para mí… eso no es amor, eso no es servir y eso es selectivo, aparentemente estoy sirviendo cantando para facilitar la adoración de la iglesia, pero realmente lo que estoy haciendo es servirme a mí mismo, a mi ego.


El servicio no puede ser selectivo. El siervo sirve donde quiera que esté porque es su forma de ser y no algo que él hace.

Como Jesús dejó bien claro cuando lavó los pies a sus discípulos en ese magistral acto que encontramos en Juan 13:12:15 (NTV):

12 Después de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, se sentó y preguntó:

—¿Entienden lo que acabo de hacer? 13 Ustedes me llaman “Maestro” y “Señor” y tienen razón, porque es lo que soy. 14 Y, dado que yo, su Señor y Maestro, les he lavado los pies, ustedes deben lavarse los pies unos a otros. 15 Les di mi ejemplo para que lo sigan. Hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes.


En Mateo 20:17-28 la madre de Juan y Jacobo le piden a Jesús que cada uno de sus hijos esté uno a la derecha y otro a la izquierda de Dios, en los lugares de honor en el cielo… no caigamos en el mismo error de esta madre y estos discípulos, el que quiera ser el primero, debe ser el último, servir a todos con un corazón humilde.


Pues hasta aquí hemos visto las diferentes manifestaciones del amor ágape entre hermanos, ahora vayamos a ver la 2ª responsabilidad de todo miembro de una iglesia local que es: VELAR POR LA UNIDAD DE LA IGLESIA:


Dice en Efesios 4:3:

Esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. (LBLA) Hagan todo lo posible por mantenerse unidos en el Espíritu y enlazados mediante la paz. (NTV)


Una iglesia unida, jamás será vencida.

¿Cómo puedo velar por la unidad de la iglesia?


1. Practicando el amor Ágape (ya lo hemos visto).

2. Apagando fuegos, no fomentando la crítica y corrigiendo al hermano.

3. Intercediendo en oración por el hermano que está criticando y provocando división y malestar.

4. Si el asunto toma colores oscuros, manifestándoselo al liderazgo; esto no es ser chivato, es ser responsable.

5. No imponiendo mis preferencias ni mis deseos a la iglesia. (Filipenses 2:5-11 NTV). Hay que ceder por amor, no todo me va a gustar, puedo tener diferentes opiniones o gustos referente a cómo se hacen las cosas, pero debo ceder por amor así como en el matrimonio se tiene que ceder en multitud de ocasiones para que ese matrimonio prospere. Si caemos en la queja y negatividad promovemos la división y el descontento en la iglesia. Cuando creamos que las cosas se pueden hacer mejor, aportemos nuestra opinión constructiva al liderazgo, pero si aun así no se producen cambios, sigamos con una buena actitud, no siempre se harán las cosas como a nosotros nos gustan. Tenemos que descubrir el gozo de ser el último.


Cuando hacemos esto somos como un ANTIBIÓTICO, atacamos a la enfermedad y estamos sirviendo como medicina a nuestra iglesia a favor de la unidad del cuerpo de Cristo.

Por último, nuestra 3ª responsabilidad como miembros es: APOYAR AL DESARROLLO DE LA IGLESIA:


¿Cómo podemos apoyar al desarrollo de nuestra iglesia local?


1. Asistir, participar e involucrarme en las actividades y ministerios de la iglesia, junto con mi familia.


Si no participamos le estamos restando fuerza a la iglesia. Cuando asistimos contagiamos a otros y cuando no lo hacemos también. Lo mismo pasa con nuestra familia, no esperemos que ellos hagan algo que no vean en nosotros. A veces no se pueden hacer más actividades y cosas en la iglesia por falta de implicación, y lo curioso es que luego hay queja por falta de actividades, es contradictorio, me quejo pero luego no me involucro y la excusa muchas veces es “es que no me gusta cómo se hacen las cosas o cómo se hizo…”, cuando esto ocurra, aportemos ideas y como hemos visto antes, cedamos por amor, pero no nos borremos, es decir, siempre sumando, nunca restando. También debemos pensar lo desmotivador que es para el liderazgo de la iglesia cuando un hermano se borra, los líderes son personas, y también necesitan animarse viendo como el pueblo participa y juntos caminamos en una misma dirección. Por último, destacar en este punto que es un privilegio servir en nuestra iglesia local con las particularidades que nuestra iglesia en concreto tiene, como por ejemplo en nuestro caso, con ministerios como Radio Paz o el Buen Samaritano, debemos involucrarnos en la medida de lo posible en esos ministerios anexos a la iglesia.


2. Orar por mis hermanos y por el liderazgo de la iglesia.


Cuando oramos por nuestros hermanos esto repercute en bendición para toda la iglesia, y manifiesta que nuestro corazón ama y se preocupa de nuestros hermanos. Pero también debemos orar por el liderazgo, esto es muy importante puesto que el liderazgo sufre un ataque constante de Satanás, ya que si la cabeza cae el cuerpo cae. Te animamos a que apartes al menos 5 o 10 minutos diarios para orar por el liderazgo de tu iglesia, esto beneficia no sólo a tus líderes, sino a tu iglesia y a ti mismo, porque guarda tu corazón de posibles resentimientos y rebeliones que el diablo quiere infundir en nuestros corazones para dividirnos y no estar en un mismo sentir. Si además tienes la oportunidad de orar en familia por estas cosas estarás contribuyendo a una cultura de iglesia en tus hijos, formarás en ellos un corazón a ama a su iglesia y a sus líderes.


3. Apoyar económicamente a la iglesia.


Dice en 2ª Corintios 9:1 y 7 (NTV):

En realidad, no necesito escribirles acerca del ministerio de ofrendar para los creyentes de Jerusalén. Cada uno debe decidir en su corazón cuánto dar; y no den de mala gana ni bajo presión, «porque Dios ama a la persona que da con alegría».


Antes de que fuese establecido el diezmo en la nación de Israel, ya en Génesis Dios enseña a diezmar cuando Abraham da el diezmo al rey y sacerdote del Altísimo, Melquisedec. Posteriormente, en el AT fue establecido de esta manera para la nación de Israel: un 10% anual para sostener a los levitas; un 10% anual extra para el cuidado del templo y otro 10% extra cada 3 años para el sustento de los pobres, es decir, un 3,33% aprox. Anual. Esto suma en total un 23,33%, casi un 25% de los ingresos anuales, es decir, una cuarta parte de los ingresos de cada israelita era ofrendada a Dios. Por tanto, el diezmo realmente era más del 10%. Esto para nosotros en la actualidad no es una obligación, pero si que es un ejemplo de cómo debemos entender nuestras finanzas, que son un regalo de Dios y con gratitud debemos al menos dar ese 10% para la obra de Dios con alegría.


Profesor: Josué Sánchez

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© 2018 por JOSUÉ SÁNCHEZ CONESA

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