El curioso caso de Benjamin Button | DISCÍPULOS



En el año 2009 se estrenó la película “El curioso caso de Benjamin Button”, protagonizada por Brad Pitt, que dejó huella en la gran pantalla, fue candidata en 2009 a 13 premios de la Academia, ganando 3 Óscars. Se trata de una fábula basada en una novela.


El día en que acaba la Primera Guerra Mundial nace Benjamin Button. La madre muere en el parto y el padre, que es un rico empresario, lo abandona a las puertas de un asilo porque el bebé ha nacido con la cara y el cuerpo de un anciano de 80 años, está condenado a crecer al revés, a rejuvenecer mientras la gente de su edad envejece. Allí conoce a la nieta de una de las internas, Daisy de la que se enamorará perdidamente. La película nos cuenta la vida de Benjamin, en ella se relata toda su extraordinaria vida, cuyo aspecto primordial e inusual fue su envejecimiento hacia atrás. Benjamin es diagnosticado con varias enfermedades del envejecimiento al nacer (progeria) y, por lo tanto, los médicos le dan pocas posibilidades de supervivencia. Sin embargo, Benjamin sobrevive y se vuelve más joven con transcurso del tiempo hasta morir en el cuerpo de un bebé.

Si bien es una fábula, de alguna manera representa una realidad muy presente en los seguidores de Jesús. Benjamin creció al revés, de anciano pasó a ser como un niño, y yo en esto veo cierto paralelismo con respecto a lo que sucede en la actualidad entre los discípulos de Jesús. Aunque este hecho sea algo anormal, porque no debería de ser lo normal, se da la circunstancia de que es algo muy habitual el hecho de encontrar cristianos que llevan años y años formando parte de una iglesia local, que un día decidieron seguir a Jesús como Señor, que fueron salvos por gracia, y que, como parte del cuerpo de Cristo, han estado expuestos por mucho tiempo a cientos y miles de predicaciones y enseñanzas de diferentes ministerios locales e internacionales. Como parte de la iglesia local han sido ministrados y aconsejados personalmente en multitud de ocasiones, pero a pesar de todo esto siguen siendo inmaduros en su fe, no son capaces por ellos mismos de mantener una sana vida espiritual, y un crecimiento estable a la imagen de Jesús… Mientras que otros hermanos en la fe sí que crecen y se desarrollan, ellos no sólo se estancan, sino que van hacia atrás… Lo curioso es que este caso no es algo que pase solamente en la actualidad, sino que es algo que viene pasando desde la iglesia primitiva, desde hace 2 mil años, fíjate en lo que nos dice el escritor de Hebreos en su epístola:

Hebreos 5:11-14 (RVR1960) dice: 11 Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. 12 Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. 13 Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; 14 pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

El texto habla por sí sólo. Debiendo ser ya personas que ayuden a otros a crecer en su fe, es decir a discipular a otros como tiene que hacer todo discípulo de Jesús, aún necesitan ellos ser discipulados, necesitan que se les vuelva a enseñar los primeros pasos, los fundamentos de una vida en Cristo, necesitan lo que aquí el escritor nombra de forma muy acertada como “leche”, en referencia al único alimento que reciben los bebés, porque no son capaces de digerir el alimento sólido. Y en el versículo 14 dice que el alimento sólido es para los que son maduros, para los que, a fuerza de práctica, en su caminar diario, están capacitados para distinguir entre lo bueno y lo malo, es decir, para vivir vidas agradables a Dios. Dicho de otra manera, estos discípulos siguen siendo inmaduros a pesar de que ya llevan bastante tiempo en la fe.

Pero este texto no es el único que nos encontramos en las Escrituras referente a esto. El apóstol Pablo de forma muy clara, pero con mucho cariño, con mucho amor, le escribe esto a los hermanos de Corinto:

1ª Corintios 3:1-5 dice: Amados hermanos, cuando estuve con ustedes, no pude hablarles como lo haría con personas espirituales. Tuve que hablarles como si pertenecieran a este mundo o como si fueran niños en Cristo. 2 Tuve que alimentarlos con leche, no con alimento sólido, porque no estaban preparados para algo más sustancioso. Y aún no están preparados, 3 porque todavía están bajo el control de su naturaleza pecaminosa. Tienen celos unos de otros y se pelean entre sí. ¿Acaso eso no demuestra que los controla su naturaleza pecaminosa? ¿No viven como la gente del mundo?

Una vez más podemos ver que esta era una realidad de la iglesia primitiva y lo sigue siendo a día de hoy. Los tiempos cambian, el mundo y la historia avanza, pero el ser humano sigue siendo el mismo… Pablo en esta ocasión nos aporta un dato más, que revela detalles de lo que es un discípulo inmaduro. A diferencia del escritor de Hebreos, el cual nos habla de la falta de discernimiento y necesidad de volver a ser enseñados en los rudimentos y fundamentos de la fe, aquí en la epístola a los Corintios, Pablo dice que estos hermanos se comportaban como el resto de personas de este mundo, es decir, como aquellos que no eran hijos de Dios, eran discípulos que no habían desarrollado la capacidad de controlar su naturaleza carnal y pecaminosa, hasta el punto que de la abundancia de su corazón, el fruto que estaban produciendo eran celos y peleas entre ellos, cuando la marca distintiva de un discípulo de Cristo es el amor, como bien dijo el mismo Señor Jesús en Juan 13:35: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros, o como lo expresa la NTV: El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos

A grandes rasgos hemos visto de qué se trata la inmadurez espiritual, pero creo que la mejor manera de entender qué es la inmadurez espiritual es viendo el lado contrario, es decir, qué es ser un discípulo maduro en Cristo… obviamente hablar de esto nos daría para mucho rato, pero creo que se puede resumir a grandes rasgos en tres características que encontramos en el libro de Hechos, en el capítulo 6, vamos a leerlo:

Hechos 6:1-4 En aquellos días, al aumentar el número de los discípulos, se quejaron los judíos de habla griega contra los de habla aramea[a] de que sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria de los alimentos. 2 Así que los doce reunieron a toda la comunidad de discípulos y les dijeron: «No está bien que nosotros los apóstoles descuidemos el ministerio de la palabra de Dios para servir las mesas. 3 Hermanos, escojan de entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu y de sabiduría, para encargarles esta responsabilidad. 4 Así nosotros nos dedicaremos de lleno a la oración y al ministerio de la palabra».

Aquí nos encontramos con una situación que se estaba dando en los comienzos de la primera iglesia, apenas habían pasado unos poquitos años desde la venida del Espíritu Santo en el Aposento Alto en Pentecostés y ya se estaba suscitando un problema dentro de la iglesia. Por aquel tiempo, muchas viudas estaban quedando sin protección familiar, se quedaban sin recursos y necesitaban la ayuda de la iglesia para subsistir. Los primeros cristianos formaron una comunidad entre ellos en donde compartían todo lo que tenían y cuidaban de las viudas desprotegidas, entre otras cosas. Pero en medio de esta circunstancia surge un problema, encontramos dos grupos dentro de la iglesia, que por lo visto están teniendo recelos entre ellos, unos son los judíos que hablaban en griego, es decir, los judíos de la diáspora que se habían criado fuera de Palestina, en otras ciudades del Imperio Romano, adoptando parte de la cultura helénica y con el griego como idioma natural para ellos, y por otro lado los judíos de nacimiento establecidos en Palestina, que hablaban en arameo. De repente, surge la queja de parte de los judíos griegos de que sus viudas no están siendo bien atendidas en el reparto de alimentos para su sustento, en detrimento de las viudas de los judíos hebreos, es decir, había favoritismos en el reparto por el recelo que se tenían entre ellos, lo cual era un síntoma de inmadurez en esta primera iglesia. Tenemos que recordar, aunque no es el tema de hoy, que la iglesia primitiva no era perfecta, de hecho, nunca ha existido la iglesia perfecta, porque sus miembros no son perfectos.

Nos narra Hechos en el versículo 4 que los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Curiosamente la iglesia es la encargada de escoger a estos que iban a servir en esa tarea de diakonía, palabra en griego que significa “ministrar”, “servir”, pero deben escoger a estos 7 hombres bajo unos requisitos, debían de ser hombres con un buen testimonio, es decir, carácter íntegro, debían de estar llenos del Espíritu Santo, y por último debían de ser personas llenas de sabiduría. Básicamente estas 3 características son las que definen a un discípulo maduro, un discípulo confiable, un discípulo con el que te puedes quedar tranquilo porque su vida se asemeja a la de Cristo. Con esos 7 discípulos a cargo del reparto de alimento, se acabaría el asunto de los recelos y del favoritismo.

No sé si al leer esta historia te has parado alguna vez a pensar: ¿Por qué estas características para personas que únicamente iban a servir los alimentos? Lo cierto es que estas 3 características son 3 características que debería de tener cada discípulo, independientemente de si desarrolla una labor o no dentro de la iglesia o independientemente de la labor que desarrolle dentro del cuerpo de Cristo... Cada discípulo debería de tener buen testimonio, una vida que concuerde entre la fe que profesa y los hechos de su vida, si esto no se está dando hay un problema interno, hay una discordancia en el fruto... como dijo el Señor Jesús en Lucas 6:43-45:

Un buen árbol no puede producir frutos malos, y un árbol malo no puede producir frutos buenos. Al árbol se le identifica por su fruto. Los higos no se recogen de los espinos, y las uvas no se cosechan de las zarzas. Una persona buena produce cosas buenas del tesoro de su buen corazón, y una persona mala produce cosas malas del tesoro de su mal corazón. Lo que uno dice brota de lo que hay en el corazón.

Si no hay un buen testimonio, no hay detrás un buen corazón transformado por la gracia de Dios. Un discípulo de Cristo debe de ser conocido por su fruto. Nuestra profesión de fe, el decirnos cristianos, carece de valor si nuestro testimonio no acompaña a nuestras palabras.

La segunda característica de un discípulo maduro es que sea un hombre lleno del Espíritu Santo, y esa demanda nos hace ver claramente de que no todos los discípulos estaban viviendo vidas llenas del Espíritu Santo, lo cual es la tragedia más grande que le puede ocurrir a la iglesia... El Espíritu Santo mora en todos los cristianos, y no viene a nosotros por partes, sino como una Persona completa. Cuando una persona viene de visita a nuestra casa no viene en partes o en pedazos, o está o no está, y con el Espíritu es exactamente igual. No es que al convertirnos se nos da un poco del Espíritu, y luego, si cumplimos ciertas condiciones, se nos da más y más, hasta que finalmente reside por completo, no. Dice el apóstol Pablo en Romanos 8:9 que “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él”. El Espíritu Santo es otorgado en la salvación. En Juan 14:16-18 dice el Señor Jesús:

“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”.

El Espíritu mora en todo discípulo, pero no todos los discípulos son llenos del Espíritu Santo. ¿Qué significa, entonces, ser llenos del Espíritu Santo?... Muchas veces la Escritura usa la expresión “ser llenos de” para señalar la condición de alguien que está siendo controlado por algo. La palabra griega traducida "sed llenos" es "pleroo", está en forma presente imperativa y se refiere a estar completamente saturados hasta lo máximo de algo. Esta palabra da la idea de ser completamente controlados y guiados por el Espíritu Santo, por tanto, debemos estar totalmente rendidos y entregados a Dios, de tal manera que Él pueda tomar control de nuestras vidas para la gloria de su nombre. Dicho de una manera sencilla, el discípulo que es lleno del Espíritu será un hijo de Dios que camina en victoria, en santidad, en la perfecta voluntad de Dios, manifestado el fruto del Espíritu en su vida y servirá de edificación a la obra de la iglesia y a la gloria de Dios en el mundo. Será alguien que camina en pos de las pisadas de Jesús, su Maestro y Señor... Hay gente que ora para ser llena del Espíritu Santo, como si se tratara de un estado de éxtasis o un extra de poder que viene de repente sobre nuestras vidas... no se trata de eso mi querido hermano, se trata sencillamente de vivir rendido a Dios, dejando que Él sea Señor sobre nuestras vidas porque lo amamos.

La última característica es ser un hombre lleno de sabiduría. La iglesia y el mundo necesita gente sabia. Gente que con sus acciones pueda glorificar a Cristo en medio de una sociedad carente de valores y discernimiento espiritual. La Iglesia debe vivir con sabiduría para que así pueda influir y ser de bendición a este mundo caído. La sabiduría en términos bíblicos tiene que ver con la capacidad para mirar con claridad cada situación en la vida y así poder discernir entre lo bueno y lo malo, entre lo verdadero y lo falso, discernir la voluntad de Dios, justo lo que no eran capaces de hacer los discípulos inmaduros a los que hacía referencia el escritor de Hebreos, como hemos leído al principio del programa... Esta capacidad es mencionada en el libro de Proverbios en las palabras inteligencia y conocimiento. Pero la sabiduría no termina ahí, en segundo lugar, ella procede a la acción al aborrecer y abandonar lo que es malo y falso para seguir lo que es bueno y verdadero. Es decir, no es un conocimiento de las Escrituras y de Dios pasivo, sino un conocimiento que te lleva a la acción, a cumplir con aquello que conoces, sino no es sabiduría, y todo eso brota de un gozoso temor reverencial al Señor. En Proverbios 1:7 dice:

El principio de la sabiduría es el temor de Jehová.

¿Qué es el temor de Jehová? Es tener la máxima reverencia a quien Él es. Es vivir una vida de obediencia a su voluntad porque es Dios y se merece toda la gloria, honra y honor. Sabiduría es conocer su voluntad y vivir en consecuencia. Sabiduría es conocer su Palabra y llevarla a la práctica. Por eso nos dice el Señor mismo en su Palabra, escudriñad las Escrituras. Escudriñad es examinar u observar una cosa con gran cuidado, tratando de averiguar las interioridades o los detalles menos manifiestos, es examinar, inquirir y averiguar cuidadosamente una cosa y sus circunstancias. En este caso es rendir toda nuestra atención, nuestra máxima prioridad a conocer la voluntad de Dios... ¿Y por qué es importante que un discípulo tenga sabiduría? Porque para ser como el Maestro, hay que conocer a Dios y conocer su voluntad. No importa si tienes una responsabilidad o no en la iglesia, todos estamos llamados a escudriñad y ser llenos de la sabiduría de Dios... honestamente me sorprende que se de la circunstancia de que muchos cristianos se avergüencen de su cuerpo, y prioricen el tener un cuerpo top, pero no se avergüencen de su mente, por el poco conocimiento y sabiduría que tienen de Dios... En otro programa profundizaré más en este asunto de la sabiduría porque da para mucho más. Sólo quiero dejarte con un breve pensamiento más acerca de esto, y es el hecho de que me he dado cuenta de que cuando no mostramos interés en conocer más de Dios y de su voluntad, es porque en el fondo, aunque no lo digamos, o no nos interesa tanto Dios como profesamos, o nos creemos más inteligentes que Él.

Estas características marcan la diferencia entre ser un discípulo maduro o un discípulo inmaduro... Pero no te confundas, ser maduro no es ser perfecto... perfecto sólo es Dios... Ser maduro es simplemente no ser inmaduro... es alguien con un deseo y una actitud dispuesta a seguir creciendo a los pies del Maestro... si así es, el Señor ve tu corazón dispuesto y nos ayuda a madurar para la gloria de su nombre... ¿Querrás ser otro curioso caso de Benjamin Button? O en cambio ¿querrás ser alguien con quien pueda contar el Maestro?... Recuerda: Hombres de buen testimonio... llenos del Espíritu Santo... y llenos de sabiduría... ahí radica la clave de un cristiano maduro.

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© 2018 por JOSUÉ SÁNCHEZ CONESA

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