Lección 5 Sirviendo a Dios en la iglesia local 1ª Parte | Siervos de Dios

A continuación el audio de la clase en vivo:


Aunque nos vamos a enfocar en el rol de siervo en la iglesia local, no quiere decir que sea la única forma en la que yo ejerzo como siervo de Dios, porque somos siervos de Dios las 24 horas del día, estemos donde estemos, como estuvimos viendo en las clases pasadas.


Lo que sí podemos es diferenciar varios ámbitos o áreas en las cuales servimos a Dios de una forma más específica, y estas áreas son: la familia, el trabajo y la iglesia. Hoy nos vamos a centrar en la iglesia.


Una de las cosas que tenemos que sacarnos de la cabeza es que por el hecho de no estar sirviendo a Dios específicamente en un ministerio de la iglesia o en una responsabilidad o función específica de servicio, no significa que no estemos sirviendo a Dios, porque aparte de servir a Dios en la iglesia, debemos servir también fuera de ella como acabamos de explicar. Dicho lo cual, esto no quita la responsabilidad de servir dentro de la iglesia como miembro de una iglesia local, miembro del cuerpo de Cristo donde Dios me ha plantado con un propósito.


Enfocándonos ya en el Servicio a Dios dentro de la iglesia local, decir que tenemos unas responsabilidades generales como miembros del cuerpo de Cristo. Esto se extiende a todas las personas que componen una iglesia, es decir, aquellas personas que son miembros reales de una iglesia, no que solamente asisten y no se involucran.


La primera forma de servir en mi iglesia y sin dudas, la más importante, es siendo un BUEN MIEMBRO de mi iglesia local, con una actitud que marque la diferencia.

Hay 2 formas de servir en la iglesia local:


1. De forma GENERAL: responsabilidades de todos los miembros de la iglesia por igual.

2. De forma ESPECÍFICA: con mis dones espirituales específicos y mi llamado particular.


Realmente no tiene sentido hablar de servir en lo específico si antes no estamos siendo fieles en lo general.


Como dice Mateo 25:21 (NTV), si somos fieles en lo poco, Dios nos dará muchas más responsabilidades.


Es bueno explicar antes algunas cosas referente a la importancia de ser miembro de una iglesia local y no un mero asistente:


- Cuando yo no soy miembro y soy un mero asistente esporádico sin compromiso, no sólo me perjudico a mí mismo, sino que perjudico al resto del cuerpo.


- Me perjudico a mí mismo porque no me beneficio del trato del Señor para con mi vida y mi madurez espiritual a través de su iglesia, el cual es muy importante para crecer, es indispensable. Necesito rodearme de hermanos, necesito de sus dones, necesito ser corregido, necesito ser animado, necesito ser consolado… etc. Y todo esto ocurre dentro del contexto de la iglesia local, fuera de ella no recibo todo eso para mi vida. Creer que yo puedo madurar en plenitud sin formar parte de una iglesia es tener un concepto errado de mí mismo, es ser espiritualmente arrogante.


- Pero también perjudico a otros, porque mi vida es necesaria para otros hermanos, y los dones espirituales que Dios me dio tengo que usarlos para bendecir y servir a otros, sino estaré siendo un mal administrador de aquello que Dios me dio.


- Cuando no soy miembro fiel, me convierto en un miembro disfuncional y estoy en desobediencia con Dios, porque incumplo el mandato de congregarme fielmente como dice en Hebreos 10:24-25. Cuando desobedezco, pago las consecuencias y mi familia también. Tristemente las personas que no se congregan, en un porcentaje altísimo acaban yéndose al mundo. Hay personas que se llenan de razones diciendo que no hay ninguna iglesia que merezca la pena, es obvio que no existe la iglesia perfecta, y el día que esa persona entre en una iglesia dejará de ser perfecta, pero me niego a creer que no exista una iglesia válida, imperfecta, pero válida, una iglesia que ama a Dios con sus errores… ¿Por qué al resto de cristianos si les valen esas iglesias y a esa persona no? El problema no está en las iglesias, salvando casos puntuales, el problema está en la persona, en su corazón.


La actitud con la que yo afronto mi pertenencia a una iglesia es vital. Mi actitud tiene que marcar la diferencia, tiene que ser una actitud renovada, que procura lo mejor para la congregación, aunque tenga opiniones diferentes o vea cosas que no me gustan. Si esta actitud no está, entonces nos haremos daño y haremos daño a otros.

Cuando mi actitud es la correcta, mi iglesia comenzará a cambiar, será más saludable porque uno de sus miembros gozará de mejor salud.

Dicho esto, centrémonos en la primera forma de servir a mi iglesia, es decir, de forma GENERAL:


¿Cómo ser un buen miembro con una buena actitud?


De estas 3 formas:


1. Practicando el AMOR ÁGAPE.

2. Velando por la unidad.

3. Apoyando el desarrollo de la iglesia.


¿Qué es el amor ágape y cómo llevarlo a la práctica?


Vamos a leer Juan 13:34-35 (RV60) dice: 34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.

35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.


¿Por qué Jesús llama “nuevo mandamiento” a esto si ya Moisés lo dijo en Levítico 19:18? No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.


La novedad del mandamiento es “COMO YO OS HE AMADO”. El amor tiene que ser como el amor de Cristo, el amor que Cristo demostró. Y, ¿cómo amó Jesús? Los amó hasta el fin (Juan 13:1) Su amor no cambió a lo largo del camino, a pesar de sus errores, su amor no fluctuó por sus discípulos, fue un amor incondicional. Y pudo hacerlo porque Jesús es Dios, y la esencia de Dios es el amor (1ª Juan 4:8). Nosotros humanamente en nuestras fuerzas no podemos amar como Jesús amó, para ello el primer requisito es nacer de nuevo, y el segundo, es ser lleno del Espíritu. La capacidad de amar de esa manera incondicional, solamente es posible por medio del Espíritu Santo en nuestras vidas. Nadie puede dar lo que no tiene. El amor de Dios es una de las 9 características del fruto del Espíritu.


AMOR ÁGAPE = AMOR INCONDICIONAL


Cuando tenemos problemas en amar a una de las ovejas de Dios de esa manera, el problema no es tanto la falta de amor, sino falta de llenura del Espíritu.

En Juan 15:13-14 dice:

13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

Y ¿qué es lo que Él les mandaba?

17 Esto os mando: Que os améis unos a otros.


Dios anhela que seamos sus amigos, mucho más que siervos, pero para ello primeramente debemos revelar su esencia en nuestras vidas, por medio de la obediencia en este mandato, amarnos los unos a los otros. Debemos amarnos hasta el punto de ser capaces de dar nuestra vida los unos por los otros. Lo cual acabaron haciendo muchos de sus discípulos en medio de la persecución. Para reafirmar esto leer: 1ª Juan 3:16 y 1ª Juan 5:1


Todo lo que no sea un amor ágape, es un amor interesado, condicional o fingido.


Ahora bien, ¿cómo podemos llevar ese amor a la práctica?


1. ACEPTACIÓN (SOPORTÁNDONOS): Aceptarnos con nuestros fallos, defectos e inmadurez. (Romanos 15:7; Colosenses 3:13-14 y Lucas 6:32-36).


2. AUSENCIA DEL ESPÍRITU DE JUICIO: En Lucas 6:37-38 nos dice que no debemos juzgar, ahora bien, ¿qué significa no juzgar acá? Se refiere a no crearme una etiqueta y prejuicio de X persona, porque la acabo vetando y me alejo de ella porque la miro como si fuera inferior. Si te he visto, no me acuerdo.


3. AMONESTARNOS EN AMOR: Como nos dice Romanos 15:14. Es parte vital del amor ágape, el corregirnos los unos a los otros en amor. En el caso del liderazgo incluso a veces es necesario utilizar la disciplina con algunas ovejas.


4. ANIMARNOS Y MOTIVARNOS: Como nos dice 1ª Tesalonicenses 5:11.

El ejército de EEUU es un ejemplo de esto, ellos tienen un lema que dice “Ningún soldado dejado atrás”, que quiere decir, que a ningún soldado herido debe dejarse atrás en la batalla, sino recogerlo y llevarlo con el resto. Ellos entienden la guerra como una unidad y no de manera individual, la única forma de ganar es permaneciendo juntos hasta el final.

Tristemente la iglesia es el único ejército en el que los soldados le disparan a sus propios heridos.


Profesor: Josué Sánchez


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© 2018 por JOSUÉ SÁNCHEZ CONESA

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