Lección 12 El final del segundo viaje misionero de Pablo | Hechos





En la clase anterior nos quedamos a falta de concluir el segundo viaje misionero, hoy vamos a concluir este apasionante viaje.

Concretamente nos quedamos en la ciudad de Tesalónica, en el capítulo 17 de Hechos, ciudad de la que tuvieron que salir por causa de la persecución de los judíos de aquella ciudad que rechazaron el mensaje del evangelio. Estos judíos, llenos de envidia, alborotaron a toda la ciudad de tal manera que Pablo, Silas y Timoteo tuvieron que salir huyendo en dirección a Berea. Recordemos que Lucas ya no forma parte del grupo porque se quedó en Filipos, probablemente para servir como pastor en la recién fundada iglesia. Se cree que Lucas no se reencontraría con Pablo sino hasta ocho años después en Hechos 20:5.



Ahora el equipo queda formado por:



Por tanto, después de Tesalónica, el grupo salió en dirección a Berea, donde dice Hechos 17:10-12 que: 10 Esa misma noche, los creyentes enviaron a Pablo y a Silas a Berea. Cuando llegaron allí, fueron a la sinagoga judía. 11 Los de Berea tenían una mentalidad más abierta que los de Tesalónica y escucharon con entusiasmo el mensaje de Pablo. Día tras día examinaban las Escrituras para ver si Pablo y Silas enseñaban la verdad. 12 Como resultado, muchos judíos creyeron, como también lo hicieron muchos griegos prominentes, tanto hombres como mujeres.


He leído el texto en la NTV y quiero destacar tres actitudes acá de los judíos de Berea:

1. Tenían una mentalidad más abierta: La traducción o interpretación más correcta es algo así como que eran más enseñables, tenían una disposición a ser corregidos, enseñados o exhortados, tenían una mente y un corazón más abierto, a diferencia de los judíos de Tesalónica, que por orgullo y envidia, rechazaron todo lo que Pablo les expuso acerca de Jesús en las Escrituras, a pesar de presentarles claras evidencias cómo solía hacer Pablo, y con el poder del Espíritu Santo. Esta cualidad es una cualidad indispensable como discípulo de Cristo. A veces nos encerramos en nuestras ideas, en nuestro conocimiento, en nuestra forma de manejarnos en cualquier área de nuestras vidas, también en doctrina… Se hace necesario tener un espíritu humilde, enseñable, para poder crecer a la imagen de Cristo. Algunas veces serán tus líderes quienes te enseñen o corrijan en algo, otras veces tu cónyuge, otras veces tus padres, en otras ocasiones un hermano de la iglesia que te ama, sea quien sea, aún de la persona que menos te lo esperes, recibamos la enseñanza o la corrección sin sacar las garras, sino que permanezcamos en una postura y actitud humilde estimando a los demás como superiores a nosotros mismos como nos dice el mismo apóstol Pablo en la carta a los Filipenses 2:3. EL Señor dice en Proverbios 8:13: Quien teme al Señor aborrece lo malo; yo aborrezco el orgullo y la arrogancia, la mala conducta y el lenguaje perverso.

Quiero hacer un pequeño apunte, respecto a que he incluido en la lista anterior que incluso debemos tener una mentalidad abierta en cuanto a la doctrina. Por supuesto que es indispensable, es fundamental el tener unas convicciones doctrinales claras para no ser movidos y llevados por cualquier viento de doctrina como nos dice el mismo apóstol Pablo en una de sus epístolas… Por supuesto que tenemos que tener un conocimiento de Dios firme, tenemos que conocer que nos dice la Biblia acerca de cualquier cosa de la que el Señor nos quiere enseñar para caminar por la vida sabiamente y haciendo su voluntad y de cómo es Dios… pero seamos honestos, nuestro conocimiento de la Escritura está en constante evolución, ¿en qué sentido? Pues en el sentido de que aún estamos creciendo en conocimiento, no dejamos de conocer a Dios, no dejamos de aprender, no dejamos de descubrir riquezas en su Palabra, la Biblia no deja de sorprendernos cuando la estudiamos con seriedad y en ocasiones la misma Palabra ya sea en nuestra lectura personal como a través de un siervo de Dios, nos confrontará en algo que nosotros pensábamos que era así, pero estábamos errando en la interpretación de las Escrituras. No podemos llenarnos de prejuicios o directamente hacer oídos sordos por el simple hecho de que eso es lo que creí toda mi vida, o lo que me enseñaron siempre. Honestamente, se puede estar toda la vida errado, como les estaba pasando a estos judíos y gloria a Dios que con esa mentalidad abierta permitieron que sus ojos fueran abiertos y descubrieron al Mesías prometido, a Jesucristo. Ellos conocían mejor que tú y que yo las Escrituras, pero no las habían interpretado correctamente, necesitaron que alguien, en este caso Pablo, les mostrara su error, y les trajera luz del Espíritu.

2. Escucharon con entusiasmo: Estos hombres tenían hambre de la Palabra, tenían hambre de Dios y de conocer su voluntad, había en ellos un deseo por escuchar acerca de Dios, y mi pregunta es ¿hay en nosotros un deseo entusiasta por escuchar su Palabra o se nos hace incluso pesado permanecer atentos cuando alguien está predicando hasta el punto que nos dormimos o distraemos rápidamente? ¿Buscamos, en cuanto tenemos una oportunidad, el poder escuchar su Palabra para poder conocerlo más con todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance como Youtube, radio, televisión, etc.? Cuando hay un deseo entusiasta, buscas su Palabra como a agua fresca en medio de un desierto, ¿cuánta sed de su Palabra hay en nosotros? Meditemos en esto hermanos.

3. Día tras día examinaban las Escrituras para ver si era verdad lo que les decían Pablo y Silas: Por un lado, tuvieron una mentalidad abierta para recibir a Pablo y Silas, con actitud humilde, por otro lado estaban deseosos de escuchar la Palabra de Dios, y por último, una vez recibida esa Palabra, la meditaban y reflexionaban en ella, examinando la Escritura para ver si era la verdad, es decir, no se creían todo lo que les decían, pero no lo rechazaban de primeras, sino que luego dedicaban tiempo para examinarlo porque tenían temor de Dios y querían realmente conocer la verdad, y entonces ¿qué pasaba si esa era la verdad? Pues la abrazaban con anhelo de vivirla.

Ahora mi pregunta es, cuando escuchas su Palabra de cualquier predicador, ¿qué haces? ¿meditas y reflexionas en esa Palabra? ¿examinas si lo que te han transmitido es la verdad? Y si es la verdad ¿qué haces con ello? El simple hecho de haberte preocupado por certificar que esa es Palabra de Dios muestra un deseo de querer andar en luz, querer andar en la verdad, querer vivir en el temor del Señor.

Gloria a Dios por el ejemplo que nos dejan estos judíos de Berea, que nos parezcamos a ellos en estas cosas.

Volviendo al texto de Hechos, nos narra que, de repente, pasado un tiempo, unos judíos de Tesalónica se enteran de que Pablo está en Berea y van a por él, así que los hermanos lo sacan de Berea y se lo llevan a Atenas, a unos 300 km de distancia, donde ellos pensaron que podía estar a salvo. Silas y Timoteo, se quedaron en Berea, posiblemente para terminar la obra de discipulado en aquella ciudad. No sabemos el por qué sólo corría peligro la vida de Pablo, posiblemente porque era siempre la voz cantante y visible del grupo.

Ahora nos encontramos con Pablo en Atenas.


Cuando Pablo visitó Atenas, la ciudad ya no era un centro político de importancia. Atenas había sido la ciudad de los grandes pensadores, políticos y filósofos, como Pericles, Demóstenes, Sócrates, Platón y Aristóteles, seguramente te sonaran algunos de ellos. Pero cuando Pablo llegó, ya habían transcurrido cuatrocientos años desde su época dorada. Sin embargo, todavía era un centro importante de arte, cultura y conocimiento.

Pablo había pasado sus primeros años en la ajetreada ciudad de Tarso, su ciudad natal. De niño, y luego en su vida de misionero, había visto ídolos adorados por los gentiles, en muchas ciudades del imperio, esto era normal para él. Sin embargo, solamente en Atenas leemos que estos ídolos lo enardecieron.

Dice el verso 16 en la NTV:

16 Mientras Pablo los esperaba en Atenas, se indignó profundamente al ver la gran cantidad de ídolos que había por toda la ciudad.

En la RV60 dice: 16 Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría.

Fue tal la gran cantidad de ídolos y estatuas que habían por toda la ciudad, posiblemente por todas y cada una de las calles de Atenas, que Pablo se sorprendió porque no había visto cosa semejante en ninguna otra ciudad, y encima en el lugar considerado como la cuna de los líderes intelectuales del mundo.

La sorpresa de Pablo se convirtió en una indignación profunda, en una ira ardiente al contemplar una ciudad repleta de idolatría abominable para Dios. Pablo no sólo estaba viendo las creaciones artísticas, sino la profunda oscuridad de los corazones de esa gente y la abominación y aberración que eso significaba para Dios.

Hermanos, ¿cuánta indignación e ira santa hay en nosotros al ver el estado de la sociedad en la que vivimos? ¿cómo reaccionamos al ver la filosofía y pensamiento ateo y anti bíblico de estas nuevas generaciones? ¿cómo reaccionamos y nos sentimos al ver que la gente cada vez abraza más las tinieblas y se burla más de Dios? ¿cómo nos sentimos al ver como los gobernantes cambian las leyes llamando a lo malo bueno y a lo bueno malo? ¿cómo nos sentimos al ver a toda esta gente que va camino al infierno?... Por estas fechas se celebra la Semana Santa en nuestras ciudades, con un despliegue de idolatría aberrante. Este año debido a la pandemia no estamos viendo como desfilan esos ídolos por las calles de nuestras ciudades, pero haz memoria de cómo te sentiste el año pasado cuando viste que ocurría eso por estas fechas… Pienso personalmente, que un buen síntoma de nuestro estado espiritual sería que como a Pablo se nos llenara el corazón de ira santa, de indignación profunda y dolor al ver la obra de Satanás en este mundo… si no es así, creo que deberíamos hacer una parada en el camino y pedirle a Dios que entone nuestro corazón con el suyo para que sintamos lo que Él siente… para que veamos con sus ojos y tomemos conciencia, porque si no sentimos esa indignación y preocupación, nuestros corazones no serán movidos a clamar y a orar por esas almas, y no tomaremos responsabilidad y la importancia de llevar el evangelio a este mundo perdido. Os pido hermanos que meditemos en esto y sopesemos con honestidad nuestro corazón, dejemos que Dios nos revele cuánto realmente nos importa o nos molesta el estado en que se encuentra este mundo, porque marcará la diferencia en nuestras vidas, marcará la diferencia en nuestro servicio al Señor.

Volvamos a la narración de Hechos, leamos en Hechos 17:17-21

(Pablo) 17 Iba a la sinagoga para razonar con los judíos y con los gentiles temerosos de Dios y hablaba a diario en la plaza pública con todos los que estuvieran allí.

18 También debatió con algunos filósofos epicúreos y estoicos. Cuando les habló acerca de Jesús y de su resurrección, ellos dijeron: «¿Qué trata de decir este charlatán con esas ideas raras?». Otros decían: «Parece que predica de unos dioses extranjeros». 19 Entonces lo llevaron al Concilio Supremo de la ciudad. «Ven y háblanos sobre esta nueva enseñanza —dijeron—. 20 Dices cosas bastante extrañas y queremos saber de qué se trata». 21 (Cabe explicar que todos los atenienses, al igual que los extranjeros que están en Atenas, al parecer pasan todo el tiempo discutiendo las ideas más recientes).


Cuando Pablo las enfrentó, las filosofías epicúrea y estoica se encontraban ya en su cuarto siglo de existencia. Ambas filosofías, bajo distintos nombres y formas, permanecen muy vivas en el mundo moderno.

Los epicúreos eran agnósticos. Creían que Dios no existía o que estaba demasiado lejos del mundo para saber algo de él o para que le importara. Así, para ellos, todo ocurría al azar. Por aquellos días, la gente vivía con dos grandes temores: los dioses y la muerte. La filosofía epicúrea buscaba quitar estos temores al negar que los dioses existieran o al decir que los dioses, de existir, vivían sólo para su propio placer, por lo que nadie debía temer a la muerte, pues la muerte era sólo el final. Cada uno debía sacar el mayor provecho de lo que tuviera al momento. Su lema era “comer, beber y ser felices”. Por su forma de pensar, los llevó a negar cualquier tipo de providencia divina que gobierne el mundo. Los dioses no castigan ni tampoco premian, todo tiene una explicación física, todo acaba en esta vida, no se debe temer a la muerte, él decía, "mientras existimos la muerte no está presente, y cuando la muerte está presente ya no existimos, entonces por qué le voy a temer algo con lo que nunca me voy a encontrar".

Epicuro, que vivió del 341 al 270 a. C., es el fundador de la escuela Epicúrea y él fue un discípulo de Sócrates, él enseñaba que el placer es el bien máximo y el dolor es el más grande mal. El buscar el buen vivir es la búsqueda del placer, el buscar la ausencia de dolor, esa era la idea general de estos filósofos epicúreos.

Las generaciones de hoy en día se parecen mucho en este pensamiento, sólo quieren vivir una vida llena de placer, no están preparados ni dispuestos a vivir ningún tipo de dolor, y no hay nada más irreal que esto, pues esta vida de este lado de la eternidad, como el mismo Señor nos dijo, está llena de aflicciones, no podemos esperar el paraíso en esta tierra, porque nunca lo encontraremos, el paraíso es del otro lado de la eternidad, por encima del sol, en aquel lugar que el Señor ha preparado morada para nosotros, el paraíso lo viviremos después de esta vida en la tierra, todos aquellos que somos hijos de Dios por la gracia que nos ha sido dada.

Qué gran error es vivir aún como cristianos buscando el placer y el bienestar constante, es vivir garbillando agua, como dice el Pastor, nunca tendremos contentamiento, es vivir una vida sin sentido y sin esperanza. Nuestra mente, nuestros anhelos más profundos tienen que estar en la vida eterna, donde seremos plenamente felices, con Cristo a nuestro lado, donde lo veremos cara a cara.

Por otra parte, los estoicos eran panteístas. El panteísmo es el sistema de creencia de quienes sostienen que la totalidad del universo es el único Dios. Esta cosmovisión y doctrina filosófica afirma que el universo entero, la naturaleza y Dios son lo mismo. ... Varios de los principales pensadores de la historia de la humanidad son considerados como panteístas.

Los estoicos creían que Dios estaba en todas partes, porque todo era Dios y que todo era controlado por el destino. Por tanto, la apatía (literalmente, la carencia de emociones o de sentimientos) era para ellos la característica más deseable que alguien podía tener.

Zenón de Citio es el fundador de la escuela estoica, ¿por qué no se llama Zenoica?, ¿por qué se llama estoica?, porque ellos en el ágora (es decir, la plaza pública donde se reunían los ciudadanos griegos de esa ciudad, donde se comerciaba, se compartían pensamientos, era la vida política y social de la ciudad), allí en ese ágora, se reunían estos filósofos en un lugar específico que se llamaba el pórtico pintado o la Stoa poikile y por eso es que se les llamó los estoicos, porque ese era su lugar de reunión y de discusión, es decir, no tomó el nombre de su maestro sino del lugar donde se reunían.

Los estoicos estaban determinados en aceptar el mundo tal como estaba, se resignaban y procuraban vivir sin mayores pretensiones materiales, suprimiendo su deseo por el placer, siendo serenos y controlados.

El estoicismo produjo un concepto ético de la responsabilidad o del deber, los seres humanos al estar obligados a conformarse a la razón universal deben cumplir sus deberes en el lugar en que la providencia los ha colocado, o sea, donde estemos tenemos que hacer lo mejor, sin embargo, al ser deterministas, esta obligación a vivir rectamente dentro del mundo no produjo ningún cambio en la sociedad porque simplemente todo está determinado, yo no voy a ser nada más allá de lo que ya está delante de mí, no voy a provocar un cambio social aunque la sociedad esté mal, simplemente me amoldo y cumplo, me conformo.

Hay gente a día de hoy que también vive de alguna manera esta filosofía. Son personas que simplemente viven por vivir, dejando que pase el tiempo, que pasen los años, viven sin pretensiones de nada, sin pensar en si hay algo más allá después de esta vida, sin involucrarse en los problemas del mundo, pasivos a todo, nada les importa ni preocupa demasiado, sólo tener para comer y vivir y que nadie se meta con ellos y los dejen en paz. Vivir así es un gran error porque no hemos sido puestos en esta vida para simplemente borrarnos de la película como si no fuera con nosotros, sino para ser actores activos, valga la redundancia, en esta vida que Dios nos ha regalado, y lo que hagamos con ella tiene relevancia eterna no sólo para nosotros, sino para cuántos nos rodean. Nuestra actitud marcará la diferencia, cómo afrontamos esta vida.

A veces este tipo de pensamiento se introduce de algún modo en la iglesia, ¿en qué sentido? Hay cristianos que la gran comisión de predicar el evangelio y de ser luz parece que no va con ellos, que eso sólo es responsabilidad de los pastores, evangelistas, etc. Como dice Pablo en 1ª Corintios 9:16 en la NVI: Sin embargo, cuando predico el evangelio, no tengo de qué enorgullecerme, ya que estoy bajo la obligación de hacerlo. ¡Ay de mí si no predico el evangelio!

Las comunidades intelectuales y filosofías de este mundo representan un gran reto para la iglesia. Pablo hablaba la lengua de esta comunidad intelectual. Nótese cómo su sermón fue diferente del que había predicado anteriormente. Cuando estaba en una sinagoga, las Escrituras eran su texto, pero en Atenas, Pablo jamás citó un sólo versículo de la Biblia y, por el contrario, citó a poetas griegos, lo que ellos conocía. Así, su texto base en esta ocasión fue una escultura que había a un dios desconocido. Pablo predicó de forma tal que buscó comunicarse con las personas usando lo que era conocido para ellas y esto debe de ser un ejemplo para nosotros, debemos conocer la filosofía de esta sociedad, conocer su línea de pensamiento, empaparnos de ella para poder transmitirles el evangelio con sabiduría y sagacidad.

Dice en Hechos 17:22-34

22 Entonces Pablo, de pie ante el Concilio, les dirigió las siguientes palabras: «Hombres de Atenas, veo que ustedes son muy religiosos en todo sentido, 23 porque mientras caminaba observé la gran cantidad de lugares sagrados. Y uno de sus altares tenía la siguiente inscripción: “A un Dios Desconocido”. Este Dios, a quien ustedes rinden culto sin conocer, es de quien yo les hablo. 24 »Él es el Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él. Ya que es el Señor del cielo y de la tierra, no vive en templos hechos por hombres, 25 y las manos humanas no pueden servirlo, porque él no tiene ninguna necesidad. Él es quien da vida y aliento a todo y satisface cada necesidad. 26 De un solo hombre creó todas las naciones de toda la tierra. De antemano decidió cuándo se levantarían y cuándo caerían, y determinó los límites de cada una. 27 »Su propósito era que las naciones buscaran a Dios y, quizá acercándose a tientas, lo encontraran; aunque él no está lejos de ninguno de nosotros. 28 Pues en él vivimos, nos movemos y existimos. Como dijeron algunos de sus propios poetas: “Nosotros somos su descendencia”. 29 Y, como esto es cierto, no debemos pensar en Dios como un ídolo diseñado por artesanos y hecho de oro, plata o piedra. 30 »En la antigüedad Dios pasó por alto la ignorancia de la gente acerca de estas cosas, pero ahora él manda que todo el mundo en todas partes se arrepienta de sus pecados y vuelva a él. 31 Pues él ha fijado un día para juzgar al mundo con justicia por el hombre que él ha designado, y les demostró a todos quién es ese hombre al levantarlo de los muertos».


Qué mensaje más espectacular hermanos, aquí Pablo demuestra una pericia a la hora de predicar el evangelio increíble, con astucia, siendo sagaz, con la sabiduría de Dios, le presentó el evangelio acorde a sus oyentes.


Y dice del verso 32 al 34:

32 Cuando oyeron a Pablo hablar acerca de la resurrección de los muertos, algunos se rieron con desprecio, pero otros dijeron: «Queremos oír más sobre este tema más tarde». 33 Con esto terminó el diálogo de Pablo con ellos, 34 pero algunos se unieron a él y se convirtieron en creyentes. Entre ellos estaban Dionisio —un miembro del Concilio—, una mujer llamada Dámaris y varios más.

Aún, así tristemente vemos como la gran mayoría rechazó ese mensaje, es lo que sucede en la actualidad, es lo que ha sucedido siempre, pero gloria a Dios que ese mensaje alcanzó a algunos y la semilla se plantó en la ciudad de Atenas, una semilla que luego daría más fruto de almas. No desesperemos cuando veamos que aunque predicamos el evangelio no lo reciben, sigamos haciéndolo porque algún día veremos fruto y una sola alma ganada para Cristo es de mucho mayor valor que cualquier cosa que puedas lograr materialmente en esta vida. Si en esta vida nuestro único logro fuera ganar un alma para Cristo, nuestra vida ya habrá valido la pena.

Después de esto nos dice el capítulo 18 de Hechos que Pablo salió de Atenas dirección a Corinto.


Allí conoció a una pareja, Aquila y Priscila, que trabajaron codo con codo con él predicando el evangelio y edificando la iglesia en esta ciudad durante un año y medio.

Dice Hechos 18:3 que:

3 Pablo se quedó a vivir y a trabajar con ellos, porque eran fabricantes de carpas al igual que él.

Dice el verso 8 que:

8 Crispo, el líder de la sinagoga, y todos los de su casa creyeron en el Señor. Muchos otros en Corinto también escucharon a Pablo, se convirtieron en creyentes y fueron bautizados.

Ahí nació la iglesia de Corinto en la cual estuvo sirviendo Pablo por año y medio, que es hasta el momento el lugar donde permaneció más tiempo, junto con la iglesia de Antioquía de Siria.

Ahora bien, no pensemos que para Pablo fue fácil todo este viaje y todo lo que enfrentó, leamos los versos 9 al 11:

9 Una noche, el Señor le habló a Pablo en una visión y le dijo: «¡No tengas miedo! ¡Habla con libertad! ¡No te quedes callado! 10 Pues yo estoy contigo, y nadie te atacará ni te hará daño, porque mucha gente de esta ciudad me pertenece». 11 Así que Pablo se quedó allí un año y medio enseñando la palabra de Dios.

Pablo era de carne y hueso como tú y como yo y tenía sus momentos de debilidad, de temor y de desánimo, pero siempre era fortalecido por el Señor, como debemos ser fortalecidos tú y yo, el gozo del Señor es nuestra fuerza, debemos recurrir a Él porque tendremos momentos en donde querremos tirar la toalla, querremos desistir o nos invadirá el temor o la ansiedad ante las circunstancias del llamado o de esta vida que no es una vida precisamente fácil ni de color de rosa, pero debemos mantenernos firmes siempre agarrados a la diestra de Dios que quien nos sostiene. Vivir y servir en nuestras fuerzas es imposible, pero en Dios, todo es posible. Gloria sea a Él por los siglos de los siglos.

Después de este período en Corinto (del cual el libro de Hechos no nos habla demasiado, aunque tenemos conocimiento de la iglesia de Corinto por las dos extensas epístolas que posteriormente Pablo les escribió), pasó por Éfeso, en donde nos dice Hechos que dejó al resto del equipo, incluidos Aquila y Priscila, y él se dirigió a Antioquía de Siria, a pesar de que los hermanos en Éfeso le insistieron que se quedara con ellos. Pablo no cedió, mostrando firmeza en sus decisiones a pesar de la presión de la mayoría y a pesar de parecer a priori una buena oportunidad, ¿por qué? porque Pablo entendía que no era la voluntad de Dios por el momento, y les dijo que si Dios quería volvería para estar con ellos, y así fue como ocurrió en el tercer viaje misionero donde pasó la mayor parte del tiempo en Éfeso.


Así como comenzó el viaje, Dios guiando a Pablo, no dejándose llevar por las posibles puertas abiertas como solemos decir en el argot evangélico, o por las oportunidades, sino por la voluntad y soberana dirección de Dios, de la misma manera termina este viaje, Pablo guiado por la voluntad de Dios. Tomemos ejemplo de esto para vivir y servir al Señor en nuestras vidas siempre.

Que Dios os bendiga grandemente hermanos, y en la próxima clase estaremos viendo el tercer y último viaje misionero de Pablo.

148 vistas

© 2018 por JOSUÉ SÁNCHEZ CONESA

  • Facebook Clean
  • Twitter limpio
  • YouTube Clean