Lección 4 Prioridades | Siervos de Dios

A continuación el audio de la lección en vivo:


Cuando no tengo mi propósito en la vida claro y tampoco mi llamado definido, mi vida se convierte de algún modo en un despropósito, porque no hay orden, no hay satisfacción plena, el hecho de que haya desorden me produce cansancio porque malgasto fuerzas, tiempo, energía, recursos, dinero en cosas que no tengo que gastarlo, y además me lleva a tomar malas decisiones, que no sólo me afectan en el presente sino también en el futuro y me condicionan.


Si no tengo claro mi propósito y llamado (del cual estuvimos hablando la clase pasada), me encontraré en muchas situaciones de la vida ante dos o varios caminos a escoger y realmente dará igual el camino que coja porque no tengo un destino prefijado en mente, lo tomaré en base a lo que creo en ese momento o, mejor dicho, lo que siento en ese momento que es lo mejor, pero obviamente el resultado de mi decisión si que tendrá una repercusión.


En la clase pasada decía que nada de lo que vivimos es por casualidad, esto es cierto, pero al mismo tiempo no nos evade de la responsabilidad de nuestras decisiones. Dios en su preconciencia y sabiduría ya sabía las decisiones que íbamos a tomar, aunque a lo mejor esas no fueran las que a Dios le agradaran. Al mismo tiempo, Dios permite que en medio de toda circunstancia y decisión que tomemos, podamos glorificarle y servirle de una u otra forma, ya sea en lo mucho o en lo poco.


Lo que sí está claro es que cuanto más y peores decisiones tomes en la vida, más te van a condicionar y más te van a descalificar para la tarea que quizás podrías haber llevado a cabo. Sólo Dios en su soberanía sabe estas cosas, y no nos toca a nosotros juzgar esto, solamente que nuestra actitud sea la correcta y aceptar en todo momento la responsabilidad de nuestras decisiones y vivir contentado con ellas, siendo responsable y no dejando de glorificar en todas y cada una de las áreas de nuestra vida a Dios.


Por ejemplo, si crees que tomaste una mala decisión al casarte con tu cónyuge, no puedes vivir cada día pensando que ese matrimonio no es de Dios… esa actitud no te sirve para nada, te vas a amargar más y vas a ver a tu esposo/a como un obstáculo o carga. Dios dice en su Palabra que lo que ha unido Dios no lo separe el hombre. Todo matrimonio que hace los votos, lo hace ante Dios y es Dios quien sella ese pacto. Por lo tanto, a partir de ese momento tu matrimonio, aunque sea con esa persona difícil que tú has escogido, pasa a ser uno de tus llamados prioritarios, con todas las circunstancias que genere esa relación y que te van a tocar vivir en la sabiduría y las fuerzas de Dios. Y recuerda, Dios ya sabía que ibas a tomar esa decisión, y aunque a lo mejor no fue la más adecuada, Él no te deja tirado y te va a ayudar y te va a usar y te va a moldear.


Claro que la desobediencia trae mal a nuestras vidas… Pero Dios puede tornar ese mal en algo bueno para su gloria, y bueno no significa fácil.

Es un tema muy delicado y difícil de comprender, pero Dios en tus circunstancias, en lo que tú has escogido, te va a sostener y a usar y moldear para la gloria de su nombre.


Por lo tanto, conocer mi llamado me va a llevar a:


  1. Determinar mis prioridades y mis responsabilidades.

  2. Organizar u ordenar mi tiempo (agenda) en base a las responsabilidades y prioridades.

  3. Tomar buenas decisiones para alcanzar las metas de mi llamado.

Para tener orden en lo exterior, necesito tener orden en mi cabeza y en mi corazón y la organización de nuestro mundo interior depende completamente de nuestra relación con Dios.


Hay múltiples razones por las que el mundo interior de una persona se desorganiza, pero el común denominador entre todas ellas es el mal uso del tiempo, lo que a su vez se debe a una mala organización de las prioridades.

Curiosamente luego casi todo el mundo dice: “No tengo tiempo para nada…” De esta frase podemos concluir o bien que por circunstancias especiales realmente no tengas tiempo para cosas que te gustaría tener más tiempo, o lo que suele ser generalmente la realidad, tu vida es un desorden o estás lleno de actividades innecesarias, lo que viene a ser desorden también.


1 semana = 168 horas

10 horas Trabajo (5 días x semana) = 50 h

7 horas para dormir (5 días x semana) = 35 h

3 horas para comer (5 días x semana) = 15 h

8 horas para dormir (fines de semana) = 16 h

3 horas para comer (fines de semana) = 6 h

Total: 122 horas


Nos restan 46 horas semanales para hacer lo que queramos.

46h x 52 semanas del año = 100 días al año 100 días = algo más de 3 meses cada año de nuestras vidas para usarlo en lo que queramos, ¿te parece poco tiempo?


A veces estamos muy insatisfechos con el tiempo que tenemos, o somos conscientes de que no le estamos dando un buen uso, pero no hacemos nada por cambiarlo. Si somos honestos, sacamos tiempo para aquello que realmente nos interesa. Ir a la peluquería, lavar el coche, ver un poco la tele, mirar las redes sociales, wasapear, quedar con algún amigo, salir un rato, hobbies… Luego decimos que Dios es nuestra prioridad, pero a la hora de la verdad, si somos honestos, muchos días hemos dicho: “Hoy no he tenido tiempo para orar y leer la Biblia…” dicho de otra manera, hoy no he tenido tiempo para Dios. ¿Realmente es Dios nuestra prioridad? Ojo, los hechos hablan más alto que nuestras palabras, es bueno que nos paremos a meditar en esto constantemente porque nuestra carne tiende a poner ídolos por encima de Dios, sacándolo del primer lugar, y el primer ídolo somos nosotros mismos con nuestros deseos hedonistas.


Ilustración:

Si tomamos un recipiente grande y lo llenamos con pequeñas piedras, no tendremos espacio para las grandes. Cuanta una historia que un profesor hizo algo similar frente a sus estudiantes y luego vació el recipiente y lo llenó con piedras grandes. Entonces preguntó: ¿creen que está lleno? Los estudiantes le dijeron que sí. Inmediatamente, introdujo múltiples piedras pequeñitas que se deslizaron entre las grandes y así lo fue haciendo posteriormente con arena y luego con agua… La idea detrás de la ilustración no es que lleguemos a hacer más cosas en el mismo número de horas a la semana. La enseñanza es que cuando colocamos las cosas importantes primero, en su debido lugar, las demás encuentran espacio, pero no ocurre así de la manera inversa. Lo mismo tenemos que hacer con nuestra vida.


El Principio de Pareto:

Existe una tesis conocida como el principio de Pareto, también se le conoce como la regla del 80/20. En una empresa que fabrica múltiples productos, el 20% de dichos productos probablemente genera el 80% de los ingresos. En una predicación, por ejemplo, el 20% del mensaje producirá el 80% del impacto en quienes escuchan. De esa misma manera, podríamos decir que si organizamos nuestra vida de tal forma que en el primer 20% de nuestras prioridades se encuentran en Dios y nuestra familia, quizás eso nos evite el 80% de las consecuencias negativas que pudiéramos cosechar en la vida. Dicho de otra manera, si en ese primer 20% de nuestras prioridades tenemos al trabajo, los compromisos sociales y las amistades, en lugar de Dios y nuestra familia, esa desorganización de nuestro mundo interior es pues la causa del 80% de los problemas que tenemos: conflictos personales, conflictos matrimoniales, dificultad con los hijos, problemas morales, éticos, espirituales, económicos, de salud, etc.


Lo mismo que sucede con el tiempo, sucede con el dinero.


El uso del tiempo y del dinero revelan quiénes somos.

Vayamos a la Biblia a ver qué nos dice:


EFESIOS 5:15-17 (NTV)

Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.


La palabra “tiempo” acá en el griego original es “Kairós” que significa: momento adecuado u oportuno, ventana de oportunidad que luego se cerrará y ya no podremos aprovecharla.

Por ejemplo, la juventud, en la juventud se pueden hacer muchas cosas que luego ya no podemos hacer, como estudiar y formarnos, o como otras muchas cosas.


El tiempo que nuestros hijos estén en nuestro hogar hasta que sean adultos y se independicen, es el tiempo en el que puedes ejercer mayor influencia sobre sus vidas, luego volarán y ya no es lo mismo. Y así con un montón de cosas más, tenemos que aprovechar el Kairós siendo entendidos en la voluntad del Señor.


Esta vida terrenal se esfuma, ¿qué haremos con ella en cuanto a nuestro llamado a servir a Dios y ser luz mientras estemos en ella? JUAN 9:4-5 (NTV)

Debemos llevar a cabo cuanto antes las tareas que nos encargó el que nos envió. Pronto viene la noche cuando nadie puede trabajar; pero mientras estoy aquí en el mundo, yo soy la luz del mundo.


¿CÓMO TIENE QUE SER NUESTRO ORDEN DE PRIORIDADES?

1º PRIORIDAD: DIOS

Nuestra amistad con Dios debe ser el ritmo que marque nuestra vida, todo gira en torno a eso y nada puede estar en orden si mi relación con Dios no es buena, viva y genuina. Si Dios no está en el trono de mi corazón entonces cualquier cosa estará ocupando un lugar que no le pertenece.


En Mateo 22:37-38 (NTV) dice: Jesús contestó: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Este es el primer mandamiento y el más importante. Por encima de cualquier cosa que podamos hacer, incluso para servir a Dios, está por encima nuestra relación con Él, no hay nada más importante que esto.


Esto lo podemos ver claramente en la Misión de los 70 en Lucas 10:1-9 y 17-20, y también unos versículos más adelante en casa de Marta y María, en Lucas 10:38-42.


2º PRIORIDAD: TU CÓNYUGE (ESPOSO/A)

Después de tu relación con Dios, lo más importante es el mayor regalo que Dios te ha dado, tu esposo/a para que lo cuides y ames como a ti mismo. Sois una sola carne. En el matrimonio se representa el misterio de Cristo y la iglesia como nos dice en Efesios 5:21-33.


El matrimonio cristiano debería de ser un reflejo del amor incondicional de Cristo por su esposa, la Iglesia, esa debe de ser nuestra meta y aspiración en la relación matrimonial, glorificar a Dios en esa relación practicando el amor ágape incondicional entre marido y mujer. ¡Qué diferente sería la sociedad con familias que tuvieran matrimonios que vivieran de esta manera!


Dos de los grandes problemas en muchas familias son los siguientes:


1-El hombre antepone su trabajo y ministerio antes que su esposa y familia; esto produce separación, divorcio, hijos mal criados, etc.


2-La mujer antepone sus hijos a su marido. Cuando los hijos se independizan y quedan ellos solos, son unos completos desconocidos, porque realmente no tuvieron relación entre ellos, todo se fundamentaba en sus hijos. Tus hijos algún día volarán, y quedaréis solos de nuevo los dos, como empezasteis. Además de esto, muchas veces las madres anteponen a sus hijos faltándole el respeto y la autoridad al padre como cabeza del hogar, cuidado con esto, porque esto produce desorden y nefastas consecuencias en los hogares.


Un ejemplo sobresaliente de amor abnegado en el matrimonio es la historia del doctor Robertson McQuilkin. En marzo de 1990, él renunció a su cargo de presidente del Columbia Bible College para quedarse en casa y cuidar de su esposa, Muriel, quien padecía de Alzheimer. En su carta de renuncia escribió: Mi amada esposa, Muriel, ha tenido dificultades con su salud mental desde hace como ocho años atrás. Hasta el momento he sido capaz de atender sus crecientes necesidades y mis responsabilidades de liderazgo en el CBC. Muriel está contenta la mayor parte del tiempo que estoy con ella, pero se entristece cuando me encuentro lejos de ella. No se siente sólo “descontenta”. Aún más, siente temor, y hasta terror, de haberme perdido, y comienza a buscarme cuando salgo de casa. Luego, es posible que se llene de ira por no poder encontrarme. Así que, para mí es claro que ella me necesita ahora, en todo momento. Quizás los ayudaría a entender si les comparto lo que compartí en el momento del anuncio de mi renuncia en la capilla. La decisión fue hecha, de algún modo, 42 años atrás cuando prometí cuidar de Muriel “en enfermedad y en salud… hasta que la muerte nos separe”. Así que, como lo compartí con los estudiantes y el cuerpo docente, como un hombre de palabra, la integridad tiene algo que ver en esto, pero también la justicia. Ella me ha cuidado y se ha sacrificado por mí todos estos años. Si yo la cuidara por los próximos 40 años, todavía estaría en deuda con ella. El deber puede ser sombrío y frío. Pero hay más; amo a Muriel. Ella es un deleite para mí, su dependencia infantil y su confianza en mí, su amor cálido, los intermitentes rasgos de ingenio que tanto me gustaban, su espíritu feliz y su tenacidad fuerte al enfrentar su frustración continua. Ahora no es que tengo que cuidarla, ¡quiero hacerlo! Es un gran honor cuidar de tan maravillosa persona.


3º PRIORIDAD: TUS HIJOS

Después de tu cónyuge, tu prioridad son tus hijos, va a ser tu mayor legado junto con tu matrimonio. El mayor legado que dejes en esta tierra no será aquello que hayas hecho en tu trabajo, ni en tu ministerio, sino con tu familia, si fracasas en esto, habrás fracasado en la vida.


El Salmo 127 nos habla de una casa construida por Dios, en dónde los hijos son un regalo y un gran privilegio. Cuando Dios gobierna en nuestros hogares el tener hijos no es una carga como nos vende esta sociedad corrupta, sino que es un gran regalo.


Dios nos ha prestado a nuestros hijos, nuestros hijos le pertenecen al Señor, seamos responsables en la tarea tan grande e importante que Dios nos ha encomendado con ellos. Proverbios 22:6 dice: Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.


Ningún tiempo que pases con tus hijos es tiempo perdido, aún cuando sea para pasar un rato de ocio juntos.


Mientras salía a la carrera a su trabajo, un padre fue interceptado por su tierno hijo con una pregunta inesperada: Papá: ¿Cuánto te pagan por hora de trabajo? El padre se sintió incómodo y dijo: ¿Para qué quieres saber? ¿No ves que ya me atraso al trabajo? Pero el hijo seguía insistiendo: ¿Cuánto te pagan por hora de trabajo? Para no hacerse más tarde, el padre contestó: Veinte dólares ¿Estás satisfecho? El hijo dijo entonces: ¿Me podrías prestar diez dólares? El padre muy molesto respondió: ¿Y qué vas a hacer con diez dólares? Atravesó la puerta y la cerró de un golpe dejando atónito a su tierno hijo. En su trabajo, el padre se sintió arrepentido de haber tratado así a su hijo. Al regresar a casa ya era de noche. Fue a la habitación donde su hijo estaba por quedarse dormido y le dijo: Perdóname por haber sido brusco contigo esta mañana. Dime una cosa ¿Para qué querías que te preste diez dólares? Entre sollozos el niño dijo: Desde hace tiempo he estado ahorrando y ahora tengo diez dólares. Si tú me dieras diez dólares, podría comprar una hora de tu tiempo para que mañana juegues conmigo en el parque.


4º PRIORIDAD: TUS PADRES

Efesios 6:2-3 dice: Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.


Tus padres dieron su vida por ti, te debes a ellos y Dios recompensa cuando nos tomamos en serio esto. Tus padres te necesitan, necesitan de tu amistad, de tu cariño, de tu amor, y también a veces necesitan tus cuidados, sobre todo conforme se van haciendo más mayores. Ten detalles con ellos, no hace falta esperar a sus cumpleaños o a las navidades, busca la manera de honrarlos y bendecirlos y agradecerles por todo lo que hicieron por ti.


Si tus padres no fueron ejemplo, no se comportaron como debían, sana tu corazón, Dios te ayudará a hacerlo, y muestrales amores a pesar de que quizás no se lo merecían, eso mismo hizo Dios por todos nosotros, nos dio a su Hijo, y nos amó sin condición a pesar de que no nos lo merecemos. Cuando haces esto, no sólo honras a tus padres, honras a Dios.


5º PRIORIDAD: TU TRABAJO

Es el lugar donde pasas quizás más horas en tu vida, en el día a día, por lo tanto, es tu lugar de mayor influencia junto a tu hogar. Aprovecha todo ese tiempo para dejar un legado de fe en la vida de tus compañeros y hazlo siempre como si lo hicieras para el Señor, no para tu jefe, como nos dice en Efesios 6:5-8: Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor, sea siervo o sea libre.


No veas tu trabajo como una carga, míralo como un lugar donde servir a Dios y como un regalo que trae el sustento a tu hogar. Tu trabajo puede ser tu púlpito diario, el lugar donde prediques la palabra con tu propia vida cada día; tu vas a ser quizás la única biblia que tus compañeros lean en su vida. Tu eres una biblia abierta para ellos con tu caminar diario, con tu testimonio, aparte de con tus palabras.


6º PRIORIDAD: LA IGLESIA Y EL MINISTERIO

Después de todas estas cosas está la iglesia y tu servicio en ella.


Es una irresponsabilidad desatender todo lo demás para servir en tu iglesia, Dios no te llama a eso, te llama a que seas responsable, y en la medida de tus posibilidades de tiempo, te involucres en el servicio a tu iglesia, como Dios te vaya ordenando, y repito, Él no te va a ordenar que desatiendas lo demás.

Si Dios te llama a mayores responsabilidades ministeriales, Dios proveerá un mejor trabajo para ti, para que puedas dedicarle más tiempo a la iglesia, o te sustentará para que puedas dedicarte a tiempo completo, pero esto lo hace Dios, nunca lo fuerces, sino obedécelo conforme Él te vaya indicando.


Profesor: Josué Sánchez





15 vistas

© 2018 por JOSUÉ SÁNCHEZ CONESA

  • Facebook Clean
  • Twitter limpio
  • YouTube Clean