De pie en la tormenta


Salmo 62.1-8

1En Dios solamente está acallada mi alma; De él viene mi salvación.

El solamente es mi roca y mi salvación; Es mi refugio, no resbalaré mucho.

¿Hasta cuándo maquinaréis contra un hombre, Tratando todos vosotros de aplastarleComo pared desplomada y como cerca derribada?

Solamente consultan para arrojarle de su grandeza. Aman la mentira; Con su boca bendicen, pero maldicen en su corazón. Selah

Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza.

El solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré.

En Dios está mi salvación y mi gloria; En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio.

Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos;Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio. Selah


“¿Qué voy a hacer?”. ¿Cuántas veces nos lo hemos preguntado con desesperación? A veces, las tormentas de la vida vienen sin cesar; parecen interminables, haciéndonos pensar que no podríamos aguantar más. En momentos como esos, el Salmo 62 ofrece tres lecciones valiosas:


Primero, debemos esperar. Es comprensible que queramos respuestas y alivio de inmediato, pero el Señor actúa en el momento correcto y nunca llega tarde. Por lo tanto, debemos esperar a que nos guíe al siguiente paso, aun cuando eso signifique resistir nuestro deseo natural de reaccionar con rapidez y tomar el control de las circunstancias.


Segundo, debemos esperar en silencio. Cuando sosegamos nuestra mente y aquietamos nuestra lengua, le damos a Dios la oportunidad de hablar sus palabras de esperanza y confianza a nuestro corazón. En vez de dejar que la ansiedad y la preocupación ocupen nuestros pensamientos, debemos enfocarnos en las promesas de Dios en las Sagradas Escrituras. Entonces tendremos paciencia, confianza, valor y la seguridad de que le importamos y de que tiene el control.


Tercero, debemos tener presente la motivación de esta espera: la intervención de Dios. Nuestro enfoque debe estar en el Señor, no en nuestros problemas, en nosotros o en las personas. Debemos aprender a filtrar todo lo que aleje nuestra confianza en Dios, pues Él actúa de acuerdo con su voluntad y su tiempo.


Cuando las tormentas de la vida le golpeen, asegúrese de que sus pies estén plantados en la roca sólida de Jesucristo. No piense: ¿Qué voy a hacer? Más bien, pregúntese: ¿Qué está haciendo Dios? Y tenga la seguridad de que Él está haciendo algo.

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© 2018 por JOSUÉ SÁNCHEZ CONESA

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