Lección 14 Pablo prisionero y su viaje a Roma | Hechos





En la clase anterior concluimos el tercer y último viaje misionero de Pablo. Hoy vamos a ver su arresto en Jerusalén y un tiempo y período largo en el que permanece en prisión hasta que es llevado a Roma, para ser juzgado ante el César, ante Nerón. Allí en Roma pasa dos años también bajo arresto. En total vamos a cubrir desde el capítulo 21:15 hasta el final del libro de Hechos, un total de 8 capítulos, destacando lo más importante de este último período en la vida de Pablo y el final del libro de Hechos. Hoy vamos a concluir con esta asignatura.

Vamos a comenzar leyendo en Hechos 21:17-21

17 Cuando llegamos, los hermanos de Jerusalén nos dieron una calurosa bienvenida. 18 Al día siguiente, Pablo fue con nosotros para encontrarnos con Santiago, y todos los ancianos de la iglesia de Jerusalén estaban presentes. 19 Después de saludarlos, Pablo dio un informe detallado de las cosas que Dios había realizado entre los gentiles mediante su ministerio. 20 Después de oírlo, alabaron a Dios. Luego dijeron: «Tú sabes, querido hermano, cuántos miles de judíos también han creído, y todos ellos siguen muy en serio la ley de Moisés; 21 pero se les ha dicho a los creyentes judíos de aquí, de Jerusalén, que tú enseñas a todos los judíos que viven entre los gentiles que abandonen la ley de Moisés. Ellos han oído que les enseñas que no circunciden a sus hijos ni que practiquen otras costumbres judías.

Veamos aquí varias cosas que están pasando. En primer lugar, Lucas habla como que forma parte del grupo: “llegamos”, “fue con nosotros”… recordemos que ha pasado bastante tiempo, varios años, entre 6 a 8 años, en donde Lucas al parecer se quedó pastoreando la iglesia de Filipos en el segundo viaje misionero y por lo visto terminó su etapa de pastor en esa iglesia y se une a Pablo de retorno a Jerusalén. Es curioso que esto que sucede con Lucas era una práctica muy común entre las iglesias que se fueron fundando en este primera etapa de la iglesia de Cristo. Lucas, Pablo, Timoteo, así como otros siervos de Dios, estuvieron tiempo pastoreando en un lugar y luego iban a otro, no tenían problema en dejar su pastorado a cargo de otras personas, porque entendían que la iglesia no era suya, sino de Cristo, y qué importante es a día de hoy esto, que el liderazgo de las iglesias entiendan que las iglesias no son suyas, sino del Señor. No digo que tenga que ocurrir esta práctica como norma en todo lugar o en toda iglesia, pero sí que es cierto que es bueno y sano cuando Dios permite que esto suceda, uno como líder y pastor no tiene que aferrarse a la iglesia que Dios le ha concedido que pastoree hasta que el Señor lo decida. Así como la iglesia tampoco debe aferrarse a su pastor porque el eje central de la congregación no es él, sino el Señor, independientemente de quién la pastoree.

En segundo lugar, ¿qué está pasando aquí? ¿qué está ocurriendo con los creyentes de Jerusalén? Por lo que nos dice el verso 20, muchos judíos, miles de ellos, habían creído en Jesús, y todos ellos seguían muy en serio la ley de Moisés, recordemos una vez más que para los judíos el cristianismo no rompió con sus tradiciones basadas en la Ley de Moisés, sino que era cumplimiento de ellas, para ellos la ley no era un medio de salvación, pero si el modo de vida divinamente ordenado por Dios para su pueblo, ellos guardaban la ley moral, guardaban la ley ritual en concordancia con la ley mosaica, no para salvación, sino porque así veían ellos que Dios había establecido la manera de vivir, pero habían dos problemas acá, uno, que habían dado un falso rumor de que Pablo enseñaba a los judíos que abandonaran sus costumbres judías, lo cual no era cierto, Pablo solamente enseñaba que las leyes y costumbres no eran necesarias para ser salvo, solamente era por medio de la fe en Jesucristo, pero Pablo guardaba la ley y costumbres judías con el fin de no ofender a quienes deseaba alcanzar con el evangelio, y porque como judío todavía le daba valor a todo ello. Y la segunda cosa que está pasando aquí, es que ellos a pesar de haber creído en Jesucristo, todavía estaban muy aferrados a su cultura judía y miraban todavía con recelo a los gentiles, sus leyes y costumbres les daban cierto estatus de pueblo elegido y diferente al resto de naciones, y eso se podía convertir en un gran problema si es que terminaban confiando en eso en vez de en la gracia de Cristo.

Los versos siguientes nos narran que estando Pablo en el templo se forma una turba en su contra que acaba siendo un gran disturbio y hasta están a punto de matarlo. El falso rumor acerca de Pablo es acrecentado con más mentiras, hasta el punto que dicen que Pablo está en contra de los judíos y de su templo. Los soldados romanos tuvieron que levantar a Pablo sobre sus hombros para protegerlo porque si no lo mataban.

Pablo, una vez hecho silencio, se defiende ante toda esa multitud dando un discurso en arameo, la lengua que usaban los judíos, y en ese discurso él explica lo que había predicado por todo el imperio, para hacerles ver que estaban equivocados y que eran falsos esos rumores. El capítulo 22 de Hechos es el que narra ese discurso, hasta que Pablo llega a la parte donde dice que el Señor le había enviado a predicarle a los gentiles. En ese momento dice el versículo 22: La multitud escuchó hasta que Pablo dijo esta palabra (gentiles). Entonces todos comenzaron a gritar: «¡Llévense a ese tipo! ¡No es digno de vivir!». 23 Gritaron, arrojaron sus abrigos y lanzaron puñados de polvo al aire.

En ese momento el comandante romano se lleva adentro a Pablo y ordena que lo azoten, pero Pablo le dice que es romano; recordemos que Pablo tenía la ciudadanía romana, y eso lo eximía de este castigo sin un juicio previo ante el César.

No sé si os acordáis pero en el segundo viaje misionero, Pablo estando en Filipos fue azotado con varas y no dijo nada acerca de su ciudadanía romana, porque entendió que debía sufrir en ese momento por amor a Cristo y por un propósito que Dios tenía en esa cárcel de Filipos como ya vimos en la historia. Ahora, Pablo no apela a su ciudadanía romana por temor al castigo, sino porque no había razón para someterse a ese castigo, la razón del castigo no era porque fuese cristiano, si así fuese, Pablo no hubiera renunciado a ser castigado, así que la razón por la que él dice que es romano es por lo que nos cuenta el verso 24 “El comandante llevó a Pablo adentro y ordenó que lo azotaran con látigos para hacerlo confesar su delito. Quería averiguar por qué la multitud se había enfurecido.” Es decir, esperaban que Pablo dijese la verdad, no lo iban a azotar por ser cristiano, lo iban a azotar para que Pablo confesara la verdad, pero Pablo en su discurso ya había dicho la verdad.

No conforme con esto, el comandante romano al día siguiente lo presenta ante el Sanedrín, es decir, ante el Concilio Supremo de los principales sacerdotes judíos, para averiguar de qué se trataba el problema. Y estando ante ellos sucede lo siguiente, leamos Hechos 23:1-5: 1 Mirando fijamente al Concilio Supremo, Pablo comenzó: «Hermanos, ¡siempre he vivido ante Dios con la conciencia limpia!».

Lo primero que Pablo hace es defender su testimonio, su conciencia estaba limpia, no estaba mintiendo, era injusto todo lo que se estaba vertiendo sobre él, todos esos rumores y revueltas no eran por una causa justa, y recordemos que este asunto es vital como cristianos. Podrán decir lo que quieran de nosotros, inventaran cosas, y seguramente lo harán, porque este mundo va a manifestarse cada vez más de forma implacable contra la iglesia de Cristo, el espíritu del anticristo está permeando a todos los ámbitos de la sociedad, pero como discípulos debemos vivir íntegramente y con la conciencia limpia si es que queremos representar a Cristo y llevar el evangelio con eficacia. Pablo podía decir que su conciencia estaba limpia con la mano en el fuego, ¿podríamos hacer una declaración tal como esa tú y yo? Si no es así, estamos a tiempo de arrepentirnos y que la gracia de Dios nos cubra y nos ayude para vivir íntegramente en este mundo necesitado de personas íntegras.

2 Al instante, Ananías, el sumo sacerdote, ordenó a los que estaban cerca de Pablo que lo golpearan en la boca. 3 Pero Pablo le dijo: «¡Dios te golpeará a ti, hipócrita corrupto! ¿Qué clase de juez eres si tú mismo infringes la ley al ordenar que me golpeen así?». 4 Los que estaban cerca de Pablo, le dijeron: —¿Te atreves a insultar al sumo sacerdote de Dios? 5 —Lo siento, hermanos. No me había dado cuenta de que él es el sumo sacerdote —contestó Pablo—, porque las Escrituras dicen: “No hables mal de ninguno de tus gobernantes”.

Lo segundo que vemos en este texto es una reacción humana natural de Pablo, recordemos que era de carne y hueso y cuando te pegan te pica y te enojas y más si lo hacen sin razón. Aquí Pablo no recurre a la violencia, sino a declarar la injusticia ante el Sumo Sacerdote que estaba comportándose de manera hipócrita, siendo el primero que tenía que dar ejemplo. Pablo no tenía pelos en la lengua, esta era una característica de Pablo, como cuando no dudó en corregir a Pedro ante su actitud hipócrita con los gálatas, como nos narra la epístola de Gálatas. Esto no significa que como Pablo tenemos que andar corrigiendo a todos y sin pelos en la lengua, la Biblia nos enseña a ser prudentes, pero también a corregir a nuestro hermano con amor. Lo que sí aprendemos de toda esta situación es que para corregir y poder exhortar a otro, es necesario que por lo menos en aquello en que juzgamos a otro, vivamos rectamente, que tengamos una conciencia limpia, sino estaríamos actuando hipócritamente, juzgando algo que ni siquiera nosotros hacemos.

Ahora aquí hay algo interesante, el verso 5 dice que Pablo no se había dado cuenta de que era el Sumo Sacerdote y le pide disculpas. Es muy poco probable de que Pablo no supiera quién era el sumo sacerdote por las ropas, por la apariencia, por la pompa que solían tener, ¿qué está pasando entonces? Siempre se ha dicho a través de la tradición, que Pablo tenía un profundo problema en la visión que no le permitía ver con claridad, este es el famoso aguijón en la carne de Pablo, y por esta causa no reconoció al Sumo Sacerdote.

Después de este incidente, Pablo aprovecha su pasado fariseo, para de forma sagaz, inteligente, perspicaz, hacer que el Concilio se dividiera entre ellos, puesto que habían fariseos y saduceos, dos grupos religiosos que diferían en ciertos asuntos. Así que los fariseos se pusieron a favor de Pablo pero con el paso de la discusión entre ellos parece ser que la cosa se puso tan seria y peligrosa que el comandante romano decide que se lleven a Pablo corriendo o sino lo iban a descuartizar.

Esa noche el Señor le dice a Pablo que tenga ánimo a pesar de lo que estaba viviendo, porque Él lo iba a usar para predicar el evangelio en Roma. Hechos 23:11: Esa noche el Señor se le apareció a Pablo y le dijo: «Ten ánimo, Pablo. Así como has sido mi testigo aquí en Jerusalén, también debes predicar la Buena Noticia en Roma».

El Señor alienta el corazón de Pablo porque recordemos una vez más que Pablo era de carne y hueso, y le dice: no te preocupes tú has sido fiel conmigo aquí en Jerusalén, vas a ir a Roma a ser mi testigo, todavía tienes una misión que cumplir. Pero cuando nosotros seguimos leyendo la historia, vemos que la llegada a Roma no fue sino dos años después, no fue a la semana siguiente, ni a los pocos meses, ni al año, sino a los dos años, pasados dos años Pablo seguía preso con su vida en peligro, pero el Señor le había dicho que él iba a ir a Roma y esta pequeña frase del Dios soberano, definitivamente tiene que haber sostenido a Pablo durante todo este tiempo. Las promesas de Dios siempre se cumplen hermanos, y eso debe de sostenernos, su Palabra es fiel y se cumplirá.

En medio de la prueba o la dificultad el Señor siempre nos va a mostrar el camino, el Señor siempre nos va a mostrar su voluntad y nos dará esperanza, nos recordará que Él está con nosotros, que ni un cabello de nuestra cabeza caerá si no es Él el que lo permite, que Él está en cuidado de nuestra situación y que por eso podemos tener ánimo, aunque la promesa y su voluntad se demoren y parezca que nunca va a llegar la respuesta o el momento de su cumplimiento.

A la mañana siguiente se forma un complot para matar a Pablo que llega a oídos del sobrino de Pablo. El sobrino de Pablo va a la cárcel, habla con su tío Pablo y le cuenta lo que están tramando y luego Pablo le pide que se lo cuente al comandante romano. El comandante decide esa misma noche mandara Pablo en secreto y custodiado a la ciudad de Cesarea, donde se encontraba la prisión provincial y donde estaba gobernando Félix. Así es como llega Pablo a la ciudad de Cesarea, donde va a pasar como ya hemos dicho, nada más y nada menos que dos años encarcelado.

Leamos Hechos 24:26-27:

26 (Félix) esperaba que Pablo lo sobornara, de modo que lo mandaba a llamar muy a menudo y hablaba con él. 27 Pasaron dos años así, y Félix fue sucedido por Porcio Festo. Y, como Félix quería ganarse la aceptación del pueblo judío, dejó a Pablo en prisión.

Esa actitud de Félix es tristemente una de las cosas más comunes en el ser humano, el querer ganarse la aceptación de los demás, es algo que comienza desde el mismo momento en el que uno comienza a ser adulto, en la etapa de la adolescencia, quiere ser aceptado por sus pares, por sus amigos, no quiere ser rechazado o ser visto como un bicho raro. Una vez siendo adultos, no queremos tampoco que nos vean como bichos raros, no nos gusta que los demás tengan una mala opinión de nosotros, somos a veces incluso capaces de comprometer nuestras convicciones por no ser rechazados, el ser humano en líneas generales vive pensando en qué dirán los demás, por eso esta generación es una generación que vive de las apariencias, las redes sociales han fomentado eso o mejor dicho han sacado a relucir este problema en nuestros corazones. Tenemos que tener cuidado si en nosotros está esa tendencia pecaminosa, ese defecto en nuestro corazón, y debemos hacernos eco de las palabras del mismo apóstol Pablo en Gálatas 1:10 donde dijo: Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo.

Leamos ahora Hechos 25:1-12:

Tres días después de que Festo llegó a Cesarea para asumir sus nuevas funciones, partió hacia Jerusalén, 2 donde los sacerdotes principales y otros líderes judíos se reunieron con él y le presentaron sus acusaciones contra Pablo. 3 Le pidieron a Festo que les hiciera el favor de trasladar a Pablo a Jerusalén (ya que tenían pensado tenderle una emboscada y matarlo en el camino). 4 Pero Festo respondió que Pablo estaba en Cesarea y que pronto él mismo iba a regresar allí. 5 Así que les dijo: «Algunos de ustedes que tengan autoridad pueden volver conmigo. Si Pablo ha hecho algo malo, entonces podrán presentar sus acusaciones». 6 Unos ocho o diez días después, Festo regresó a Cesarea y, al día siguiente, tomó su lugar en la corte y ordenó que trajeran a Pablo. 7 Cuando Pablo llegó, los líderes judíos de Jerusalén lo rodearon e hicieron muchas acusaciones graves que no podían probar. 8 Pablo negó los cargos. «No soy culpable de ningún delito contra las leyes judías, ni contra el templo, ni contra el gobierno romano», dijo. 9 Entonces Festo, queriendo complacer a los judíos, le preguntó: —¿Estás dispuesto a ir a Jerusalén y ser juzgado ante mí allá? 10 Pero Pablo contestó: —¡No! Esta es la corte oficial romana, por lo tanto, debo ser juzgado aquí mismo. Usted sabe muy bien que no soy culpable de hacer daño a los judíos. 11 Si he hecho algo digno de muerte, no me niego a morir; pero si soy inocente, nadie tiene el derecho de entregarme a estos hombres para que me maten. ¡Apelo al César! 12 Festo consultó con sus consejeros y después respondió: —¡Muy bien! Has apelado al César, ¡y al César irás!

Sólo quiero destacar algo en todo esto, como vemos, los judíos pasados dos años aún estaban viendo la forma de quitarse de en medio a Pablo, su odio no había cesado dos años después, al contrario, posiblemente su odio no les dejaba ni dormir ideando la manera de matar a Pablo. Así es como trabaja el odio y el rencor en los corazones, nos hace cautivos y presos, nos esclaviza hasta que cumple sus viles deseos. No hay nada más esclavizante que el pecado, y tenemos que darle gracias a Dios que nos liberó de la esclavitud del pecado y que el pecado no puede enseñorearse de nosotros como dice en Romanos 6:17-19 (NVI): 17 Pero gracias a Dios que, aunque antes eran esclavos del pecado, ya se han sometido de corazón a la enseñanza que les fue transmitida. 18 En efecto, habiendo sido liberados del pecado, ahora son ustedes esclavos de la justicia. 19 Hablo en términos humanos, por las limitaciones de su naturaleza humana. Antes ofrecían ustedes los miembros de su cuerpo para servir a la impureza, que lleva más y más a la maldad; ofrézcanlos ahora para servir a la justicia que lleva a la santidad.

Entonces, algunos se preguntarán, ¿cómo es que hay cristianos que viven toda su vida con rencor y odio en sus corazones si ya no son esclavos del pecado? Un cristiano que vive toda su vida con rencor y odio en su corazón hacia otras personas es una contradicción de términos, si esto se está dando es posible que la gracia de Dios no haya impactado la vida de esa persona, su fe no está dando frutos, y por los frutos se conoce el árbol como dice la Palabra de Dios. La pregunta más correcta sería, ¿cómo es que hay cristianos que viven temporalmente con rencor y odio en sus corazones si ya no son esclavos del pecado? Esta circunstancia se puede dar perfectamente y de hecho es común que el cristiano permanezca en pecados temporalmente, pero esto no debe ser algo permanente en su vida porque si así fuera, entonces nuestra fe y conversión se pondría en tela de juicio a la luz de la Palabra. Quiero enfatizar algo aquí, esta circunstancia de andar, por ejemplo, con rencor en el corazón, es común porque la hemos hecho común nosotros debido a nuestra carnalidad aún como cristianos, pero no debe ser algo común, no sé si me explico; se da la circunstancia que las enemistades y pleitos entre cristianos han sido numerosas y evidentes en nuestro caminar con el Señor, pero el hecho de que haya sido un hecho común, no lo convierte en lo que tiene que ser común en un hijo de Dios, que como tal debe estar caracterizado por el amor, la gracia y el perdón.

El apóstol Pablo, autor de ese texto que hemos leído en Romanos, dice que él sabe cuán difícil puede ser no vivir en pecado, porque él luchó con eso incluso después de que se convirtiera en un seguidor de Cristo. La única manera en que podemos ser libres del poder del pecado es por el poder del Espíritu Santo que le es dado a los creyentes en el momento en que llegamos a la fe en Cristo. La presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas significa que, a medida que crecemos en nuestra fe y llegamos a amar a Dios cada día más, tendremos la fuerza producida por el Espíritu Santo para resistir cada vez más el pecado. A través de la obra del Espíritu Santo, estamos siendo fortalecidos para resistir el pecado, para no ceder a la tentación y vivir según la palabra de Dios. Los pecados comunes los vamos a detestar cada vez más, y poco a poco habrá un deseo en nuestro corazón de no querer hacer nada que pueda obstaculizar nuestra comunión con Dios o que le ofenda al Señor. Por tanto, a medida que crecemos en nuestra relación con el Señor, el pecado de rencor, así como cualquier otro pecado, no tiene cabida, sí o sí tiene que desaparecer. A medida que maduremos en Cristo, nos ofenderemos menos y perdonaremos más rápido.

Como seguidores de Cristo cuando nos comprometemos a crecer y madurar en nuestra fe, leyendo y estudiando la palabra de Dios cada día y pasar tiempo en oración con él, nos encontraremos que cada vez seremos capaces de mantenernos en el poder del Espíritu Santo y resistir el pecado. Las victorias diarias sobre el pecado que tenemos en Cristo, nos alentarán, nos fortalecerán y demostrarán de una manera poderosa que ya no somos esclavos del pecado, sino que somos esclavos de Dios.

Volviendo a la narración de Hechos, el resto del capítulo 25 y el capítulo 26 nos narran el resto del tiempo que permanece preso Pablo hasta que es enviado a Roma. Durante ese tiempo tiene la oportunidad de exponer su caso ante el Rey Agripa. Este Rey Agripa era Herodes Agripa II, bisnieto de Herodes el Grande. Gobernaba unos territorios al nororiente de Judea y también tenía autoridad sobre la vida religiosa de los judíos, controlaba el templo y la tesorería del templo y podía designar y quitar al sumo sacerdote. Este Rey Agripa después de escuchar a Pablo cree que no ha hecho nada que merezca la muerte o la cárcel y le dice a Festo que si no llegar a apelar a César podría haber sido puesto en libertad.

Después de todo esto llegamos al capítulo 27 en donde nos narra el viaje de Pablo a Roma, un viaje que fue un absoluto caos por todas las cosas que pasaron en el mar, estuvieron a punto de naufragar y morir, pero una vez más la mano soberana de Dios estaba sobre Pablo porque tenía una misión todavía que cumplir. Leamos Hechos 27:20-25 (RV&60): 20 Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos. 21 Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida. 22 Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. 23 Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, 24 diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. 25 Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.

Me encanta lo que dice Pablo en el versículo 23, “el Dios de quien soy”. Gloria a Dios porque tú y yo somos propiedad de Él, le pertenecemos, somos la niña de sus ojos y ni tú ni yo moriremos hasta que cumplamos con la misión que Dios ha determinado en nuestras vidas, nada se escapa del control de Dios. Ninguna tormenta, ningún tsunami, ningún virus ni pandemia, quitarán tu vida si Dios no lo permite, porque es Dios quien determina el paso de nuestras vidas por esta tierra, y si todavía tienes una misión que cumplir, Dios se encargará de que así sea. Y si morimos bajo esas circunstancias, es porque teníamos que morir, ya hicimos cuanto teníamos que hacer, como hijos de Dios, llegamos al final de nuestra carrera porque así lo decidió Dios. Nuestra carrera en esta vida pasajera no la determinan nuestros deseos o nuestras perspectivas cristianas y de servicio a Él, sino que la determina Dios y cuando Dios diga, “Game Over”, entonces se habrá acabado el juego, mientras tanto, tendremos vida extra.

Nos narra el resto del capítulo 27 que naufragan en la isla de Malta y que nadie perece, nadie muere, tal como Dios le había dicho a Pablo. Por si no nos quedaba clara la soberanía de Dios sobre la vida y la muerte y la protección de sus hijos, nos la vuelve a recordar nada más llegan a la playa tras el naufragio. Dice en Hechos 28:3-6 (RV60):

3 Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano. 4 Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir. 5 Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció. 6 Ellos estaban esperando que él se hinchase, o cayese muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios.

Como vemos, una vez más, Dios cuidando a Pablo, no era su hora de morir, tenía una misión que cumplir.

Me hace gracia como la gente se afana en cuidar sus cuerpos para vivir cuantos más años sea posible como si tuvieran control de su vida. No se trata de cuánto te cuides, y con esto no quiero motivar o transmitir la idea de que no tenemos que ser responsables y cuidar nuestros cuerpos, sino que por mucho que nos cuidemos, no podemos ni alargar una hora al curso de nuestras vidas, moriremos cuando tengamos que morir, como dice en Lucas 12:25 (LBLA): 25¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida?

No voy a entrar en el hecho de que esta gente pensó que Pablo era un dios, pero estos habitantes de Malta eran muy supersticiosos e idólatras.

Tres meses después zarparon dirección a Roma. Llegado a Roma se reúne con los líderes judíos locales y les informa de por qué está allí y lo que había sucedido con él en Jerusalén, etc. Y ellos responden lo siguiente, Hechos 28:21-22 (NTV): 21 Ellos respondieron: —No hemos recibido ninguna carta de Judea ni ningún informe en tu contra de nadie que haya venido por aquí; 22 pero queremos escuchar lo que tú crees, pues lo único que sabemos de este movimiento es que se le ataca por todas partes.

Estos líderes no sabían nada acerca de Pablo, lo cual permitió a Pablo posteriormente poder hacer su labor evangelística, a pesar de su prisión preventiva durante ese tiempo, sin la oposición de los judíos de Jerusalén. Pero quiero destacar algo más de estos versículos, y es que ellos dicen que lo único que saben del cristianismo es que se le atacaba por todas partes. Y qué importante es tener esto claro hermanos, como cristianos seremos atacados, seremos burlados y seremos perseguidos, ser de Cristo es ir en contra de la corriente, ser de Cristo es ser de la luz y no de las tinieblas, y las tinieblas son incompatibles con la luz.

Dice Jesús a sus discípulos en Juan 15:18-21 y 16:1-4 (NVI):

18 »Si el mundo los aborrece, tengan presente que antes que a ustedes, me aborreció a mí. 19 Si fueran del mundo, el mundo los amaría como a los suyos. Pero ustedes no son del mundo, sino que yo los he escogido de entre el mundo. Por eso el mundo los aborrece. 20 Recuerden lo que les dije: “Ningún siervo es más que su amo”. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán. Si han obedecido mis enseñanzas, también obedecerán las de ustedes. 21 Los tratarán así por causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió. 1»Todo esto les he dicho para que no flaquee su fe. 2 Los expulsarán de las sinagogas; y hasta viene el día en que cualquiera que los mate pensará que le está prestando un servicio a Dios. 3 Actuarán de este modo porque no nos han conocido ni al Padre ni a mí. 4 Y les digo esto para que cuando llegue ese día se acuerden de que ya se lo había advertido.

Y si esto vivió la iglesia primitiva, los primeros discípulos, y esto ha sido lo que han vivido casi todos los cristianos en todas las épocas de la historia, es muy posible que nosotros también vivamos parte de ese ataque o persecución. Pero no olvidemos que el Señor está con nosotros y como dice en 1ª Pedro 1:3-9 (RV60): 3 Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, 4 para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, 5 que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. 6 En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, 7 para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, 8 a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; 9 obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.

El fin de todo es la salvación de nuestras almas y ese gozo tiene que estar siempre presente en nuestros corazones, independientemente de lo que nos toque vivir y que Dios nos guardará y fortalecerá para poder superar todas esas aflicciones y pruebas.

Terminamos ya con el libro de Hechos leyendo los dos últimos versículos del libro, versos 30 y 31 dicen: 30 Durante los dos años siguientes Pablo vivió en Roma pagando sus gastos él mismo. Recibía a todos los que lo visitaban, 31 y proclamaba con valentía el reino de Dios y enseñaba acerca del Señor Jesucristo; y nadie intentó detenerlo.

Pablo permaneció bajo custodia romana dos años en una casa alquilada. No se le permitía salir de esa casa, pero sí podía recibir visitas y durante dos años estuvo enseñando y predicando el evangelio desde esa casa, gloria a Dios porque como dice la Palabra, nadie intentó detenerlo, una vez más, ¿no estaba la mano soberana de Dios ahí? Recuerda esto para terminar:

1. Dios nos escogió para ser testigos de Cristo.

2. Nuestra misión es predicar el evangelio del Reino a toda criatura.

3. Nos ha sido dado poder por el Espíritu Santo para poder ser testigos y permanecer firmes hasta el fin aún en medio de pruebas y persecución.

4. Dios es el que se encarga de que su iglesia siga avanzando y creciendo, nosotros sólo debemos ser obedientes y valientes.

5. Dios no sólo es soberano sobre su iglesia y sobre nuestras vidas, sino también sobre todo el universo. Nada lo puede detener, Él hace y deshace, determina el curso de nuestras vidas y de la historia.

No tengamos temor de lo que estamos viviendo actualmente ni de cómo el mundo está, podemos gozarnos en el Señor porque estamos bajo las manos del Todopoderoso y tenemos el grandísimo privilegio, no sólo de haberlo conocido, sino de ser sus instrumentos escogidos. Que Dios os bendiga grandemente y que su luz resplandezca siempre en nosotros y seamos su iglesia poderosa, llevada de la mano de Cristo, hasta que entremos en gloria para vivir con Él eternamente y para siempre.

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© 2018 por JOSUÉ SÁNCHEZ CONESA

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