Lección 10 Nuestro adversario y nuestra lucha 2ª Parte | Vivir con integridad y sabiduría

A continuación os dejamos los audios de la lección en Fuente Álamo:








Y el audio de Cartagena:

Vamos a continuar en donde nos quedamos en la clase pasada. Estuvimos viendo que un cristiano no puede estar poseído por demonios, ni los demonios tienen poder sobre nuestras vidas, solamente cuando Dios en casos excepcionales y con un propósito se lo permita. En cambio Satanás y los demonios sí tienen poder sobre los que no son hijos de Dios, aunque ese poder es limitado. Con respecto a nosotros; los hijos de Dios, lo que sí pueden tener es influencia, en la medida que nosotros le demos lugar o ventaja sobre nuestras vidas. Hoy vamos a comenzar a desarrollar cómo es esa influencia que los demonios pueden ejercer sobre nosotros, pero antes vamos a desarrollar algunas preguntas que surgen y que es necesario aclarar para entender y tener sabiduría acerca de nuestra lucha y nuestro adversario.


Me gustaría en primer lugar que se quede grabada en tu mente esta imagen, en donde Cristo tiene las llaves de la casa que Él ha comprado con su sangre, es decir, tú eres propiedad de Cristo y Satanás no tiene poderes ni derechos sobre esa propiedad, en la Escritura pone que la propiedad es de Jesucristo, tú y yo le pertenecemos al mejor propietario que pueda existir, alguien que es inderrotable, indestructible y soberano sobre todo y sobre todos.

Primera pregunta que vamos a responder hoy:

La respuesta es:

Mira, de primeras Satanás no puede tocar con enfermedad tu vida, porque no tiene poder y autoridad sobre ti, así que si enfermas es porque estás en un cuerpo de muerte que algún día se convertirá en polvo, estamos en un mundo en donde el pecado introdujo la muerte y con ella toda enfermedad. Tenemos un Dios que puede sanar cualquier enfermedad y debemos creer en fe con absoluta certeza de que nuestro Dios puede hacerlo y confiar en su bondad, misericordia y gracia, pero y si no somos sanos después de haberle pedido o rogado a Dios con fe, entonces es porque no es la voluntad de Dios de que seas sano por el momento, así que orar en dirección opuesta a la voluntad de Dios es una pérdida de tiempo y un gasto de energías y de frustración, en esta ocasión deberíamos aceptar gustosamente la voluntad de Dios y sostenernos en su poder y fuerzas para llevar adelante toda situación difícil, entendiendo de que Dios lo está permitiendo con un buen propósito. Pero profundicemos un poquito más en esta cuestión:


En la clase pasada pusimos el ejemplo de Pablo, que es un ejemplo muy claro de esto, y decíamos que un mensajero de Satanás, es decir, un demonio, atormentaba de alguna manera a Pablo, se cree que con una enfermedad. A Job le pasó lo mismo, pero todo esto ocurrió por permiso de Dios y siempre con un propósito que era para bien para la vida de ambos. En el caso de Pablo vimos que el fin de este permiso de Dios era impedir que Pablo se volviera orgulloso, puesto que tenía todos los requisitos para poder sentirse orgulloso y envanecerse, por su sabiduría y por su ministerio tan exitoso (mayor que el del resto de apóstoles), pero Dios no lo permitió y para ello se usó de un permiso a Satanás que lo atormentaba con una enfermedad supuestamente.


Así que aquí vemos un caso específico, una excepción rara, de un hijo de Dios siendo enfermo por causa de un demonio, esto no es lo normal, pero los planes de Dios y sus pensamientos se escapan a los nuestros y Dios se usa de todo cuanto quiere para sus propósitos, aún del mismo Satanás y sus demonios.


Entonces, si fue Dios quien lo permitió, ¿para qué reprender al demonio de enfermedad? Estaríamos yendo en contra de la voluntad de Dios. De hecho, en ningún momento vemos a Pablo reprendiendo aquí al demonio, sino que dice que le rogó a Dios por tres veces que lo quitara de él, pero entendió que Dios no quería quitarlo y entonces lo aceptó con agrado.


Pasemos a la siguiente pregunta:

Después de examinar bíblicamente este asunto, puedo concluir que en un cristiano no existe tal cosa como una atadura, ¿por qué?

Si somos esclavos del pecado como la Biblia nos dice claramente en muchos versículos, es decir, somos libres para no pecar, aunque aún fallamos y pecamos porque estamos en un proceso de santificación, lo cierto es que nada ni nadie nos obliga a pecar, sino que pecamos voluntariamente, sino fuera así no seríamos responsables por nuestros pecados y entonces no tendríamos necesidad de ser juzgados por ello. Por tanto, cuando tú y yo pecamos, es porque así lo decidimos y no porque no tuviéramos salida para no pecar, sino porque cedimos y nuestros deseos carnales pecaminosos inclinaron la balanza en esa dirección.


No hay un demonio que te ate en un pecado y que te obligue a hacerlo y que por tanto tengas que reprenderlo. Lo que existe en ti es una debilidad hacia ese pecado que el demonio conoce y entonces se aprovecha para bombardearte en esa dirección. Si tú no dejas de pecar en ese pecado, es decir, si estás constantemente pecando en eso es porque nunca te arrepentiste genuinamente de ese pecado, amas más a ese pecado que a Dios.



Por lo tanto, no somos ni esclavos del pecado, ni de ataduras, ni de demonios que nos obliguen a pecar, si nos cuesta vencer un pecado es porque no hay arrepentimiento o no estamos luchando en el espíritu, porque nuestra carne es mayor.


Pasemos a la siguiente pregunta:



Vamos a leer algunos versículos al respecto:



La sangre de Cristo nos ha liberado de toda maldición, si así no hubiese sido, entonces la muerte de Cristo no fue suficiente y eso es una herejía. La sangre de Cristo, su sacrificio y su resurrección, son suficientes para nosotros, todo está hecho ya, consumado es, somos libres del pecado y de maldiciones.


Cuando se repiten los mismos pecados de padres a hijos o de abuelos a nietos, etc. se debe a la exposición de ese hijo a ese ambiente, a ese ejemplo que lo ha dejado marcado y que deja un legado negativo sobre su vida. Además, en el ADN, al igual que porta las probabilidades genéticas de enfermar en algo específico, o tener un defecto físico congénito, heredado de tus ancestros, también heredamos personalidades, personalidades que están inclinadas al pecado por naturaleza y que se reproducen en muchas ocasiones, siendo las mismas debilidades las que nos atraen por naturaleza de nuestra personalidad. Recordemos que todos nacemos pecadores, con debilidades similares, pero también diferentes. Por tanto, una cosa es esto y otra muy diferente una maldición generacional que se transmite en el espíritu de padres a hijos, tal cosa no existe y cada persona es libre de cualquier esclavitud o maldición en el momento que la sangre de Cristo opera en esa vida; lo que sí hay es un proceso de santificación que lleva tiempo hasta que la persona es madura en Cristo.


Resueltas todas estas preguntas vayamos entonces a comenzar a desarrollar el tema acerca de la posible influencia de Satanás sobre los hijos de Dios:



Lo primero que tenemos que recordar es que ese adversario no descansa y que no lo podemos subestimar.


La única manera en que el diablo puede influenciarnos es dándole lugar en nuestras vidas para que eso ocurra. ¿Cómo? Como vemos acá en este versículo, cuando por ejemplo nos airamos por algo que nos hacen, es una reacción natural, pero podemos desechar esa ira y perdonar, o podemos dejar que esa ira tome control de nuestros pensamientos y emociones y entonces gobernará nuestra voluntad en el sentido que acabaremos guardando rencor, resentimiento u odio hacia otra persona, ahí es donde hemos pecado y donde le estamos dando lugar al diablo para que siga echando sal y pimienta en ese asunto y engorde la situación para que nunca perdones a esa persona, no practiques el amor de Dios, y si aún le das mucha cabida hasta pienses en vengarte de alguna manera, tal como calumniarlo, juzgarlo, ignorarlo, despreciarlo, tratarlo mal, etc.


Cuando Satanás ve la oportunidad entonces maquina contra ti para que acabes pecando o engordando el pecado.


¿Cómo trabaja Satanás y sus demonios?



Satanás ve cuando tú fallas, cuando pecas, y entonces viene a acusarte de hipócrita, de falso, de que tú no eres un hijo de Dios. Eso mismo lo hace delante del Padre, pero gracias a Dios que tenemos abogado defensor, y este es Jesucristo, el que con su sangre nos hace justos delante del Padre ahora y para siempre:


Así que cuando Satanás venga a acusarte, recuérdale que tú eres justo por la sangre de Cristo, no por lo que hagas, y que a pesar de tus errores, en tu amor por Dios tu vas a esforzarte por vivir en santidad y que Dios ya sabe de antemano que vas a fallar más de una vez, pero no por eso Él te rechaza. Yo soy hijo de Dios independientemente de mis errores, nada me puede separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.


La segunda forma en que Satanás trabaja es:




Así como la serpiente engañó a Eva, así trabaja en nosotros, queriéndonos hacer ver que hay cosas de la Palabra de Dios que no son así, que no son tan importantes, que podemos saltárnosla, que podemos hacer caso omiso, que las consecuencias no son tan graves, que realmente no pasa nada. Nos hace juzgar las cosas de Dios de manera diferente a como Dios las ve, con el fin de que pequemos y desobedezcamos a Dios.

Esto mismo hizo con David, lo incitó, lo tentó a hacer algo que Dios claramente le había dicho que no hiciera, algo que a priori no parecía malo porque era un simple censo, es decir, contabilizar a su ejército, ¿qué tendría eso de malo? Contar a un ejército a ojos tuyos y míos no es pecado ¿verdad? pero Dios expresamente le había dicho que no lo hiciera, porque al hacerlo estaba de alguna manera enorgulleciéndose y poniendo su confianza para la victoria en su ejército humano, cuando era Dios el que les daba la victoria sobre sus enemigos. Cuando David cayó en este pecado, la furia de Dios fue muy grande y trajo muy malas consecuencias. El próximo día estaremos hablando sobre esto y terminaremos con el resto de maneras en que Satanás trabaja en nuestras vidas.


Profesor: Josué Sánchez Conesa




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© 2018 por JOSUÉ SÁNCHEZ CONESA

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