Lección 1 ¿Cómo hacer la voluntad de Dios? 1ª Parte | Vivir con integridad y sabiduría

Actualizado: 13 de feb de 2019


Introducción:


Vamos a arrancar esta asignatura con un tema muy importante que es precisamente una de las áreas que más le interesa y más les cuesta a los cristianos, vamos a hablar acerca de la voluntad de Dios.


Damos por hecho que todo hijo de Dios debe desear tomar decisiones que agraden a Dios, puesto que nuestro propósito de vida es glorificarle y si tomamos decisiones que no le agradan obviamente no podemos glorificarle.


El hombre caído que no conoce a Dios, él va a vivir en contra de la voluntad de Dios o fuera de la voluntad de Dios. Ahora, cuando el viene a los pies de Cristo, él comienza a alinear su vida con la voluntad de Dios, pero la realidad es que muchas veces, todavía él vive fuera de esa voluntad, porque no ha logrado entenderla, abrazarla, no ha logrado someterse a ella, o no ha logrado aceptarla que es muy frecuente.


Fíjate lo que encontramos en el Salmo 81, es un triste relato acerca de un pueblo que se negaba a escuchar a Dios. El misericordioso corazón del Padre, con sus numerosos intentos de lograr la atención y la devoción de Israel, y el persistente rechazo por parte de ellos, se ponen de manifiesto en los versículos 8 al 14 RV60:

Oye, pueblo mío, y te amonestaré. Israel, si me oyeres, No habrá en ti dios ajeno,

Ni te inclinarás a dios extraño. Yo soy Jehová tu Dios, Que te hice subir de la tierra de Egipto; Abre tu boca, y yo la llenaré. Pero mi pueblo no oyó mi voz, E Israel no me quiso a mí. Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; Caminaron en sus propios consejos.

¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo, Si en mis caminos hubiera andado Israel!

En un momento habría yo derribado a sus enemigos, y vuelto mi mano contra sus adversarios.


Casi podernos escuchar el latido del corazón de Dios cuando implora ante la nación de Israel, diciendo: «Les ruego que me escuchen. Les ruego que oigan mi voz». Cada uno de nosotros, también, debería preguntar: «Señor, ¿me has estado tratando de decir algo que necesito desesperadamente? ¿Me estás exhortando a escuchar tu voz?» Me pregunto, ¿cuántas veces Dios nos ha hablado cuando no estábamos escuchando? ¿Cuántas veces habrá tenido Dios algo específico que necesitábamos oír pero hemos estado demasiado atareados para atenderle?


Dios describe en su palabra su voluntad, como algo que es bueno, agradable y perfecto, ¿cómo no querer nosotros algo que reúna esas condiciones? Pero, además, define su voluntad como perfecta. La voluntad de Dios es perfecta y por tanto, cuando yo estoy fuera de esa voluntad, yo estoy viviendo algo que es imperfecto y que por consiguiente, me va a generar problemas o consecuencias y demás.


Quiero comenzar leyendo algunos versículos, para mostrar la necesidad que tenemos de ser enseñados por Dios para entender y conocer su voluntad:


Salmo 143:10 RV60:

Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios;

Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.


Dice el Salmo 32:8 RV60:

Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar;

Sobre ti fijaré mis ojos.


Fíjate que habla en términos individuales porque Dios está interesado en cada uno de nosotros de forma particular, nos ama con amor eterno y tiene sus ojos fijos en nosotros, es un buen Padre.


Creo que una de las lecciones más valiosas que jamás podremos aprender es cómo escuchar a Dios. En medio de nuestra vida tan compleja y ajetreada no hay nada más urgente, nada más necesario, nada más provechoso que escuchar lo que Dios tiene que decirnos. Además, la Biblia es muy explícita y Dios nos habla con tanto poder hoy como en los días cuando fue escrita. Su voz espera ser escuchada y, cuando la escucharnos,

nos vernos lanzados a la aventura más grandiosa y más emocionante que podamos imaginar.


Dicho esto, lo primero que debemos tener claro es lo siguiente:


Dios quiere mostrarme su voluntad y además Dios tiene una opinión de cada cosa que yo hago en mi vida y en su Palabra nos ha dejado suficiente revelación de esa voluntad como para saber vivir en integridad y sabiduría.

Por tanto, nos toca a nosotros conocer la opinión de Dios al respecto, la voluntad de Dios para cada área de nuestras vidas, para cada decisión.


Imagínate que estás delante de Dios y le preguntas tu opinión acerca de una decisión que debes tomar y le dices tus posibles opciones o alternativas, ¿crees que Dios te contestaría así? “La verdad es que no sé cuál de esas dos opciones es la mejor”. Yo creo rotundamente que no, que Dios tiene muy claro lo que quiere y lo que opina, tiene muy clara su voluntad y esa voluntad nunca cambia.


Dios es omnisciente y además es un Dios en el que no hay cambio de parecer, no hay cambio de opinión, en el como dice en Santiago 1:17 RV60:

Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.


Por lo tanto, debemos recurrir a Él y a su Palabra a la hora de tomar decisiones y en aquellas decisiones que no lo tengamos claro, pidámosle en oración a Dios sabiduría, porque como dice Santiago 1:5 RV60:

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.


Hay una cosa que debemos aclarar, y es el hecho de que Dios no tiene diferentes voluntades.

A veces hablamos de voluntad buena, a veces de agradable y a veces de perfecta y es muy común hablar de voluntad permisiva. Realmente la voluntad de Dios siempre es buena, siempre es agradable y siempre es perfecta, precisamente porque provienen de Dios, el cual es bueno y el cual es perfecto, y cuando caminamos en esa voluntad nuestra vida va a ser una vida bendecida, por eso se convierte en agradable.


La voluntad de Dios es una, pero tiene varias características: una de esas características es que es soberana, otra de esas características, es que es una voluntad moral, no es inmoral, otra de esas características, es que esa voluntad no solamente es general para el universo, sino que también es individual para cada persona sin contradecir a su voluntad general, y otra característica, es que esa voluntad en ocasiones da permiso, y ese permiso que la voluntad da, es dado con un propósito.


¿Cómo habla Dios hoy?


Dios usa cuatro métodos principales para revelarse a nosotros.


1. La Palabra de Dios


El método principal de que se vale el Señor para hablar con nosotros en el día de hoy es su Palabra. Ya tenemos la revelación completa de Dios. El no necesita agregar algo más a este libro. La revelación de Dios es la verdad expuesta de Dios por Dios acerca de sí mismo. Sí, la forma más segura en que podemos saber que estamos escuchando a Dios es a través de su Palabra. Cuando enfrentamos dificultades y sufrimientos, en lugar de buscar el consejo de este o aquel, debemos acudir primero a las Escrituras.

La Palabra de Dios fue escrita a las personas mencionadas en las Escrituras, pero las Escrituras también fueron escritas para nosotros. La Biblia es el manual de instrucciones para su pueblo.


El Señor habló a Josué 1:7-8 RV60 y le dijo:

Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.


¿Cómo funciona esto en forma práctica para los creyentes de la actualidad?


La Biblia es muy clara con respecto a casi todas las cosas, pero sí es cierto que hay ciertas áreas de la vida diaria que no están bien definidas a primera vista, áreas que quizás cuesta clarificar y que requieren de una búsqueda paciente, llamaremos a estas áreas, “áreas grises”. Si a esto sumamos que cada persona ve el mundo de una manera y el hecho de nuestra tendencia carnal por naturaleza, pues a veces estas áreas grises se complican aún más.


Nuestro egocentrismo nos lleva a ver las cosas que nos convienen como buenas y válidas y cuando alguien juzga un área gris en la Palabra, nuestra tendencia es a responder diciendo que esa idea o principio no está muy claro en la Palabra de Dios.


Por otro lado están las diferentes etapas de la santificación. Cuando nos convertimos, en nuestro desconocimiento e inmadurez (al ser recién convertido) hay muchísimas cosas que queremos seguir haciéndolas y las convertimos en áreas blancas cuando realmente son negras. En la medida en la que yo me santifico, esas áreas grises comienzan a ponerse cada vez más claras.


Luego hay diferentes grados de discernimiento espiritual, el joven de 15-16 años se sienta contigo y cuestiona una decisión y te dice que no ve nada de malo con eso, pero la verdad es que a él le falta discernir para ver lo que de otra manera tú como adulto has podido ver. Lo mismo pasa cuando somos niños en el Señor.


Repito que aunque para nosotros haya supuestas áreas grises, para Dios no las hay. Las áreas grises muchas veces aparecen porque estamos buscando la manera de hacer lo que a nosotros nos apetece sin tener que sentirnos culpables.

Generalmente la Biblia habla en términos absolutos que no deja brecha alguna, por ejemplo:


2ª Corintios 6:14-16 (RV60):

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo.


Anécdota del Pastor Miguel Núñez:

Tuve una conversación con alguien que vive fuera del país, esta madre me dice que su hija tiene un novio y se quiere casar el año que viene, el chico es católico, hasta donde sabemos no creyente, y su hija quería casarse aquí en República Dominicana. Ella me dice, ‘yo sé que en esta iglesia no se puede hacer, pero ¿habrá alguna forma que ella se pueda casar aquí?’ seguimos hablando... su hija se supone que es creyente. Entonces al final de la conversación le dije, ‘Fulana, ¿no me dijiste que el muchacho no es creyente?’ y me dice, ‘No, no es creyente’, y le digo ‘Entonces, ¿qué hacemos averiguando dónde la vamos a casar?’ El problema no es si la casamos en la IBI o en otra iglesia, el problema es si ella es creyente y él es incrédulo...’ y me decía ‘Es que eso va a ser todavía el año que viene’. De modo que le dije ‘No importa si es el año que viene, es ahora que ella está en yugo desigual, estoy hablando de un problema actual, no de un problema futuro’. Ella comienza a caer en la cuenta.


Te das cuenta como empezamos a buscar las soluciones a problemas pecaminosos que sabemos que son pecaminosos, pero transportamos el problema de hoy al año que viene. El problema se creó cuando desplazaste el problema de hoy al próximo año, porque el problema no es el próximo año, sino ahora que está en yugo desigual. Eso es lo que ocurre. Aquí la Biblia habla más claro que el agua.


Por lo tanto, cuando oramos y buscamos orientación en relación con alguna decisión a tomar, deberíamos pedirle a Dios que nos hable por medio de su Palabra y que nos dé algún consejo para aclarar la dirección a seguir. Al meditar en la Palabra, teniendo en mente nuestra petición o la decisión que tenemos que tomar, con frecuencia Dios nos guía a la lectura de algún incidente en las Escrituras, un pasaje o incluso un solo versículo, que guarda relación con lo que nos preocupa. Puede ser algo que tiene que ver específicamente con nuestra propia experiencia o con el principio que rige la decisión que tenemos que tomar.


2. El Espíritu Santo


Un segundo método empleado por Dios para hablarnos hoy en día es por medio del Espíritu Santo. Hoy Dios sigue hablando a nuestro espíritu por medio de su propio Espíritu, que ahora vive, mora y permanece en nosotros. Si andamos en el Espíritu diariamente, entregados a su poder, tenemos el derecho de esperar que oiremos todo lo necesario de parte de Dios. El Espíritu Santo, que vive dentro de nosotros y nos habla, debería ser quien moldea el estilo de vida natural, normal de los creyentes. Podemos reclamar su presencia, dirección y orientación. Cuando digo que el Espíritu Santo «habla» no quiero decir que lo haga audiblemente. Más bien graba su voluntad en mi espíritu o en mi mente, y lo oigo en mi ser interior. Si bien no es audible, la comunicación resulta, no obstante, precisa y concreta.


Pero debemos tener cuidado de saber diferenciar la voz del Espíritu, de la voz de nuestro corazón engañoso.

3. Otras personas


Un tercer modo de que se vale Dios para hablarnos es a través de otras personas.

La verdad es que las personas a las que más deberíamos escuchar son aquellas con las cuales vivimos todos los días. Esas personas que nos aman más, que oran más que nadie por nosotros, son con frecuencia los instrumentos que Dios utiliza para revelarse ante nosotros. Puedo mencionar a varias personas que, en una conversación pasajera, han dicho algo que ha modificado el curso de mi vida en alguna medida. Nada más que una simple palabra al pasar, nada más que una palabra aquí o allí de parte de alguien que está muy cerca de nosotros (o en raras ocasiones incluso de un conocido casual), puede tener consecuencias dramáticas.


Es por ello que debemos que tener sumo cuidado con lo que decimos. Si tenemos en cuenta que podemos ser usados como portavoces de Dios seguramente analizaremos con sobriedad nuestros diálogos con otros. Es posible que Dios tenga un mensaje para quien nos oye y que nos haya elegido a nosotros para transmitirlo; y si hablamos sobre el tiempo o sobre un partido de fútbol podemos estorbar la transmisión del mensaje. Así que, deberíamos procurar estar alerta, sensibles y disponibles para ser vehículos de la voz de Dios.


4. Las circunstancias


Una cuarta forma en que Dios nos habla es a través de las circunstancias. Las circunstancias pueden adoptar muchas formas diferentes. A veces pueden ser un fracaso. Otras veces algún éxito. Otras, un desengaño. A veces es una tragedia, pero Dios usa todas las circunstancias en la vida para hablamos.


Anécdota Charles Stanley:

Cuando estaba como pastor en el oeste norteamericano le testifiqué a un hombre en particular durante varios meses, pero no parecía interesarle. Una tarde, un policía conocido me llamó y me pidió que lo acompañara a una casa donde había habido algún problema. Cuando llegamos la reconocí. Era la residencia del individuo al cual había hablado del mensaje de Cristo varias veces. Al ir acercándonos a la casa, el policía me preparó para lo que veríamos, diciéndome: «No le va a gustar lo que va a ver, pero necesito que me ayude». Adentro había un muchacho de doce años de edad tirado en el suelo en medio de un charco de sangre. Había conseguido una escopeta calibre doce y, colocándola a la altura del corazón, la había disparado valiéndose de una percha; de este modo se había dado muerte. Dejó una nota para sus padres que decía: «Queridos mamá y papá, los quiero. No sé si iré al cielo o al infierno. Me voy a matar y lo sabré». Estaba presente cuando el padre entró en la casa. Cuando le dijimos lo que había pasado su primera reacción fue: «¡Dios mío!» Dos semanas después acudió a nuestra iglesia y puso su confianza en Cristo como su Salvador personal; pero le había costado la vida de su hijo.


¿Cómo logra Dios atraer nuestra atención?


Cuando andamos en el Espíritu nuestras antenas espirituales están alerta a Dios y podemos oír lo que nos está diciendo. Esta es la vida cristiana normal que se vive en forma agudamente sensible a la voz de Dios, cualquiera sea la forma en que elija hablarnos. Podemos estar ocupados con nuestros negocios o con nuestra familia cuando oímos que Dios nos está diciendo algo y sabemos inmediatamente lo que tenemos que hacer.


El problema está en que no siempre andamos en el Espíritu.

Algunas veces decidimos hacer las cosas a nuestro modo. Estamos tan empeñados en una determinada dirección que, aunque Dios hablara, no podríamos oírle, simplemente porque no estamos sintonizados con El. Dios conoce esta situación. Para rectificarla se vale de muchos medios, logrando que nuestra atención total y absoluta esté dirigida hacia lo que nos quiere comunicar.


Algunos de estos medios son:


1. Un espíritu inquieto


El capítulo seis de Ester es un hermoso ejemplo de cómo obra Dios a través de un espíritu inquieto. En este caso estaba involucrado el rey Asuero, quien había sido inconscientemente engañado por su primer ministro, Amán. Como éste odiaba a todos los judíos, especialmente a Mardoqueo, pariente de Ester, había logrado que el rey firmara un edicto destinado a destruirlos a todos -hombres, mujeres y niños- en un solo día.

Después de haber firmado la proclama el rey no pudo dormir porque su espíritu estaba inquieto. Ester 6.1 informa que «aquella misma noche se le fue el sueño al rey, y dijo que le trajesen el libro de las memorias y crónicas, y que las leyeran en su presencia».

Luego el rey descubrió que Mardoqueo, a quien Amán quería matar (junto con los demás judíos), le había salvado la vida, en una ocasión anterior, al informar acerca de un complot de dos hombres para matarlo. En lugar de que fuesen muertos los judíos, Amán fue ejecutado y Mardoqueo honrado. Y todo comenzó con un espíritu inquieto mandado por el Señor al rey Asuero.


Creo que una de las formas más sencillas en que Dios puede lograr nuestra atención es hacer que nos sintamos inquietos. A lo mejor estamos ocupados en cumplir nuestra vocación, o estamos ocupados en las cosas de la iglesia, u ocupados en la rutina de nuestra vida de hogar, cuando comienza a inquietar a nuestro espíritu algún asunto que nos intranquiliza. No podemos decir claramente de qué se trata; no sabemos de dónde nos ha venido; no podemos identificar el problema, incluso casi no entendemos lo que sucede; pero sentimos una cierta intranquilidad en nuestro corazón. Cuando esto nos ocurre, lo más sabio es hacer un alto y preguntarle al Señor qué es lo que nos está tratando de decir.

Dios frecuentemente utiliza en mí una persistente intranquilidad para orientarme. Cuando se sienta inquieto en su espíritu, no huya. Deténgase, simplemente, y escuche la voz de Dios.


2. La oración no contestada


Otro método que Dios utiliza para atraer nuestra atención es mediante la oración no contestada.


Mientras nuestras peticiones sean suficientemente respondidas podemos navegar plácidamente por la vida, disfrutando de la provisión y la bendición de Dios. Pero cuando surge una necesidad particularmente urgente y los cielos se muestran herméticos, Dios logra nuestra total atención.


Con frecuencia ese aparente silencio es el momento adecuado para llevar a cabo un buen autoexamen espiritual bajo la iluminación del Espíritu Santo. La Palabra de Dios indica que hay razones que explican por qué es que algunas súplicas no son contestadas: cuando se pide por razones equivocadas (Santiago 4.3), cuando hay desobediencia (1 Juan 3.22), cuando se pide sin tomar en cuenta la voluntad de Dios (1 Juan 5.14), entre otras cosas. Deberíamos preguntarle al Señor si hemos caído en algunas de estas situaciones.


Según 1 Pedro 3:7 la oración infructuosa o no contestada puede, incluso, provenir de la falta de sensibilidad en la relación matrimonial en algún sentido. Pedro aclaró que las oraciones del marido son «estorbadas» si este no ama a su mujer como debiera.


A veces Dios se niega a contestar nuestras oraciones porque sabe que si lo hace nos vamos a descarrilar más todavía del camino correcto. Es por eso que Satanás se sentirá más que contento si puede ayudarnos a lograr que obtengamos respuestas a todo lo que queremos fuera de la voluntad de Dios, porque sabe que el placer de hoy puede significar la ruina mañana. Cuando las puertas se cierran ante la oración es posible que se trate de una señal de que la mano de Dios está obrando para redirigir nuestra atención hacia algún otro aspecto de nuestra vida que requiere consideración.


El Señor se valió del aguijón de Pablo como herramienta para enseñar una lección a incontables millones de creyentes (véase 2 Corintios 12.7). Su oración no fue contestada, pero al mismo tiempo su atención se desvió de modo que en lugar de considerar la gravedad de su problema se ocupó de aprender cómo funciona la gracia de Dios. Cuando Pablo iniciaba sus cartas con el familiar saludo, «gracia y paz», sabía muy bien lo que significaba la frase. La oración no contestada llevó a Pablo a descubrir una nueva dimensión de la dependencia de Dios.


3. Desengaño


El capítulo catorce de Números muestra la forma en que Dios se vale del desaliento para obligarnos a escuchar su voz. En el anterior la nación de Israel, recién salida de la esclavitud egipcia, estaba en camino a la Tierra Prometida. Doce espías fueron enviados a inspeccionar la tierra, pero volvieron y entregaron un informe negativo. La mayoría de la comisión votó (diez a dos) en contra de la empresa de poseer lo que Dios ya había prometido que les iba a entregar en batalla.


Números 26 al 35 narra el juicio de Dios sobre la nación de Israel debido a su incredulidad y a su negativa a poseer lo que les había dado. El pueblo comprendió su error e intentó rectificar la situación mediante un cambio de actitud. Números 14.40 dice: «Y se levantaron por la mañana y subieron a la cumbre del monte, diciendo: Henos aquí para subir al lugar del cual ha hablado Jehová; porque hemos pecado». Moisés respondió en el versículo 42: «No subáis, porque Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros enemigos».


¡Qué manera de captar su atención! Los israelitas acababan de librarse de la esclavitud egipcia. Llevaban en las espaldas las marcas de los latigazos de los capataces de Egipto. Ahora se encontraban al borde de un país que rebozaba leche y miel, lugar que Dios les había prometido; pero los cegó la incredulidad.


Hubo una tremenda sensación de desilusión, seguida de lamentos y llantos. Era demasiado tarde... pero Dios logró que lo escucharan. Les mostró que la incredulidad que habían evidenciado haría que todos los adultos, sin excepción, murieran vagando por un desierto como el de Egipto.


A veces los desengaños más grandes en esta vida sirven para que Dios se haga escuchar.

De otro modo tal vez hubiésemos seguido adelante haciendo lo que nos parecía acertado, antes que hacer la voluntad de Dios.


A menudo tenemos una tendencia a echarle la culpa a Dios por nuestros infortunios, convirtiéndolo en blanco de nuestra ira.


Cuando Job estaba sumido en el desastre su mujer se burló de él, diciendo: «¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete» (Job 2.9). Es evidente que Satanás estaba obrando para tratar de distorsionar la perspectiva que Job tenía de Dios. Job le respondió con esta maravillosa afirmación: «¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?» (v. 10). Su actitud ante su tremenda desilusión y dolor fue asombrosa.

Por lo tanto, el modo de reaccionar ante el desengaño resulta extremadamente importante. A veces le permitimos a Satanás que nos señale con su horrible dedo acusador, y que nos diga que no valemos nada; que la verdad es que Dios ya no nos ama. Conozco personas que vienen diciendo esto desde hace años. Cuando son víctimas de algún gran desengaño, se retuercen las manos en su desesperación, se amargan y se enfadan con Dios. No se dan cuenta de que Él los ha librado de arruinarse la vida. La reacción sabia ante la desilusión debe ser siempre la de preguntarle a Dios qué es lo que nos está tratando de enseñar, y entonces responder ante las amarguras con más discernimiento acerca de sus planes y propósitos.


Supongamos que nuestro jefe diga que nos va a tener que despedir. Podemos reaccionar de varias maneras. Podemos preguntarnos qué van a pensar otros, o por qué Dios permitió que ocurriera esto. O podemos pedirle que nos explique lo que nos está tratando de enseñar. Dado que El está involucrado en todo de alguna manera, incluso en situaciones tan difíciles como esta, la reacción adecuada es que como creyentes busquemos entender la perspectiva divina. El mismo Dios que nos dio el empleo es el que permitió que fuésemos despedidos.


Dios sabe exactamente lo que cuesta lograr que le prestemos atención, y con frecuencia son necesarias circunstancias sumamente inusuales para que nos detengamos y tomemos nota de lo que Dios está haciendo en nuestra vida.


4. El fracaso


Dios se vale de las circunstancias de fracaso para captar nuestra atención.

La nación de Israel ya había llegado a la Tierra Prometida. La primera responsabilidad que tenían por delante era tomarla ciudad de Jericó, lo cual hicieron. El desafío siguiente fue Hai, un pequeño poblado soñoliento a poca distancia de Jericó. Desde todos los puntos de vista naturales, Hai iba a resultar sumamente fácil comparado con Jericó. Pero los guerreros israelitas cometieron dos errores terribles.


Primero, Dios le dijo a Josué que todo el botín, todo el oro y la plata de Jericó, le pertenecía a Él. No obstante, un hombre, Acán, decidió guardarse parte del tesoro para sí y lo enterró debajo de su tienda.


Segundo, las Escrituras dan a entender que cuando los israelitas fueron a Hai simplemente decidieron conquistarla; no adoptaron ninguna estrategia militar ni buscaron la dirección de Dios. Totalmente confiados, mandaron a un pequeño pelotón de soldados a ocupar Hai rápidamente.


Josué 7.5 describe el inesperado resultado: «y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres, los siguieron desde la puerta[...], y los derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua».


Los poderosos israelitas habían sido derrotados. Y, sin duda, los inundó un gran temor porque las noticias de la catástrofe seguramente invadieron todo el territorio. La reacción de Josué se registra en el versículo 6: «Entonces Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas».


Vemos así que Dios logró atraer la atención de Josué permitiéndole fracasar en una empresa militar.


Cuando Dios nos ha bendecido espiritualmente o económicamente, cuando Dios hace algo superlativo en nuestra vida, ese es el momento de acordarnos de Hai. Su bendición debe arrojar como resultado una respuesta de gratitud y alabanza, y nuestra indivisa atención, porque a las grandes bendiciones pueden suceder grandes fracasos. Es justamente entonces cuando debemos ser ultra sensibles a la voz de Dios, porque con demasiada frecuencia nos volvemos orgullosos y centrados en nosotros mismos y arruinamos el propósito que tuvo Dios al bendecirnos. Como resultado, Dios permite que fracasemos.


Hay una gran diferencia entre fracasar y ser un fracasado.

Un fracaso en alguna situación determinada podría llegar a ser el medio más adecuado para llegar al éxito en nuestra vida, si tenemos la sabiduría necesaria, en medio del fracaso, para prestar atención a Dios. Si el fracaso de hoy puede hacer que tengamos éxito mañana, deberíamos estar dispuestos a fracasar en las cosas pequeñas a fin de tener éxito en las más grandes. Sencillamente tenemos que estar dispuestos a reconocer nuestros errores, a decirle a Dios que nos equivocamos, y al mismo tiempo darle gracias porque logró captar nuestra atención en forma incondicional. Los fracasos no nos convierten en fracasados; pero el fracasar y luego responder adecuadamente puede servir para preparar el camino hacia futuras victorias.


5. Crisis financiera


Hay ocasiones cuando, para lograr captar nuestra atención, Dios arruina nuestras finanzas.

Todo el tema del libro de Jueces es que «cada uno hacía lo que bien le parecía» (Jueces 17.6). Vez tras vez los israelitas se volvieron hacia la idolatría y a los casamientos con miembros de tribus paganas.


En Jueces 6.1-6 se describe la escena:

Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de Madián por siete años. Y la mano de Madián prevaleció contra Israel. Y los hijos de Israel, por causa de los madianitas, se hicieron cuevas en los montes, y cavernas, y lugares fortificados. Pues sucedía que cuando Israel había sembrado, subían los madianitas y amalecitas y los hijos del oriente contra ellos; subían y los atacaban. Y acampando contra ellos destruían los frutos de la tierra, hasta llegar a Gaza; y no dejaban qué comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos. Porque subían ellos y sus ganados, y venían con sus tiendas en grande multitud como langostas; ellos y sus camellos eran innumerables; así venían a la tierra para devastarla. De este modo empobrecía Israel en gran manera por causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová.

¿Cuándo clamaron al Señor? Cuando Dios les quitó todos los bienes materiales que tenían y los arrojó a las guaridas y a las cuevas, donde se ocultaban para salvar la vida. Dios sabía con exactitud lo que hacía falta para lograr que le prestaran atención; tenían que experimentar la destrucción de todas sus posesiones materiales.


¿Alguna vez le ha arruinado Dios sus finanzas? En algún momento de su vida sus finanzas pueden haber sido como un océano, pero se volvieron como un mar; luego se secaron quedando como un río, que se convirtió en un pequeño arroyo y, finalmente, desaparecieron. Para el hombre común a menudo esta es la forma más dura en que Dios logra captar su atención.


El señor no se contradijo tampoco cuando dijo por medio de Pablo: «Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (Filipenses 4.19). Él sabe que nuestra necesidad más grande es que lo escuchemos. Esto es mucho más importante para Dios que cualquier ganancia material.


Conozco a varias personas cuyas finanzas fueron devastadas por Dios. No les quedó nada, pero logró que lo escucharan. La intervención divina los obligó a enfrentar cuestiones críticas en su andar espiritual.


6. Tragedia


La tragedia es un método al cual a veces echa mano Dios para conquistar nuestra atención.


Números 21.4-7 describe algunos acontecimientos de los que fueron protagonistas los israelitas:

Después partieron del monte de Hor, camino del Mar Rojo, para rodear la tierra de Edom; y se desanimó el pueblo por el camino. Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel. Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo.

No podemos considerar que toda tragedia en la vida de una persona sea prueba de la desaprobación de Dios, pero deberíamos analizar toda situación trágica por medio de un filtro espiritual.


7. Enfermedad y aflicción


Ezequías era un rey piadoso. El Señor lo había bendecido en muchas oportunidades y lo había salvado derrotando a ciento ochenta y cinco mil asirios que intentaban invadir su territorio (véase 2 Crónicas 32). Los versículos 22 y 23 cuentan del júbilo que resultó.

Así salvó Jehová a Ezequías y a los moradores de Jerusalén de las manos de Senaquerib rey de Asiria, y de las manos de todos; y les dio reposo por todos lados. Y muchos trajeron a Jerusalén ofrenda a Jehová, y ricos presentes a Ezequías rey de Judá; y fue muy engrandecido delante de todas las naciones después de esto.


Luego, súbitamente, en los versículos 24 y 25, la escena se oscurece.

«En aquel tiempo Ezequías enfermó de muerte; y oro a Jehová, quien le respondió, y le dio una señal. Mas Ezequías no correspondió al bien que le había sido hecho, sino que se enalteció su corazón, y vino la ira contra él, y contra Judá y Jerusalén».


Ezequías enfermó gravemente. ¿Por qué habrá sido azotado con esa enfermedad? No creo que Dios haya insertado sin algún propósito entre los versículos la cuestión del envanecimiento de Ezequías. Es obvio que logró que Ezequías lo escuchara en relación con su orgullo a través de su enfermedad.


Una de las formas que Dios usa para hacer que le prestemos atención es la enfermedad o la aflicción. Por ejemplo, DIOS capto la atención de Saulo de Tarso en el camino a Damasco arrojándolo al suelo y cegándolo. Por tres días no pudo ver nada. ¿Sería necesario algo así para que le prestásemos atención?


Conclusión:


Dios no emplea los mismos métodos con todos. Él sabe exactamente lo que hace falta en la vida de usted para conseguir que le preste atención: un espíritu inquieto, una palabra dicha por otros, bendiciones, oraciones no contestadas o circunstancias inusuales. Es posible que utilice un método hoy, y que luego se valga de otro distinto dentro de tres semanas, alguna cosa dentro de varios meses o una estrategia totalmente diferente

a dos años de esta fecha.


Lo que importa es que a Dios le interesamos lo suficiente como para emplear varios y diversos métodos para obligarnos a detener nuestro paso y escuchar lo que nos quiere decir. No se propone dejarnos caer en la boca de un túnel abierto sin proporcionarnos señales de peligro claramente discernibles. Se propone ofrecernos orientación específica y ayudarnos a entrar en sus maravillosos planes y propósitos para nuestra vida.

No nos va a dejar vagar desorientados por la vida diaria sin mostrarnos las señales adecuadas que Él mismo ha colocado. Esto lo hace hablándonos suavemente.


Nuestro problema no está en que dudemos de la capacidad y el deseo de Dios de comunicarse, sino que con demasiada facilidad nos vemos impedidos de identificar su voz. Puesto que somos sus ovejas y que sus ovejas «conocen su voz» (Juan 10.4), tiene que haber indicios perceptibles tocante a la naturaleza de su conversación. Dichos indicios los estaremos viendo en la próxima clase.



Pincha aquí para hacer el test de auto evaluación



Bibliografía: Cómo escuchar la voz de Dios (Charles Stanley)


Profesor: Josué Sánchez

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© 2018 por JOSUÉ SÁNCHEZ CONESA

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