Lección 12 Principios de sabiduría para el ministerio 3ª parte | Siervos de Dios


A continuación el vídeo de la clase (perdonen por el audio, hubo problemas en la grabación) (espere a que cargue):



A continuación los apuntes de la clase:


Introducción:

El ministerio es un privilegio, sin embargo, también es cierto que el ministerio es una responsabilidad difícil e importante, demanda tiempo, esfuerzo y sacrificio, además de que no es nada fácil el trabajar con personas.


Nos debe de servir de alerta el hecho de que muchos siervos del Señor a lo largo de la historia que empezaron y que corrieron la carrera bien por un tiempo, pero terminaron, por alguna razón, descalificados; se salieron de la carrera, abandonaron, cayeron, e incluso apostataron de la fe. Es posible que haya sido por desaliento, por agotamiento, por orgullo, por pecado… Por alguna razón, ya no están corriendo bien hoy, en muchos casos, están fuera del ministerio. A veces siguen haciendo cosas en el ministerio, pero no están siendo tan efectivos. Y en algunos casos, incluso han terminado desacreditando a Cristo y el mensaje que una vez amaron y sirvieron bien. Cuando veo esas cosas, pienso seriamente y me lleva a decir: «Señor, por favor, nunca me dejes acabar de esa manera, dame la gracia para correr bien y terminar bien».


El problema es que tenemos un enemigo, y está activo, es incansable, es implacable, y está decidido a hacer que los siervos del Señor tropiecen y no es solo mi propio caminar con el Señor el que sufrirá, habrá muchas personas que se verán impactadas por las secuelas.


Dicho todo esto, animo a que tomemos muy en serio todos estos principios de sabiduría para el ministerio que estamos viendo ya por tercera semana consecutiva. Hoy vamos a seguir viendo algunos principios más para el buen devenir del ministerio; muchos de estos principios son advertencias de peligros potenciales en el ministerio.


Principio #8 Tengamos cuidado de volvernos cristianos y siervos “profesionales”


Con el paso de los años, como cristianos, corremos un riesgo muy grande de que aquello que nos sorprendió en un principio y que ardía como fuego en nuestro corazón cuando conocimos al Señor por primera vez, lo que llamamos “el primer amor”, desaparezca y se parezca más a lo que suele ser un matrimonio de años en el cual el tiempo ha hecho que el fuego vaya consumiéndose. La redención de Cristo empieza a parecernos algo normal, ya no nos asombra tanto todo lo que el Señor ha hecho por nosotros, etc.


Pero también con el paso de los años, como siervos, corremos el riesgo de perder el asombro ante el privilegio de haber sido escogidos para servir a Dios, corremos el riesgo de perder el asombro ante el Dios al que servimos, a lo que hemos sido llamados a hacer, del mensaje tan valioso y la misión tan sublime que nos ha sido confiada. Quizá ya no le damos la reverencia al servicio o el valor que le dábamos al principio porque nos hemos acostumbrado a ello.


La rutina puede llevarnos a convertirnos en “profesionales”, entendiendo aquí la palabra “profesionales” como gente acostumbrada a hacer ciertas cosas cada día, de forma automática, sin pensar demasiado y perdiendo la pasión con la que un día se comenzó.


¿Qué es la rutina?

Una rutina es una costumbre o un hábito que se adquiere al repetir una misma tarea o actividad muchas veces. La rutina implica una práctica que, con el tiempo, se desarrolla de manera casi automática, sin necesidad de implicar el razonamiento.


La rutina bien gestionada no es mala, necesitamos rutinas diarias, es parte de la disciplina, es parte del trabajo, de las responsabilidades, de la vida cristiana, hay cosas que necesitamos hacer todos los días pero enfocándonos en nuestra vida cristiana y ministerio, la rutina tiene que estar fomentada por el amor a Dios, porque si no la gestionamos bien puede convertirse en una forma lenta de morir.


Como una vez dijo Truman Capote:

“Jamás me acostumbraré a nada. Acostumbrarse es como estar muerto.”


¿Por qué? Porque corremos el riesgo que Dios deje de asombrarnos, que el ministerio deje de ser visto como algo valioso, honroso, hermoso, preciado, un enorme privilegio.


Hay peligro de que lo sobrenatural se convierta en común.

Como nos advierte el Señor en Apocalipsis 2:2-5 (RV60):

2 Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos;

3 y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. 4 Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.

5 Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.


Hay un detalle importante acá en Apocalipsis, la iglesia de Éfeso era una iglesia que trabajaba de forma ardua y persistente y lo hacía por amor de su nombre, pero en un momento dado ese amor por su nombre, que es lo mismo que amor por Dios, su primer amor, lo estaban abandonando porque posiblemente no habían sabido gestionar la rutina y se habían convertido sin darse cuenta en “profesionales”. El Señor les recuerda que vuelvan a hacer las primeras obras, ¿en qué diferían las primeras obras de las otras? Eran las mismas, lo que las hacía diferente era el distintivo del amor por su nombre, estaban motivadas por el amor a Dios, no por rutina y costumbre desprovistas de pasión.


La familiaridad puede producir complacencia o negligencia. El familiarizarse con estas cosas, con este estilo de vida, las hace que ya no sean sagradas, santas, ni especiales para nosotros.


Cuando eso sucede, el ministerio se convierte en un «trabajo», trabajo en lugar de pasión por una persona, por Jesucristo y no sabemos dónde ni cómo sucedió, sucede sutilmente. No nos despertamos una mañana, habiéndonos ido a la cama la noche anterior llenos de asombro, y al día siguiente nos despertamos y no tenemos ningún asombro. No suele suceder de esa manera. Por lo general es más bien como una pequeña fuga lenta, perdemos el asombro gradualmente.


Pienso que una de las cosas más grandes en mi vida que me lleva a perder el asombro es estar muy ocupado. El ministerio comienza a ser rutinario; el trabajo comienza a ser rutinario; comienzo a ser como un robot. Me da miedo cuando me doy cuenta de que estoy operando en «piloto automático». Estoy viviendo de manera rutinaria; estoy haciendo lo que se supone que debo estar haciendo, pero he perdido la frescura, he perdido la pasión, he olvidado por qué estoy haciendo esto y por quién estoy haciendo esto. He perdido el asombro.


El apóstol Pablo nunca perdió el asombro.

Leemos en la Escritura, en 1ª Timoteo 1:11 (RV60):

“Según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.”


¿Puedes percibir el asombro? Usando ese tipo de adjetivos, dice, «es asombroso que se me haya encomendado el glorioso evangelio del Dios bendito». ¿Sientes lo mismo por el evangelio? ¿Lo siento yo? Confieso que muchas veces no me siento de esa manera.


Pablo consideraba el ministerio como un gran privilegio. En 1ª Timoteo 1:12 dice:

“Doy gracias a Cristo Jesús nuestro Señor, que me ha fortalecido, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio.”


¿Cuándo fue la última vez que te detuviste y le diste gracias al Señor por el privilegio del ministerio?


Se nos olvida que es un privilegio, y en esos días realmente duros, quizás nos haga bien detenernos y decir: «Señor, gracias por elegirme para servirte. Es un privilegio grande, alto y santo».


Por lo tanto, deberíamos hacernos estas preguntas:

¿Tengo una verdadera pasión por Cristo, y por el ministerio, o he perdido el asombro de mi relación con Cristo, y del llamado al ministerio? ¿Estoy viviendo de una manera rutinaria?

Es fácil dejar que nuestros días se conviertan en rutinas y perdernos en ellas. Pero, aunque hayamos perdido el asombro, podemos recapturarlo. Dios puede abrir nuestros ojos para verle como Él es y ser nuevamente llenos de asombro, pasión y gratitud.


Este principio me lleva directamente al siguiente.


Principio #9 No hay nada más peligroso que descuidar nuestra relación con el Señor por causa de estar llenos de actividad ministerial


Este peligro es mucho más sutil que el anterior.


Este obstáculo está conectado con el anterior, porque si descuidamos nuestra relación personal con el Señor, vamos a perder el asombro y la pasión, los dos están unidos.


Fíjate lo que dice en El Cantar de los Cantares 1:6 (RV60), donde la novia dice:

“Me pusieron a guardar las viñas, y mi propia viña no guardé”.


Pienso que es una imagen de cómo a menudo es para nosotros el ministerio. Estamos constantemente cuidando los viñedos de los demás, aconsejando, enseñando, animando, exhortando, administrando, sirviendo, bendiciendo, dando, orando por los demás y sus necesidades. . . atendiendo los viñedos de los demás, pero descuidando nuestro propio viñedo, nuestro propio bienestar espiritual.


¿De qué estoy hablando aquí? Es fallar en mantener y cultivar y priorizar nuestro propio caminar personal con el Señor. Es tomar atajos.


Quiero decirte que la razón por la que sé mucho sobre algunos de estos puntos es porque he estado ahí muchas veces. Muchas veces me encuentro así, miro a mi alrededor y me doy cuenta de que todo un día ha pasado lleno de actividad, y realmente no he pasado tiempo de intimidad con el Señor. Tú puedes hacer eso un día o dos o tres, y probablemente no lo notes, y nadie más en el ministerio lo va a notar. Las personas en tu familia, las personas que trabajan estrechamente contigo, pueden reconocerlo un poco antes que los demás, pero tú vas a ser, ojalá, el primero en saberlo, y podrás decir: “Señor, necesito detenerme. Necesito dejar de tomar atajos e ir directo a tu presencia. Tratar de vivir en el maná de ayer y las experiencias de ayer con Dios, no es la manera de hacerlo.”


De forma analógica a lo que pasó con el maná en Éxodo 16.19-21 (RV60):

19 Y les dijo Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana.

20 Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés.

21 Y lo recogían cada mañana, cada uno según lo que había de comer; y luego que el sol calentaba, se derretía.


Necesitamos la intimidad con Dios cada día, con lo de hoy no me es suficiente para mañana.


No podemos permanecer fieles en la carrera si estamos tratando de vivir de las experiencias pasadas con Dios. Es el peligro de servir sin devoción. Tú conoces el pasaje clásico sobre esto. Todos lo conocemos, lo hemos enseñado anteriormente en este curso: Lucas capítulo 10, las dos hermanas. Una de ellas sentada a los pies de Jesús, María, y la otra, Marta, sirviendo sin devoción. ¿Qué sucede ahí? Ella termina muy nerviosa, impaciente, crítica, exhausta, agotada, frenética, de la misma manera que somos algunos de nosotras cuando nos miramos en el espejo. . . servicio sin devoción.


Robert Murray M'Cheyne lo dijo de esta manera:

«Ninguna cantidad de actividad al servicio del Rey compensará el descuido del Rey mismo».


Todos los días de mi vida enfrento el peligro de descuidar mi intimidad con Cristo. La verdad es que la intimidad con Cristo no simplemente ocurre, tiene que ser cultivada. Tú no tienes una inclinación natural hacia la intimidad con Cristo, nuestra tendencia es a desviarnos lejos de la intimidad con Cristo. Si no estamos siendo intencionales en cultivar esa relación de amor con Él, nos vamos a alejar.


Encuentro que cada vez es más difícil conseguir un lugar tranquilo y un corazón tranquilo para buscar al Señor, el ritmo de vida que llevamos se convierte en un gran obstáculo.


¿No le encantaría a Satanás mantenernos ocupados haciendo ministerio, pero no teniendo una relación con el Señor? Seremos de gran ayuda a sus esfuerzos, si esto es verdad en nuestras vidas.


Tenemos estas distracciones constantes, y tenemos que estar dispuestos a ser implacables en la eliminación de cosas innecesarias. Pienso que tenemos que estar dispuestos a eliminar todo lo que está invadiendo nuestra relación con el Señor.


Hazte estas preguntas:

¿Tengo una relación vital y creciente con el Señor Jesús? ¿Estoy nutriendo mi viña a través de un tiempo diario en Su presencia... en la Palabra y la oración o mi vida está llena de mucha actividad y poca intimidad?


Principio #10 Tengamos cuidado de proclamar una verdad que no estamos viviendo.


El peligro es que muchos de nosotros, en áreas de nuestra vida, estamos hablando de cosas que no estamos viviendo muchas veces. Pero hay una gran diferencia entre hacerlo hipócritamente, sabiendo claramente que no vives así ni te interesa realmente vivir así, y otra muy diferente es que te está costando vivir así, estás en medio de una lucha, una batalla por conseguir aquello, pero crees firmemente en ello y no te rindes en el empeño de que esa verdad que compartes sea una realidad diaria en tu vida.


Esto es algo con lo que yo honestamente lucho, porque tengo que estar predicando, enseñando y aconsejando constantemente, y obviamente esto no se detiene solo porque yo digo, «espera, me voy a recluir en una isla durante un par de años enteros porque necesito que mi vida se ponga a la par con lo que estoy enseñando». El ministerio tiene que seguir adelante. Tengo esta lucha, porque tengo que predicar y aconsejar de tantas áreas de la vida y ministerio donde estoy desafiando a los hermanos a ponerse a cuentas con el Señor, a amarlo, y a estar apasionados por Él, a hacer las cosas como a Él les agrada y en cualquier día determinado puedo señalar áreas donde yo sé que mi vida no ha alcanzado aún la verdad que estoy intentando compartir con los demás. Algunas veces el enemigo puede usar eso para chantajearme y sentirme como un hipócrita, pero en esos momentos yo tengo que recordar que estoy en el buen camino, que estoy trabajando en ello y creo firmemente en ello y que el Señor está obrando en mí para serle fiel en toda área. Hipocresía sería enseñar, aconsejar y predicarles a las personas de esas cosas donde yo sé que aún no he llegado, como si yo fuera don perfecto. Da testimonio de lo que haces bien para la gloria de Dios, pero cuando estés en la lucha, dilo sin temor, reconoce que estás caminando en esa dirección porque eso va a ser un estímulo muy grande para tus hermanos.


Así que, el objetivo, el estándar, no es que en cada área de nuestras vidas estemos donde sabemos que debemos estar, o donde sabemos que queremos estar. Sino el estándar es que no nos rendimos, no estamos contentos con enseñar a otros una verdad que nosotros mismos no tenemos intención de vivir; que no estamos preparándonos para vivir.

Creo que fue A. W. Tozer quien dijo que la maldición del siglo veinte (y aún más en el siglo veintiuno) es que pensamos que, porque sabemos algo, por lo tanto, lo tenemos, cuando en algunos casos, nada está más lejos de la verdad. (Estuvimos hablando algo de esto en la clase anterior).


Sabemos acerca de la oración, sabemos acerca de la vida devocional, sabemos acerca de caminar por fe, sabemos acerca de una actitud de gratitud, sabemos sobre compasión y bondad y humildad y mansedumbre y paciencia. Sabemos todas estas cosas; por lo tanto, asumimos que “tenemos” estas cosas cuando en algunos casos nuestras vidas están muy lejos de lo que les estamos enseñando a las demás.


Es por eso que pienso que es algo maravilloso que el apóstol Pablo fuera capaz de decirle a los corintios en 1ª Corintios 11:1, «Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo. Síganme a mí». Él no dijo, «lean mis notas, escuchen mis mensajes, descarguen mi programa de radio...» Él dijo, «Sigan mi vida, porque por la gracia de Dios, yo estoy siguiendo a Cristo. Así que cuando ustedes me siguen, están en verdad siguiéndolo a Él». No es solo la vida que tenemos en público o en la plataforma lo que importa aquí. Todos podemos hacer los ajustes necesarios para ser las personas que se espera que seamos públicamente en el ministerio.


Todos sabemos que no vas a ser grosero, desagradable, egoísta, cuando estás ministrando. Pero esa no es la única medida aquí. Es quién eres en privado, cuando nuestro público no sabe lo que estamos haciendo o cómo somos o quiénes somos. Cuando nadie más ve o nadie más conoce las decisiones que tomo; qué estoy viendo en mi móvil u ordenador; qué estoy buscando en el internet; cuánto tiempo estoy pasando en videojuegos o viendo la tele, o cómo es mi actitud dentro de las cuatro paredes de mi casa o en el trabajo, con aquellos que me conocen mejor. Lo que importa es quien yo soy en esos momentos privados y escondidos. Lo que hago con mi tiempo libre, cómo respondo a mi familia detrás del escenario, quién soy en esos momentos escondidos donde nadie me ve tiene mucho que ver con si seré capaz de permanecer en la carrera y honrar al Señor hasta llegar a la meta final.


El apóstol Pablo dijo en Romanos 2:21-22 (NTV):

21 Ahora bien, si tú enseñas a otros, ¿por qué no te enseñas a ti mismo? Predicas a otros que no se debe robar, ¿pero tú robas? 22 Dices que está mal cometer adulterio, ¿pero tú cometes adulterio? Condenas la idolatría, ¿pero tú usas objetos robados de los templos paganos?


Si proclamamos una cosa y vivimos otra, aquellos quienes nos conocen mejor y que ven la discrepancia, ellos ven la brecha, van a tener todo el derecho de venir y decirnos, «no puedo creer lo que estás diciendo. Has perdido la credibilidad».Son nuestras vidas, nuestro caminar con Cristo, lo que da credibilidad al mensaje que enseñamos a los demás.


Oswald Chambers lo dice así:

«El mensaje debe ser parte de nosotros. Antes de que el mensaje de Dios pueda liberar otras almas, la liberación debe ser real en ti».


Así que hazte estas preguntas:

¿Existe algún asunto que Dios ha revelado en Su Palabra que no estoy obedeciendo? ¿Estoy viviendo y caminando arrepentido? No solo me arrepentí hace años, cuando acepté a Cristo, sino ¿estoy viviendo arrepentido hoy? Cuando Dios me revela algo en Su Palabra, donde Su estándar y mi vida están en conflicto, ¿soy rápido para responder, «sí, Señor», ¿apartarme de mi propio camino y volverme hacia Cristo? ¿Estoy caminando arrepentido? ¿Es mi vida privada consistente con lo que proclamo a los demás?


Es muy importante vivir delante de aquellos quienes están más cerca de nosotros, el mensaje que estamos proclamando a los demás. ¿Es mi estilo de vida consistente con lo que proclamo a los demás? Puedo decirles a los demás, «vive tu vida, así como yo, y Dios te va a bendecir. Estudia la Palabra de Dios como yo estudio la Palabra de Dios, dale ese lugar en tu vida, y serás un hombre bendecido. Ama a los demás como yo amo a los demás, ama a tu esposa/o, ama a tus hijos como yo amo a mi esposa/o e hijos, y Dios te va a bendecir. Ten ese tipo de vida de oración que yo tengo».


Principio #11 Tengamos cuidado de depender de lo natural en vez de lo sobrenatural


Creo que existen dos formas en las que hacemos esto.


La primera es dones y habilidades naturales.


Una de las razones, probablemente, por la que tienes la posición que tienes en el ministerio (esto no es cierto siempre, pero es cierto en muchas ocasiones), por lo que se te ha pedido que sirvas de la forma en la que estás sirviendo, es porque tienes algunos dones y habilidades naturales, pero mientras más dones naturales tienes, mayor es el peligro potencial de depender de esos dones y habilidades naturales en lugar de depender de Dios.


Cuando tus dones naturales te sostienen, entonces no tienes que depender del poder del Espíritu Santo. Eso es evidenciado en la falta de oración, entre otras cosas.


Si actuamos así el ministerio llega a ser la suma total de nuestros esfuerzos y habilidades combinados.


Jamás diríamos que podemos servir en el ministerio sin Dios, pero vivimos como si pudiéramos servir en el ministerio sin Dios.


Creo que sería bueno que le pidiéramos a Dios que nos usé allí donde sintamos la necesidad de depender de Él, que humanamente nos dé hasta un poco de miedo.


Es lo que el apóstol Pablo dijo en 1 Corintios 2:3-4 «Y estuve entre vosotros con debilidad, y con temor y mucho temblor». ¡El apóstol Pablo! Debilidad y temor y temblor. «Y ni mi mensaje ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no descanse en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios».


¿Te encuentras dependiendo de dones y habilidades naturales, o de Dios?


La segunda forma es depender de herramientas naturales, recursos o programas.


Tenemos herramientas, las necesitamos en el ministerio. Las necesitamos en lo que sea que estemos sirviendo al Señor. Estudios bíblicos, libros, predicaciones, tienes programas, actividades, eventos y diferentes tipos de ministerios que suceden en la iglesia. No hay nada malo con esas cosas, pero quiero decirte que esas herramientas no tienen vida y serían impotentes a menos que sean energizadas por el poder del Espíritu Santo.


Hay una gran ilustración de eso en el 2º libro de Reyes 4. ¿Recuerdas la historia de la mujer por quien Eliseo oró, y a quien Dios le dio un hijo? El hijo creció, llegó a ser un adolescente, un hombre joven, y enfermó y murió. La madre estaba muy perturbada; ella estaba fuera de sí por el dolor, y fue hacia el hombre de Dios y le rogó que viniera y le ayudara. Eliseo tenía un siervo llamado Giezi, quizás te acuerdas de la historia. Solo puedo imaginármelo pensando, voy a usar un poco mi imaginación aquí, «Eliseo tiene ese báculo, y cuando el usa ese báculo, cosas sorprendentes suceden. Me gustaría ver lo que yo puedo hacer con esa vara». Él se adelanta y corre hacia el niño. Toma la vara de Eliseo y la pone sobre el niño, porque él ha visto el báculo de Eliseo hacer cosas sorprendentes, ¿no es así? La vara nunca hace algo sorprendente, era Dios obrando a través de Su siervo Eliseo y usando la vara como una herramienta. Así que Giezi tiene esta herramienta y él la pone sobre el niño, ¿y qué sucede? Nada. Solo un cuerpo sin vida y una vara inanimada, una vara sin vida. ¿Me entiendes? Entonces Eliseo llega detrás del siervo. ¿Y qué es lo que hace Eliseo? Él se pone a sí mismo sobre ese cuerpo sin vida y él ora y respira, y el aliento de Dios, el Espíritu de Dios, fluye a través del hombre de Dios a este cuerpo sin vida, y el muchacho vuelve a la vida.


Pienso que esa es una imagen de dos formas diferentes de llevar a cabo un ministerio. No hay nada malo con tener herramientas y recursos, pero entiende que eso es todo lo que son. Son inútiles, son impotentes, a menos que estén en las manos de una mujer o un hombre que reconoce su dependencia del poder del Espíritu de Dios y está dispuesto a poner su propia vida sobre las personas a quienes está intentando discipular.


Puedes pensar en algunas personas en tu ministerio que constantemente están necesitadas, constantemente están luchando, constantemente están en esclavitud. Les has dado cada programa, cada libro, cada recurso que conoces, y no hay cambio. Tal vez debes intentar ponerte sobre esa vida, tu corazón, tu compasión, tus oraciones y fe, y pedir al Espíritu de Dios; no estoy diciendo que tú eres la persona que Dios va a usar para traer vida espiritual a cada persona que ministres, pero tenemos que darnos cuenta de que no podemos depender de programas, de métodos, de recursos, de herramientas. Nuestra dependencia está en el poder de Dios.


La dependencia en lo natural es un sustituto barato e inefectivo del poder del Espíritu Santo fluyendo en nuestras almas e impactando las vidas de los demás.

Así que, hazte estas preguntas:

¿Cómo muestra mi vida evidencia de que dependo del poder del Espíritu Santo? ¿Qué hay en mi vida y ministerio que no pueda ser explicado a menos que no sea por el Espíritu de Dios? ¿Estoy permitiendo que Dios me estire, me empuje fuera de mi zona de confort, fuera de lo que creo que puedo manejar? ¿Estoy caminando por fe, estoy dando mi vida por las personas, o estoy solo aplicando principios y programas a sus problemas?


Principio #12 Tengamos cuidado de conformarnos con el statu quo o de buscar la comodidad y permanecer en la zona de confort


¿Qué queremos decir con eso? Es llegar al lugar donde caminamos por vista, en lugar de caminar por fe. Estamos satisfechos con lo que Dios ha hecho en el pasado y no le estamos creyendo a Dios por cosas grandes que hará hoy y en el futuro. Estamos contentos con mantener la maquinaria en marcha.


Alguien dijo en una ocasión:


“Intenta algo tan imposible que a menos que Dios esté en ello, esté condenado al fracaso”.


Y otro autor anónimo dijo:


“Un sueño que no incluye ningún peligro, no es digno de ser soñado.”


Hay una magnífica historia en 1º Samuel 14, si la lees tranquilamente vas a ver a dos jóvenes valientes, osados, que tomaron la iniciativa de hacer lo que nadie estaba haciendo, ni siquiera el rey. Mientras el rey y el resto del ejército descansaba, estos dos jóvenes se pusieron manos a la obra y caminaron por fe hacia una victoria sobrenatural.

¿Qué estás intentando en el ministerio de tu iglesia, donde sea que Dios te tenga sirviendo, que, si Dios no está en ello, no hay ninguna forma en que va a suceder? ¿Dónde te estás estirando por fe? Me encanta la historia de Caleb en Josué 14, quien, a sus ochenta y cinco años de edad, dice, «consígueme una casa bonita de retiro». ¡De ninguna manera! Él dice: «Quiero otra montaña para conquistar. Quiero más territorio para la gloria de Dios». Si Dios me concede llegar a los ochenta y cinco años, ¡quiero llegar caminando por fe! No estoy contento con el statu quo.

Mientras envejecemos, cuando somos desafiados a ir más hondo, nos encontramos queriendo retroceder un poco, es generalmente lo que nos pasa. Nos encontramos no queriendo ser tan aventureros, no queriendo ser tan valientes, no queriendo ser vistos como unos tontos al ir más profundo.


¿Por qué buscaríamos la comodidad? Porque la batalla desgasta.

Estoy convencido de que nos volvemos más vulnerables a este peligro mientras más tiempo tenemos en el ministerio. Empezamos a pensar sutilmente, «mira cuánto he sacrificado, mira a cuánto he renunciado, mira cuántas noches largas, etc.» Queremos avanzar sin esfuerzo, queremos bajar la guardia, hemos hecho mucho. El capítulo 11 del 2º libro de Samuel, es muy importante. David se quedó en su palacio en el tiempo en que los reyes salían a la guerra, y él se metió en problemas. Él estaba en sus 50, probablemente, después de años de servir al Señor, y de amar a Dios, y de escribir salmos y todo tipo de cosas espirituales como estas. ¡No pienses que no te puede pasar a ti!


Esta es una de las razones principales de fracaso moral dentro de las personas en el ministerio, porque se desaniman, o empiezan a pensar que merecen un descanso. Ellos quieren comodidad, quieren conveniencia, quieren placer, y esto ocurre en una progresión, quizás primero con cosas pequeñas, y luego en áreas más grandes…queriendo avanzar sin esfuerzo.


La batalla no necesitaba a David, pero David necesitaba la batalla.

Mientras más grande eres, más responsabilidades y dolores de cabeza, y a veces me encuentro a mí mismo pensando, «quisiera tener una vida más normal, más tranquila y no tener que tener esta presión y sentirme estresado a veces por tantas demandas». Dios aparentemente sabe que yo necesito esas demandas en mi vida, para protegerme, para mantenerme bien aferrado a Él.


Un escritor antiguo lo dijo de esta forma:

«Sigamos adelante en paciente auto negación. Acepta lo difícil. No temas la pérdida. Nuestra porción está más allá de la hora de la prueba; nuestra corona más allá de la cruz».

Amados, el siervo no es mayor que su señor, y nuestro Señor caminó un camino manchado en sangre. «¿Debo ser llevado a los cielos cómodamente, mientras otros pelearon para ganar el premio y navegaron por mares sangrientos?» Hay un tiempo que viene para la comodidad, hay un tiempo que viene, donde la batalla terminará, pero ese tiempo no es ahora.


Hay una pequeña ilustración, pero grandiosa, un tesoro enterrado en Esdras capítulo 8. Quiero llamar tu atención aquí. Mientras Esdras estaba preparándose para partir de Babilonia y tomar un grupo de exiliados de regreso a Jerusalén, él llamó a un grupo selecto de hombres, doce de ellos sacerdotes. En el versículo 24, él les encargó conservar todo el oro, la plata y las vasijas preciosas que habían sido donadas para el templo de Jerusalén. Ahora, ellos tienen por delante un viaje de 1.500 km. Él puso estos preciosos regalos en sus manos, y les dijo, versículo 28: «Vosotros estáis consagrados al Señor, y los utensilios son sagrados; y la plata y el oro son ofrenda voluntaria al Señor, Dios de vuestros padres. Velad y guardadlos hasta que los peséis delante de los principales sacerdotes...en las cámaras de la casa del Señor» (vv. 28-29). A ustedes se les está dando este tesoro. Se les está diciendo que lo sostengan, que lo vigilen, que lo guarden y lo conserven. Porque algún día tendrán que dar cuenta cuando lleguen al final de la jornada.


En el versículo 31 de la Escritura dice: «Partimos del río Ahava el día doce del mes primero para ir a Jerusalén; y la mano de nuestro Dios estaba sobre nosotros, y nos libró de mano del enemigo y de las emboscadas en el camino...» Versículo 33: «Y al cuarto día (después de que llegaron a Jerusalén), la plata y el oro y los utensilios fueron pesados en la casa de nuestro Dios y entregados en mano de (y da los nombres de los sacerdotes)...Todo fue contado y pesado, y todo el peso fue anotado en aquel tiempo» (vv.31,33-34).

Creo que es una imagen útil del hecho de que Dios ha puesto en nuestras manos un increíble tesoro, el evangelio, el ministerio del evangelio, las personas cuyas vidas servimos. Las personas que necesitan el evangelio son ese tesoro, esa mayordomía. Han sido pesadas en nuestras manos como tesoros preciosos.


En nuestro peregrinar, así como fue cierto para los judíos en los días de Esdras, hay emboscadas en el camino. Hay enemigos, oposición. Si no tenemos la buena mano de nuestro Dios sobre nosotros, no vamos a lograrlo. Pero nosotros tenemos la buena mano de nuestro Dios sobre nosotros, como ellos la tuvieron.


Él nos está acompañando, yendo dentro de nosotros, a nuestro lado, delante de nosotros, y por detrás de nosotros para lidiar con los enemigos a lo largo del camino. Son para que Él lidie con ellos no tú. Pronto, relativamente hablando, vamos a estar en ese templo celestial en la presencia de nuestro gran Sumo Sacerdote. Oh, puedes imaginarte la alegría que tendremos cuando tengamos la oportunidad de entregarle a Él esos preciosos tesoros, esas vidas que Él nos encargó para que las cuidáramos, el increíble mensaje del evangelio. Podremos darle a Él todos esos tesoros y podremos decir, «está todo aquí. Esta todo contado. Me mantuviste, me ayudaste a mantenerlos. Ahora te los devuelvo. Es todo por gracia. Todo está aquí. Es todo, todo, todo para Ti».


¿No crees que en ese día, cada momento difícil, cada lágrima derramada, cada obstáculo que tuviste que enfrentar, cada carga soportada aquí en la tierra será vista como polvo, como nada, a la luz de esa recompensa eterna que compartiremos en Su presencia?

Mi oración para ti es que Dios mantenga Su mano sobre ti, y te mantenga fiel todo el trayecto hasta el día venidero.


Profesor y autor: Josué Sánchez


Bibliografía:

Peligros potenciales del ministerio (Aviva Nuestros Corazones; Nancy DeMoss de Wolgemuth)

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© 2018 por JOSUÉ SÁNCHEZ CONESA

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