Lección 2 El nacimiento de la iglesia 1ª Parte | Hechos

Actualizado: 22 de oct de 2019



Nota: Recordamos que acá hay un resumen de lo impartido en la clase, pero que para adquirir mayor comprensión y profundidad de la lección os animamos a que podáis escuchar el audio de la clase.




Hoy vamos a hablar del nacimiento de la Iglesia y para ello vamos a comenzar leyendo:


Hechos 1:1-8 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.


Vamos a destacar el versículo 8:

Esta promesa del Espíritu la encontramos ya en el evangelio, Jesús ya les había informado que vendría sobre ellos el Espíritu Santo y que este momento iba a ser crucial y de vital importancia para lo que ahora en adelante iba a suceder.


El Señor les dice a sus discípulos, no os mováis de aquí (Jerusalén), hasta que descienda el Espíritu de Dios sobre vuestras vidas, porque sin Él nada podéis hacer para la gloria de mi nombre.


Ahora bien, ¿de qué se trataba ese poder que nos relata el versículo 8?

La palabra "poder" en el original en griego es "dunamis" y significa: capacidad para completar la tarea.


Curiosamente de la palabra "dunamis" se deriva muchos siglos después la palabra "dinamita". Lo gracioso de esto es que a veces predicadores enseñan que tenemos dinamita por dentro, cuando en los tiempos de los apóstoles ni existía la dinamita, ya que la fuerza era animal o humana, aún no habían sido inventadas las armas de fuego ni tenían elementos explosivos como la dinamita. Y parecerá una tontería pero de esa pequeña enseñanza surge luego la idea de que con el Espíritu Santo somos capaces de hacer cualquier cosa porque tenemos un poder impresionante dentro de nosotros y que si no lo usamos es por falta de fe y la verdad que esto es casi como elevarnos a la figura de dioses. Ese poder del que habla Jesús que les iba a ser concedido por medio del Espíritu Santo era ni más ni menos que el poder testificar de Cristo al mundo, siendo esta una tarea bien difícil que iba a requerir incluso la vida de los testigos. Por medio del Espíritu Santo recibimos el poder para llevar a cabo la obra de Dios, testificar al mundo de Jesús, Dios nos da el coraje, la valentía, la pasión y la capacidad para llevar a cabo esa tarea de testificar, ya sea a un vecino o a una multitud. Ese es el contexto del cual le habla aquí Jesús a sus discípulos.


El poder del Espíritu es la energía y autoridad de Dios liberadas en la vida de los creyentes con el propósito de que vivan con rectitud y tengan un servicio fructífero. Cuando andamos en el Espíritu, confiamos en su poder para cumplir la voluntad de Dios. Como resultado, experimentamos los siguientes beneficios:


Nos cansamos, pero no desfallecemos.

Confiamos en Dios, en vez de tratar de manipular nuestras circunstancias.

Experimentamos circunstancias difíciles, pero no nos desesperamos.

No nos agobiamos con desánimo, pues sabemos que el Espíritu en nosotros nos capacita para hacer lo que nos ha llamado a hacer.


Si hacemos el trabajo de Dios con su poder, a su manera y con su sabiduría, seremos bendecidos sin importar lo que suceda a nuestro alrededor. Caminar en el Espíritu no significa que la vida será fácil, sino que nunca tendremos que transitarla solos, porque nuestro Ayudador siempre estará con nosotros.


Ahora bien, hablemos de la palabra "testigo":



Es vital que lo hayamos experimentado de verdad, que Dios realmente sea para nosotros el centro de nuestra vida, el camino, la verdad y la vida. Si esto no es así, seríamos como un vendedor que no se cree el producto que vende, no tiene credibilidad en sus palabras, eso se percibe por mucho que queramos disimularlo, por eso es tan necesario a la hora de testificar que estemos realmente enamorados de Cristo, sino mejor callarnos y buscar a Dios para que cambie nuestro corazón.


Mártir significa: alguien que muere defendiendo su verdad, es decir, lo da todo, si hace falta su propia vida por esa verdad.


Así que cuando Jesús les habla a sus discípulos de ser testigos, les estaba transmitiendo esta idea también, ellos sabían lo que esto representaba, sus vidas pasaban a un segundo plano, y ellos aceptaron el reto, estaban dispuestos a darlo todo por Jesús, el camino, la VERDAD, y la vida.


Ahora bien, ¿qué significa "iglesia"?


Así que esto nos debe recordar de que tú y yo como iglesia, hemos sido llamados a fuera a ser testigos de Cristo, ese es nuestro llamado, y el nombre comunitario que Dios nos da al cuerpo de Cristo, a cada uno de sus hijos, nos lo recuerda, por eso es bueno que cada mañana al levantarnos recordemos que somos iglesia, y el significado de ese nombre, porque andamos muchas veces en cualquier cosa, centrados en nuestras propias vidas y nos olvidamos cuál es nuestro llamado; llamados a ser testigos.


Vamos a seguir leyendo en Hechos 1:9-14

Hechos 1:9-14 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. 10 Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, 11 los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. 12 Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo. 13 Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. 14 Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.


Aquí resalta o llama la atención algo, y es que esos discípulos que antes salieron huyendo cuando arrestaron a Jesús, ya no eran los mismos. Antes se dormían cuando Jesús les pedía que orasen junto a Él, incluso se peleaban u discutían entre ellos... ahora todo ha cambiado de repente.



¿Por qué ese cambio repentino?


Después de los 40 días que Jesús estuvo con ellos después de la resurrección y antes de la ascensión al cielo, allí se produce el cambio en ellos porque ahora ellos han entendido realmente quien es Jesús. Jesús era Dios hecho hombre. Hasta ese momento ello no lo habían adorado, en ningún momento se ve en los evangelios que ellos adorasen a Jesús, porque ellos sabían muy bien por la Ley de Moisés que solamente se podía adorar a Dios, pero veamos qué sucede aquí después de la resurrección:


Ellos lo adoraron porque entendieron quién era realmente Jesús y esto cambió por completo sus vidas, esa convicción junto a la posterior promesa del Espíritu Santo morando en ellos iba a ser la clave para que pudiesen vivir vidas agradables a Dios como instrumentos útiles del Señor hasta la muerte si lo requería.


Si tuviéramos que resumir los 40 días antes de la ascensión de Jesús con ellos, sería algo así como un discipulado intensivo:




Hermanos, si tuviéramos en cuenta de verdad este discipulado, si lo viviéramos con todas las implicaciones y profundidad de esas afirmaciones, no necesitaríamos ningún discipulado ni curso más, nuestras vidas estarían bien centradas, camino a la meta.


Hemos sido llamados a predicar el evangelio, pero compartir el evangelio sin luego enseñar este discipulado, es como hacer una tarea incompleta. Es en este discipulado donde muchos dejan el camino, donde renuncian porque no están dispuestos a darlo todo por el Señor, no lo han entendido bien, quizá simpatizaron y fueron conmovidos con el Cristo que moría por nosotros y pagaba el precio de todos nuestros pecados, pero y ¿qué de el Cristo que pide nuestra vida? Cuando uno entiende realmente quién es Él, esto no es un problema, está dispuesto a dar su vida por Aquel que lo dio TODO por nosotros, ¿será difícil este camino? Por supuesto, pero tenemos la capacidad para caminarlo hasta el final porque nos ha dado al Espíritu Santo para que nos ayude y acompañe hasta el final, ¡gloria a Dios!


Los discípulos entendieron bien este llamado de "Id y haced discípulos..." y predicaron el evangelio completo, es decir, la salvación por Cristo, más este discipulado, a lo que en el libro de Hechos se le conoce como el "evangelio del reino de Dios".




Vamos a dejarlo aquí y en la siguiente clase continuaremos hablando acerca del nacimiento de la iglesia.

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© 2018 por JOSUÉ SÁNCHEZ CONESA

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