Lección 1 Introducción | Siervos de Dios

Actualizado: 24 de jun de 2019


A continuación el audio de la clase:














Lectura de Efesios 4:1-13 (PDT):

Yo, Pablo, preso por la causa del Señor, les ruego que vivan de acuerdo con el llamamiento que recibieron de Dios. Sean siempre humildes, amables, tengan paciencia, sopórtense con amor unos a otros.El Espíritu los ha unido con un vínculo de paz. Hagan todo lo posible por conservar esa unidad, permitiendo que la paz los mantenga unidos.Así como ustedes forman un solo cuerpo y hay un solo Espíritu, Dios también los llamó a una sola esperanza. Hay un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo. Hay un solo Dios y Padre de todos que gobierna a todos, trabaja por medio de todos y vive en todos nosotros. Cristo en su generosidad nos dio un don a cada uno. Por eso dice:

«Cuando subió a los cielos, se llevó a los prisioneros y entregó dones a la gente». [a]

¿Qué significa eso de que «subió»? Pues significa que primero descendió a las partes más bajas de la tierra. [b] 10 Cristo fue el mismo que descendió y luego subió a lo más alto de los cielos para llenarlo todo con su presencia. 11 Cristo mismo le dio dones a la gente: a unos, el don de ser apóstoles; a otros el de ser profetas; a otros el de anunciar la buena noticia de salvación; y a otros el de ser pastores y maestros. 12 Él dio esos dones para preparar a su pueblo santo para el trabajo de servir y fortalecer al cuerpo de Cristo. 13 Este trabajo debe continuar hasta que estemos todos unidos en lo que creemos y conocemos acerca del Hijo de Dios. Nuestra meta es convertirnos en gente madura, vernos tal como Cristo y tener toda su perfección.


Enfatizamos en el versículo 12 de donde nace el nombre de la escuela bíblica de capacitación ministerial.

Después de leer este texto de Pablo a los efesios, concluimos que:


Todos los santos, todos los hijos de Dios han sido llamados a ser siervos de Dios.

Romanos 6:22 (LBLA)

Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como resultado la vida eterna.


Efesios 2:10 (RV60)

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.


1ª Pedro 4:10



Todos hemos sido llamados al ministerio, ¿por qué? Porque ministrar es servir.


Ministerio = Servicio

Ministrar = Servir


La palabra “ministrar” viene del griego: “diakoneo”, de donde nace la palabra “diácono”, y el significado es: servicio por amor; ayudar o hacer bien a otros por amor. La palabra en griego se divide en dos partes, una es “dia” (por el) y otra es “koneo” (polvo): es decir, activo, acción, esfuerzo, trabajo con humildad.


A pesar de que "diácono" significa "siervo", y todos debemos servir a Dios; en la iglesia local vemos posteriormente en las epístolas como el uso que se le daba a la palabra diácono hacía mención de una persona que estaba puesta en un lugar de responsabilidad y servicio específico dentro de esa iglesia local y en muchas ocasiones dentro del liderazgo de la iglesia.


Veamos, por ejemplo, dos ministerios, dos formas de servir a las que hemos sido llamados todos:


El ministerio de ofrendar: 2ª Corintios 8:6 y 9:1 (NTV)


Así que le hemos pedido a Tito —quien los alentó a que comenzaran a dar— que regrese a ustedes y los anime a completar este ministerio de ofrendar.


En realidad, no necesito escribirles acerca del ministerio de ofrendar para los creyentes de Jerusalén.


El ministerio de la reconciliación (evangelismo): 2ª Corintios 5.18-20 (RV60)

18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;

19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.


En este último versículo encontramos la palabra “embajadores”, que en griego es “pais” y significa: alguien trabajando a favor de una causa o de alguien, como representante honorífico de esa causa o de esa persona. Somos representantes de Dios, trabajando por su reino, lo cual es una gran responsabilidad y al mismo tiempo un gran privilegio.


Vamos a traer ahora un poco de claridad en referencia a una serie de errores conceptuales que se suelen dar entre los cristianos:


ERROR Nº1:

A veces he escuchado decir, “yo no tengo ministerio” o “yo no he sido llamado al ministerio” y esto se debe a la creencia de que ministerio es sólo para aquellos que se encargan de pastorear, predicar, ser misioneros o profetas… o personas que se dedican a la obra de Dios a tiempo completo. Esto es un error como hemos podido ver hasta lo desarrollado en clase. Todos hemos sido llamados al ministerio, porque ministrar es servir.


ERROR Nº2:

Respecto a la palabra “siervo”, pasa algo muy parecido al error anterior, puesto que a veces sólo etiquetamos como siervos a los que tienen las funciones anteriormente mencionadas. “Hoy nos visita el siervo de Dios Fulanito” (un pastor extranjero por ejemplo). A nuestro entender, él si es un siervo de Dios, pero el resto no. Una vez más decimos que siervos somos todos los hijos de Dios que servimos de alguna manera en el cuerpo de Cristo.


ERROR Nº3:

No es lo mismo un siervo, que un líder. De hecho, en los manuscritos antiguos ni siquiera existe la palabra líder, esa palabra nació en el s.XIX-XX del inglés “leader”. En todo el NT en nuestra RV60 no aparece la palabra líder puesto que ni existía. ¿Significa esto que no hay líderes bíblicamente? Sí que los hay, pero no todo el que sirve es líder en la iglesia. Los líderes son los ancianos, o diáconos con una determinada función de liderar un grupo. Los ancianos son aquellos que han sido comisionados por Dios para el liderazgo de la iglesia, para tomar decisiones en la iglesia local, disciplinar e influenciar a la gente de donde están a donde Dios quiere que estén. Quizá esta confusión nazca porque muchas veces se convocan conferencias, talleres o se escriben libros para aquellos que sirven en la iglesia, y se les menciona con el título de “Reunión de liderazgo”, “Conferencia para líderes”… lo cual es incorrecto si es para un ámbito genérico, es decir, para todos los que sirven. Esa conferencia o reunión bajo ese título sería sólo para ancianos (pastores) o diáconos con áreas de liderazgo específico. Pero si lo que se quiere es convocar a los siervos en general, habría que llamarlo “Reunión de siervos”, “Conferencia para siervos”, “Taller de servicio”.


Aclarados estos conceptos, me gustaría ver ahora:


¿Qué es servir/ministrar?


Como hemos dicho brevemente antes, es ayudar o hacer bien a otros por amor.


Veámoslo más detenidamente leyendo 1ª Corintios 12 y 13:1-3.








Servir es hacerlo por amor, si no es por amor entonces deja de ser servicio, esto es fundamental.

A veces creemos que estamos sirviendo, y más bien lo que estamos es llevando a cabo una actividad dentro de la iglesia, pero con una motivación incorrecta: para agradar a los demás (Gálatas 1:10), para que me vean, para sentirme realizado y me elogien por mi “servicio”, quizás lo estés haciendo por obligación y sin ganas, o como una rutina sin propósito porque es a lo que te has acostumbrado, o quizás te creas el único capaz de poder hacerlo, como si fueras la solución a todos los problemas de la iglesia.


Todo esto no es servir, porque todo lo que nazca de una motivación incorrecta no es servicio para Dios, porque no tiene como base y fundamento el amor.

En 1ª Corintios 3:13-15 habla de que nuestras obras (servicio), será puesto a prueba en el día del Señor, para ver si realmente lo era o no lo era, para ver si era o no agradable a los ojos de Dios.


El servicio, por tanto, debe de ser por amor, lo cual es lo que caracteriza a los discípulos de Cristo y es lo que nos diferencia, nuestro sello de identidad: Juan 13:35


Un amor que no es llevado a la práctica, no es amor, el amor se tiene que demostrar, sino es como la fe sin obras que es muerta, pues así mismo, el amor sin obras es muerto.

Si un marido le dice a una esposa que le quiere, la esposa podría decirle: mucho hablar y poco hacer, si realmente me amas, demuéstralo.


Por todo esto concluimos que es incompatible ser cristiano y no anhelar servir.

Hay 3 actitudes que podemos tener los hijos de Dios:


1. Inactivos: No servimos, ni hay deseos de hacerlo. Esto es síntoma de un mal estado espiritual.


2. Reactivos: Sólo servimos cuando hay una necesidad y nos lo piden de forma urgente, momentánea y especial. Lo hacemos un poco porque nos sentimos entre la espada y la pared. Esto también es un mal síntoma espiritual.


3. Proactivos: Es alguien que se ofrece, que está dispuesto, que tiene una mentalidad constante de servir por amor. Esta es la actitud que Dios quiere y es un buen síntoma de que nuestro corazón anda por buen camino.


Para concluir:


Cuando no servimos a Dios, somos culpables de robarle al cuerpo de Cristo algo que le pertenece a la Iglesia: nuestro servicio, nuestros dones.

Cada miembro sirve con los dones que Dios le ha dado. No hay nada más poderoso que una iglesia de siervos, de personas que están dispuestas a decir simplemente “haré lo que haya que hacer”, en lugar de “yo no puedo” o “eso no me gusta” o “es que tengo muchas cosas”.


El cristiano no debe desmayar en su servicio ya que tenemos un enemigo que no se cansa, que no toma vacaciones y que le encanta ponernos obstáculos en el camino.


El diablo va a atacarte principalmente en dos maneras: una a tu santidad, y otra a tu servicio a Dios. Si no puede vencerte en tu santidad, lo intentará dejándote inactivo para Dios y su iglesia.


En Marcos 10:45 Cristo nos dejó el ejemplo a seguir, yo no he venido a ser servido, sino a servir y dar mi vida en rescate por muchos. Gloria a Dios por esto, sigamos los pasos del Maestro, de nuestro Rey y Señor Jesucristo.


Profesor: Josué Sánchez

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© 2018 por JOSUÉ SÁNCHEZ CONESA

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