Lección 3 Propósito y llamado | Siervos de Dios

A continuación el audio de la clase en vivo:



Introducción


Recuerdo cuando era un joven de aproximadamente 20 años, ya llevaba algunos años en mi caminar con Cristo, servía en diferentes áreas en mi iglesia, no importaba lo que fuera, allí donde había necesidad allí estaba yo dispuesto a servir. Siempre tuve un gran anhelo por servir a Dios, desde bien pequeñito nací en un hogar donde se me inculcaron esos valores de servicio, de hecho, en el recibidor de mi casa siempre colgó un cuadro con el versículo de Josué 24:15 que dice “Yo y mi casa serviremos al Señor”. Ese versículo se grabó a fuego en mi corazón gracias a las ascuas del ejemplo diario de mis padres que con su testimonio daban vida a esas palabras, así que, nunca me pregunté si debía servir o no al Señor, eso nunca fue una duda para mí, sabía que mi vida giraba en torno a eso y quería con todo mi corazón que así fuera, y hasta el día de hoy no recuerdo ni un solo año desde que decidí seguir a Cristo en el cual no sirviera de alguna manera en la iglesia. Pero, a pesar de tener el gran privilegio de servir a Dios, en mi corazón había una gran inquietud, necesitaba saber a qué Dios me llamaba, cuál iba a ser el ministerio en el que iba a desarrollar mi servicio a Él, a qué iba a dedicar el resto de mi vida, qué planes tenía Dios conmigo…


Por aquel entonces era habitual la visita de profetas del extranjero que venían a ministrar a España, también hice algunos viajes fuera de mi país y guardo en mi memoria la expectación de aquellos momentos en los que algunos de esos profetas, después de predicar, dedicaban un tiempo a ministrar a las personas, orando y dándoles palabra profética. Yo aguardaba el momento en que el profeta me impusiera las manos, orara por mí y recibiera revelación de Dios o que me llamara desde mi lugar para que saliera al frente para recibir una palabra de profecía. En definitiva, pensé que esa era la mejor o única manera de que Dios me hablara, puesto que personalmente no había conseguido escuchar o discernir la voz de Dios con respecto a mi futuro, así que estaba esperando que alguien me dijera lo que Dios me tenía que decir.


Tras compartir esta anécdota en alguna ocasión, creo que no me equivoco al pensar que no fui el único al que le pasó algo parecido, o quizás le esté pasando a usted ahora. Algunas personas viven o han vivido ansiosas en alguna etapa de sus vidas por saber cuál es su llamado de Dios o incluso por saber si realmente tienen un llamado de parte de Dios, y han estado o están deseosos de que el pastor o profeta de turno, preferiblemente extranjero (parece ser que el hecho de ser de afuera le da como más relevancia), les imponga las manos y le ore y le diga lo que va a ser el día de mañana.


Con el paso del tiempo pude comprender lo errado de esa situación, no sólo por pensar que Dios sólo puede hablarnos a través de sus siervos; lo puede hacer y lo hace, aunque no es la única manera ni la más habitual que Dios usa para hablarnos, pero lo cierto es que Dios mismo desea hablarnos directamente a nuestro corazón y tenemos el mismo acceso a Dios que cualquier otro hijo de Dios, ya sea profeta o sea el pastor más famoso del mundo, pero, el error no queda acá, comprendí que tenemos un concepto muy limitado o equivocado de lo que es el llamado de Dios. Generalmente creemos que sólo tenemos llamado de Dios si servimos a Dios en un ministerio específico de la iglesia con cierto grado de responsabilidad o si estamos desarrollando ese ministerio a tiempo completo dedicados a la obra de Dios.


Pero… ¿qué es realmente el llamado de Dios?


Es toda tarea que Dios ha asignado al hombre y que comprende cada uno de sus diferentes roles en las diferentes áreas de su vida, tales como el cuidado de su familia, su vocación, su carrera profesional, el trabajo como miembro de una iglesia local, su labor como ciudadano y su participación en la comunidad donde Dios lo ha colocado, por mencionar algunas cosas. Mi llamado viene determinado por mi propósito de vida. En término general, el llamado es la asignación dada por Dios para que llevemos a cabo dicho propósito.


Si mi llamado viene determinado por mi propósito de vida, ¿cuál es mi propósito de vida?


Es la razón por la que usted y yo fuimos creados, y esa razón es glorificar a Dios. Glorificar a Dios en todo cuanto somos se convierte en la brújula que da dirección a nuestro llamado y por ende a nuestra vida.


Y… ¿qué es glorificar a Dios?


La palabra gloria en relación a Dios en el Antiguo Testamento, da la idea de la grandeza de esplendor de Dios. En el Nuevo Testamento, la palabra traducida "gloria" significa "dignidad, honor, alabanza y adoración". Colocando las dos juntas, descubrimos que glorificar a Dios significa reconocer su grandeza y darle el honor alabándolo y adorándolo, principalmente porque él y solo él, merece ser alabado, honrado y adorado. La gloria de Dios es la esencia de su naturaleza, y le damos gloria al reconocer esa esencia. Damos gloria a Dios cuando proclamamos su verdad a este mundo y revelamos en nuestras vidas la esencia de Dios.


El ruego de Jesús al contemplar la cruz fue que Él pudiera glorificar a su Padre (Juan 17:1). Ese debe ser también el deseo de nuestro corazón. Cuando despertemos cada mañana, en las tareas más sencillas y en las más difíciles, el anhelo del cristiano debe ser que Dios sea glorificado en todo.


Cuando oramos por su glorificación, estamos diciendo: “Señor, haz lo que sea para que recibas mayor honra, y para que seas conocido”. Dios nos llama a alabar su nombre. Nosotros no podemos añadirle nada a su gloria, pero sí podemos proclamarla y revelarla. Lo honramos al adorarlo, al testificar de su obra en nuestra vida y al proclamar la verdad de su santa Palabra en nuestras comunidades. Con nuestras actitudes, acciones y palabras, tenemos el privilegio de mostrar a nuestro Padre misericordioso a un mundo que, aunque hostil, lo necesita desesperadamente.


Romanos 15:5-6 (RV60)

Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.


La pregunta que viene a la mente es si Dios tiene toda la gloria, lo cual es verdad, ¿cómo podemos "darle" gloria? ¿cómo podemos darle a Dios algo que desde el principio ya es de él? ¿por qué nos ha creado con el propósito de glorificarle?


La gloria de los hombres viene de la buena opinión de otros hombres. La gloria de un rey o de un presidente depende de la multitud de sus ciudadanos. Con Dios no es de esa manera: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo es suficiente para gloriarse a Sí mismo sin necesidad de criatura alguna, nosotros no podemos añadirle más gloria a Dios porque Él ya tiene toda la gloria. Entonces, si Dios no necesita que le glorifiquemos, ¿por qué nos ha creado con el propósito de glorificarle?


En una ocasión John Piper dijo esta magnífica ilustración: “Todo existe para magnificar la verdad y el valor y la belleza y la grandeza de Dios. No de la manera en que un microscopio magnifica, sino de la manera en que un telescopio magnifica. Los microscopios magnifican haciendo que cosas pequeñas luzcan más grandes de lo que son. Los telescopios magnifican haciendo que cosas inimaginablemente grandes luzcan como ellas realmente son. Los microscopios mueven la apariencia de tamaño lejos de la realidad. Los telescopios mueven la apariencia de tamaño hacia la realidad. Cuando digo que todas las cosas existen para magnificar la verdad y el valor y la belleza y la grandeza de Dios, yo quiero decir que todas las cosas existen para mover la apariencia de Dios en las mentes de las personas hacia la realidad”.


Así que, entendiendo mejor qué significa que Dios haya hecho todo para Su gloria, podemos entender que hacer algo para la gloria de Dios es hacerlo reconociendo y mostrando que Él vale más que todo lo demás. “No de la manera en que un microscopio magnifica, sino de la manera en que un telescopio magnifica”. En otras palabras, no tratando de mostrar a Dios más grandioso de lo que Él realmente es, porque eso es imposible, sino buscando mostrarlo de la forma más cercana a la realidad, tan grandioso como Él realmente es.


Todo lo que Dios pide de nosotros es que le glorifiquemos por todo lo que de Él hemos recibido. Dicho de otro modo, cuando la Biblia dice que obedezcamos, que le santifiquemos, que le sirvamos, que nos gocemos en Él, que nos deleitemos, es como si dijera una sola cosa: que en todo y para todo a Dios le demos la gloria. David lo entendía así, nótese: “Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y Tú eres excelso sobre todos” (1 Cro. 29:11).


Colosenses 1:15-16 (RV60)

Cristo es la imagen visible del Dios invisible. Él ya existía antes de que las cosas fueran creadas y es supremo sobre toda la creación, porque, por medio de él, Dios creó todo lo que existe en los lugares celestiales y en la tierra. Hizo las cosas que podemos ver y las que no podemos ver, tales como tronos, reinos, gobernantes y autoridades del mundo invisible. Todo fue creado por medio de él y para él.


1ª Corintios 1:9 (RV60)

Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.


Filipenses 1:21 (RV60)

Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.


Cristo es la razón de todo lo que somos, nosotros vivimos para mostrarle al mundo que Jesús es más precioso que la vida.

Jeremías 9:23-24 (RV60)

Así dice el Señor: No se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza; más el que se gloríe, gloríese de esto: de que me entiende y me conoce, pues yo soy el Señor que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra, porque en estas cosas me complazco —declara el Señor.


Salomón, el escritor de Eclesiastés, después de haberlo probado y tenido todo en la vida, llega a la conclusión de que la vida es vacía y no tiene ni sentido ni propósito, a no ser que uno conozca a Dios y lo obedezca. Así concluye su libro:


Eclesiastés 12:13 (RV60)

El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.


Salmo 1:1-3 (RV60)

Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.


¿Por qué prosperará? Porque Dios bendice este estilo de vida, es mi propósito obedecer su Palabra y es el fin de mi existencia. Por tanto, todos los seres humanos tenemos un propósito, otra cosa es que lo estemos viviendo y qué triste es una existencia sin vivir el propósito por el cual fuimos creados, es irritante, estresante, deprimente, y un montón de adjetivos más… Si tenemos un propósito, tenemos entonces también un llamado, recordemos que el llamado es la asignación dada por Dios para que llevemos a cabo dicho propósito. Entonces, ¿cuál es mi llamado? Es toda tarea que Dios ha designado al ser humano y que comprende cada uno de sus diferentes roles en las diferentes áreas de su vida (familia, iglesia, vocación, trabajo…)


Dijimos que mi propósito general es glorificar a Dios en toda área de mi vida, y que esto sólo es posible llevarlo a cabo a través de la amistad con Dios que es intimidad + obediencia. Toda tarea o área o rol que yo desempeño en la vida no son casualidad. Yo tengo una familia y tengo una esposa y unos hijos y esto no ha sucedido por casualidad, sino que en la soberanía de Dios a mí se me asignó esa familia desde antes de la fundación del mundo, por tanto, yo debo aceptar y servir a mi familia como Dios establece en su Palabra, ser un buen esposo tal como el Señor escribe en su Palabra, ser un buen padre de mis hijos como Dios dice en su Palabra, etc. Y todo esto es un llamado de Dios a mi vida. Lo mismo que con la familia, ocurre con mi trabajo, no estoy en esa empresa o trabajo por casualidad… tampoco en la iglesia a la que pertenezco, estoy ahí por casualidad, ni vivo donde vivo por casualidad, ni nada de lo que hago o soy es por casualidad… Por lo tanto, en todo aquello que Dios ha permitido que ejerza y desarrolle mi vida, yo tengo que glorificar a Dios como me enseña en su Palabra y como me vaya guiando el Espíritu Santo a tomar decisiones, y esto es mi llamado. Por lo tanto, todos tenemos llamado o mejor dicho tenemos varios llamados, según las áreas y roles de nuestras vidas.


Propósito y llamado específico:


Claro está que dentro de esos llamados, puede haber un llamado específico de Dios a servirlo en la iglesia de una forma determinada o en un ministerio determinado o puede ser que Dios me demande más de mi servicio a Él en una vocación o trabajo que me ha asignado fuera de la iglesia, Dios lo hace como quiere porque es soberano, pero nos equivocamos si pensamos que no tenemos llamado cuando Dios no nos llama a un ministerio específico dentro de la iglesia o servirlo a “tiempo completo” (entendiendo lo de servirlo a tiempo completo como dejar nuestro trabajo para dedicarnos a la iglesia), porque en realidad somos siervos de Dios las 24 horas del día. Así que todos tenemos llamado de Dios. Si Dios desea que realices algo concreto para él a nivel ministerio en la iglesia o fuera de ella, créeme que Dios se encargará de hacértelo saber si tú tienes una relación de amistad con Él, irá poco a poco guiando tus pasos hacia ese llamado específico.


1ª Corintios 10:31 (RV60)

Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.


Tú y yo hemos sido llamados para vivir un momento concreto de la historia, déjame que te lo muestre bíblicamente:


Hechos 13:36 (LBLA)

Porque David, después de haber servido el propósito de Dios en su propia generación, durmió, y fue sepultado con sus padres, y vio corrupción.


Gálatas 1:15-16 (RV60)

Pero cuando agradó a Dios, que me apartó (a Pablo) desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre…


Jeremías 1:5 (RV60)

Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.


Ester 4:14 (RV60)

Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino? Ester nació para ese propósito específico en ese tiempo en concreto, para la supervivencia del pueblo de Israel en la cautividad, puesto que iban a exterminarlos.


Gálatas 4:4 (RV60)

Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley…


Jesús vino cuando tenía que venir, ni antes ni después, así mismo ocurre contigo, conmigo y con todos los personajes bíblicos, vivimos cuando tenemos que vivir y con un propósito y llamado eterno de Dios. No estamos aquí por azar, piensa por un momento en que tu huella dactilar y tu iris son únicos en el mundo, entre 7 mil millones de personas que viven actualmente, pero aún voy más allá, nunca ninguna persona a lo largo de toda la historia de la humanidad ha tenido tu huella dactilar ni tu iris, piensa en esto… eso habla de lo único que eres para Dios y de que Dios te ha hecho para algo en concreto.


Salmo 139:16 (LBLA)

Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos.


Mateo 6:27 (LBLA)

¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida?


Eclesiastés 3:1 (LBLA)

Hay un tiempo señalado para todo, y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo.


Aún Faraón (pagano) tenía un propósito de Dios en su vida aunque ni él mismo lo supiera:


Romanos 9:17 (RV60)

Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.


¿Cómo descubro mi llamado “específico”?


Hay 4 pasos para descubrir tu llamado específico y esto no es una cosa instantánea, sino un proceso y un camino de vida:


• AMISTAD CON DIOS (INTIMIDAD Y OBEDIENCIA).

• MADUREZ PERSONAL Y ESPIRITUAL.

• ESTAR ATENTOS AL DESEO QUE DIOS PONE EN NUESTROS CORAZONES.

• ESPERA EN DIOS, NO TE APRESURES.


Filipenses 2:13 (RV60)

Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.


QUERER viene del griego “théto” que significa: deseo y presionar para realizar algo, es decir, Dios pone el deseo en nuestros corazones por algo muy específico y no se queda ahí, sino que además nos presiona, nos empuja, para llevarlo a cabo.


HACER viene del griego “energéo” que significa: llevar a cabo, es decir, no solamente te empuja a eso, sino que además te da la capacidad para poder llevarlo a cabo.

Cuando caminas en tu llamado, sientes que si te quitan eso te mueres, hay un deseo tan fuerte en tu corazón que si dejaras de hacer eso tendrías la sensación de ser inútil. Algo parecido le ocurrió a Jeremías, él experimentó lo difícil de ser profeta de Dios en medio de un pueblo rebelde y alejado de Dios, y tuvo el deseo de dejar de llevar a cabo ese llamado de Dios, sellado desde el vientre de su madre como hemos leído anteriormente en Jeremías 1:5, pero a pesar de ese deseo de desistir, contrariamente sentía que no podía dejar de hacerlo como leemos aquí:


Jeremías 20:9 (NTV)

Sin embargo, si digo que nunca mencionaré al Señor o que nunca más hablaré en su nombre, su palabra arde en mi corazón como fuego. ¡Es como fuego en mis huesos! ¡Estoy agotado tratando de contenerla! ¡No puedo hacerlo!


Además de todo esto, es muy importante no apresurarse aun cuando sepamos que Dios nos ha llamado a hacer algo en concreto. Un ejemplo de esto lo tenemos en Hechos 16:6-7 (RV60) cuando Pablo en uno de sus viajes misioneros, predicando el evangelio de ciudad en ciudad, va en dirección a una ciudad y el Espíritu Santo se lo impide; ¿estaba Pablo haciendo algo malo? No, él quería predicar el evangelio en esa ciudad, pero el Espíritu Santo tenía otro momento para esa ciudad y quizás otra persona llevaría el evangelio allí. Esto nos habla de lo importante de hacer las cosas a la manera de Dios y no a la nuestra y en el tiempo de Dios y no en el nuestro. Si hacemos todo esto podemos estar seguros de que se cumplirá el propósito de Dios en nosotros (Salmos 138:8).


¿Por qué existen cristianos insatisfechos?


• No viven el propósito de Dios en su vida.

• No lo llevan a cabo a la manera de Dios.

• No lo realizan en el tiempo de Dios. Como decía un famoso ateo, Bertrand Russell: “A menos que se dé por hecho la existencia de Dios, la búsqueda del Propósito de vivir no tiene sentido.”

El conocer nuestro propósito y llamado nos llevará a:

• Conocer nuestras responsabilidades y organizar nuestras prioridades.

• Usar bien nuestro tiempo y recursos.

• Tomar buenas decisiones.


Conclusión


Concluimos diciendo que el éxito en la vida solamente se consigue cuando yo cumplo con mi llamado. No se trata de activismo, no se trata de hacer muchas cosas, se trata de hacer lo que Dios te dijo que hicieras, ni más ni menos. Un coche viejo puede hacer mucho ruido, y apenas moverse, como dice el refrán mucho ruido y pocas nueces. En Japón, por ejemplo, que es un país altamente productivo, la gente es adicta al trabajo, curiosamente es el país con más suicidios del mundo, entre 80 a 90 personas se suicidan allí cada día, 3 o 4 personas por hora, ¿por qué? Porque no se trata de hacer, se trata de ser lo que Dios quiere que seas, y hacer lo que Dios quiere que hagas.


Profesor: Josué Sánchez


Bibliografía:

Miguel Núñez, Siervos para su gloria,

Rick Warren, Una vida con propósito,

https://www.encontacto.org/lea/revista/devocionales-diarios/dar-la-gloria-a-dios

https://josuebarrios.com/hacer-algo-para-gloria-de-dios/

https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/su-gloria-es-mi-beneficio/n

https://www.gotquestions.org/Espanol/glorificar-a-Dios.html


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© 2018 por JOSUÉ SÁNCHEZ CONESA

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